De la generosidad y el dinero

 Publicado originalmente el 26-11-11

 Mi amigo estaba de párroco en una parroquia de un barrio de la periferia. Acababa de celebrar una boda y se encontraba en la sacristía desvistiéndose. En eso entró el padre de la novia, sacó su cartera de mano y la abrió, mostrando un buen fajo de billetes.

Dígame que le debo, padre.

-No me debe usted nada -contestó mi amigo- en esta parroquia no hay ningún tipo de tasas por la celebración de sacramentos, pero si usted lo desea puede contribuir con los gastos generales depositando su donativo en el cepillo de la entrada del templo.

-Así lo haré, padre. No se preocupe usted.

Mi amigo terminó de desvestirse, aprovechó para anotar un par de asuntos en la agenda para los días siguientes y se dispuso a salir cuando ya no quedaba nadie y tan solo unos granos de arroz esparcidos en la plaza eran los únicos restos de la celebración de la boda.

Estaba a punto de cerrar cuando no pudo resistir su curiosidad, “¿qué me habrá echado este tío?”. Así que volvió un par de pasos atrás, sacó sus llaves del bolsillo, abrió el cepillo y comprobó que aquel caballero había depositado la generosa cantidad de… un euro.

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