La perversión (contra la Iglesia) del lenguaje

Sin necesidad de tener conocimientos de lingüística, tan solo apelando al sentido común, observamos muchas veces que el lenguaje se puede utilizar de forma perversa, para descalificar y  atacar a alguien con verdades a medias, falacias, términos ambiguos o simplemente mentiras. El caso llega a ser sangrante contra la Iglesia por parte de medios de comunicación y grupos sociales anticlericales.

El último ejemplo lo acabamos de tener en cómo ha titulado la prensa pseudoprogresista el último video para la promoción vocacional, precioso a más no poder, que ha lanzado estos días  la Conferencia Episcopal Española, www.teprometounavidaapasionante.com/ : la Iglesia promete trabajo fijo a los que se hagan sacedotes. Cierto que esa frase aparece en el video pero ¿es realmente lo más importante o destacado del mismo?, evidentemente no, pero sacándola de su contexto ya tenemos la perversión del lenguaje, en plena crisis económica la Iglesia se aprovecha de los que no encuentran trabajo para fichar curas.

Otro caso lo tenemos cuando se relacionan los conceptos Iglesia y sociedad como si fueran cosas separables. Una cosa es la Iglesia y otra la sociedad, como si los bautizados fuésemos marcianos o protozoos y no formásemos parte ni enriqueciésemos las sociedades en las que vivimos. De ahí el salto a Iglesia y política: la Iglesia no debe inmiscuírse en política ni tratar de imponer sus ideas al resto de la sociedad. Yo todavía no he visto a ningún obispo que pida que sea obligatorio por ley ir a misa los domingos o que se prohiba la venta de carne los viernes de Cuaresma, por ejemplo.

En caso de derechos humanos y civiles, tales como la defensa de la vida o el matrimonio, o el derecho de los padres a decidir el tipo de educación que quieren para sus hijos, por ejemplo, la Iglesia si que hace oír su voz, es su obligación y su derecho, como pueden hacerlo en cualquier otro campo los intelectuales, los sindicatos, los partidos políticos o cualquier otro grupo social.

Más ejemplos, la Iglesia rechaza a los homosexuales. Es algo así como si dijéramos la Iglesia rechaza a los musulmanes. La Iglesia no puede aceptar la pretensión de una religión que proclama a una persona como el único profeta y a Jesucristo como un simple predecesor suyo. Pero eso no implica que considere que los musulmanes no son hijos de Dios o que haya que despreciarlos, todo lo contrario. De la misma manera la Iglesia proclama que el amor de Dios se refleja en la complementariedad entre el hombre y la mujer, y sólo la unión de ambos puede formar un matrimonio como tal y ser el seno de la crianza y la formación de los hijos. Eso no implica que desprecie o no considere hios de Dios a personas que desarrollan en su vida otro tipo de relaciones. ¿Puede entonces un musulmán o alguien que de forma estable y consciente mantiene relaciones sexuales fuera del matrimonio tomar la comunión? Evidentemente no, ya que son ellos los que están apartados de la comunión de la Iglesia de forma voluntaria, no por que haya un desprecio contra ellos.

Con respecto a la homosexualidad y siguiendo la perversión del lenguaje, los colectivos gays pro ideología de género han acuñado un término, homofobia, que la Real Academia de la Lengua ha aceptado en una increible bajada de pantalones. Me explico, la palabra “homos” proviene del griego igual o semejante y la palabra sexo del latín “sexus”. Un homosexual es por tanto el que siente atracción por los iguales a él, en este caso, por los de su mismo sexo. Un homófobo sería por tanto el que siente fobia (odio, miedo, rechazo) por sus iguales. Un médico homófobo sería el que tiene fobia a los demás médicos. Pero no, la RAE afirma, ojo al dato, que homofobia no viene de los términos griegos homos y fobia, si no del inglés homophobia, que define como  aversión obsesiva hacia las personas homosexuales.

Cuando alguien afirma, como el caso de la Iglesia, que el matrimonio solo puede ser entre un hombre y una mujer, automáticamente te cuelgan la etiqueta de homófobo, ya lo sabes, te conviertes en una persona “aversiva” (esta palabra no existe) y obsesiva hacia un tipo concreto de personas, toma ya.

Otro aspecto de la perversión del lenguaje contra la Iglesia es la generalización de los caracteres negativos de uno o unos pocos al resto, en especial en el caso de los sacerdotes, y la reducción fenomenológica (vaya término) de los aspectos positivos. Solemos oir con mucha frecuencia cosas como todos los curas son unos pederastas o los curas no hacen más que vivir del cuento pero pocas veces frases en sentido contrario como los curas llevan una vida sacrificada o los sacerdotes no pueden ser otra cos que personas con una grn vocación de servicio. Un amigo mio sacerdote, hablando del anticlericalismo, decía que es muy frecuente que algunas personas cuando encuentran a un sacerdote que no les gusta empiecen frases con “es que los curas…” y cuando es un sacerdote de su agrado, frases con “si todos los curas fuesen como este que…”

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4 respuestas a La perversión (contra la Iglesia) del lenguaje

  1. María José. dijo:

    Todo muy cierto y muy bien explicado. Yo he dejado de preocuparme de esta “persecución ” a la Iglesia porque creo que es la señal inequívoca de que la Iglesia es lo que tiene que ser. Ya lo dijo Jesucristo que sería perseguida y se está cumpliendo. Mala señal si en este mundo no se la persiguiera. ¿no crees? Aunque nos duele, claro está.

  2. Lucas dijo:

    Añada otra perversión del lenguaje: aborto. Definición de la RAE: “INTERRUPCCIÓN del embarazo por causas naturales o deliberadamente provocadas. Puede constituir eventualmente un delito”.
    Interrupción, concepto clave. Si se interrumpe el embarazo, pues se podrá continuar, retomar en otro momento mejor. Se interrumpe a los dos meses de embarazo, se espera un año, y luego se retoma donde se dejó: en los dos meses. Como una conversación cuando un maleducado te interrumpe. Lo mismo que un embarazo.

  3. Pingback: La ¿rectificación? de la Real Academia de la Lengua sobre la homofobia. | Una jarra de barro

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