Carmen Roca, una heroína con muleta

Hace varias primaveras que Carmen Roca rebasó la linea de los 80 años. Su cabello gris es testigo de una vida intensa, llena de alegrías y sufrimientos en los que tuvo que decir adiós a su marido y a su hijo mucho antes de lo que le hubiese gustado. Entre los achaques de su edad, una cojera convertida en crónica que le obliga a caminar apoyada en una muleta y que le ha hecho visitar el quirófano en alguna ocasión.

Cualquier otra mujer en su estado se dedicaría a llevar una vida tranquila en su casa y con su pensión, saliendo para tomar el sol, hacer la compra e ir a misa, alternando con amigos y familiares. Pero nada más lejos de la realidad. Carmen es el alma mater de una pequeña fundación que responde a las siglas de AFAD, asociación familiar de ayuda a los drogodependientes, pero que todo el mundo conoce como La Casita. Se trata de una pequeña casa de pueblo con jardín en la que convive con  hombres sin recursos víctimas de las drogas, el alcohol o la ludopatía que le remiten los servicios sociales, alguna otra asociación con la que colabora o la misma policía. Son “sus chicos”, como ella los llama, aunque muchos  de ellos superen los cuarenta.

Para ellos Carmen es madre, consejera, enfermera, terapeuta, vigilante o cocinera, todo a la vez. De ellos recibe cariño y agradecimiento, aunque en ocasiones, por la misma problemática con la que acuden, ha tenido que blandir su muleta como medida disuasoria. De cada no de ellos habla con pasión, cuenta sus problemas y sus logros, de todos recuerda sus nombres y sus circunstancias por más años que hayan pasado y hace de la historia de cada uno su propia historia. Muchos de ellos siguen volviendo de vez en cuando para visitarla o echarle una mano años después de rehabilitarse. Incapaz de pedir nada para sí misma, ni siquiera un vaso de agua, “soy muy orgullosa, es algo de lo que debo confesarme con frecuencia”, se bate el cobre ante las instituciones para conseguir los fondos que necesita para sus chicos. El salón de la casita está decorado con las fotos de todos los que han pasado por ella y de momentos vividos juntos, como quien coloca las fotos de sus hijos o sus nietos.

Pero Carmen está triste, la actual crisis económica y los recortes consiguientes ha hecho que la ayuda que recibía del gobierno regional haya sido sensiblemente reducida, al igual que la del ayuntamiento, que ni siquiera la ha recibido este año. Un matrimonio noble, en las dos acepciones de la palabra, ha actuado como benefactor y ha hecho un importante donativo con el que la casita podrá seguir varios meses más, pero ¿después qué?. “Para mí lo más cómodo sería cerrar la casita y marcharme a mi piso, pero si lo hago qué será de mis chicos, la mayoría de ellos se quedarían en la calle”. Algo que, paradójicamente, sería lo menos cómodo para ella. La calle es sinónimo de soledad, abandono y de recaída de sus adicciones, algo que la consumiría como si se tratase de ella misma la desamparada.

Quizá la continuidad de esta obra dependa en parte de cada uno de nosotros. Si quieres y puedes colaborar con Carmen y su asociación puedes hacer tu aportación en la cuenta de Bancaja Bankia 2077/0252/04/3100860133 o dirigirte a 961.386.888.

PD: La Asociación Familiar de Ayuda al Drogodependiente AFAD está debidamente registrada ante los organismos públicos y forma parte del consejo de participación social de su localidad.

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