¡SOCORRO, NECESITO VOLVER A DAR CLASES DE RELIGIÓN! (desventuras de un profesor que no tiene dónde ejercer)

Corría el año 2001 cuando una amiga mía, sabedora de mi gusto y mi interés por los temas de teología y religión, me pasó el programa de una universidad a distancia que impartía la Licenciatura de Ciencias de la Religión. Era eso mismo lo que estaba buscando hacía tiempo y que no sabía que existía.

El programa contenía temas generales de religión (cristología, teología fundamental, sagradas escrituras…) durante los 3 primeros cursos junto con otras asignaturas de psicología, filosofía y antropología, y algo más especializados teológicamente los 2 últimos cursos junto con otras asignaturas sobre didáctica y enseñanza religiosa preparatorias para la docencia. El sistema, sin clases presenciales pero con tutorías voluntarias y trabajo en casa, me permitía además compaginarlo con mi situación de trabajador (soy funcionario subalterno) y padre de familia numerosa.

A mitad de la carrera visité la Comisión de Enseñanza de mi diócesis para informarme y el encargado de la provisión de puestos me animó a que completara los estudios, que no me quedase en los 3 años (titulo de diplomado) si no que acabase los 5 completos (título de licenciado)

  • En nuestras diócesis tenemos maestros de religión en educación primaria de sobra, pero nos faltan licenciados para dar clases en educación secundaria.

  • Entonces si termino la carrera, ¿crees que podré trabajar como profesor de instituto?

  • Oficialmente no puedo asegurarte nada, pero puedes darlo por hecho.

Terminé mis estudios, que fueron un auténtico placer, a curso por año más dos exámenes orales ante tribunal en la capital del país y un semestre más para escribir y presentar la tesina de licenciatura. Con mi excelente nota me volví a presentar ante la comisión y tras los oportunos papeleos me mandaron a mi primer destino, aunque sólo a tiempo parcial. Bueno, no era gran cosa pero se trataba de empezar. Era el año 2008 y tenía que sustituir a un profesor que había causado baja por enfermedad el 1 de octubre y casualmente recibió el alta el 30 de junio.

Tenía grandes expectativas sobre la asignatura pero la realidad las superó. Enseñar religión a los adolescentes resultó una experiencia fascinante. Yo ya había trabajado con chavales prácticamente desde siempre, como catequista de confirmación y similares, pero hacerlo en un ámbito educativo reglado era algo distinto. Cada día tenía el privilegio y la responsabilidad de hablar a los chicos de cosas que la mayoría probablemente no escucharían en otro lugar y que curiosamente eran las más importantes para ellos tales como la posibilidad de ser felices o su capacidad de amar como hijos de Dios que eran. Y al mismo tiempo con los contenidos y la exigencia de cualquier otra asignatura (¿cómo? ¿pones exámenes en religión?)

Salir de casa para ir a trabajar suponía una alegría. Muchas veces daba por hecho que era el entusiasmo del que empieza una actividad nueva y que poco a poco se me iría pasando y que finalmente me aburguesaría y perdería la emoción tal y como había visto en otros amigos y compañeros profesores más veteranos, pero el hecho es que en los años en que he estado activo esa emoción no decayó (no sé si lo hará algún día).

Llegó el curso siguiente, el 2009-2010. Me sentí bendecido por la providencia, la primera oferta que me llegó de la comisión era en el instituto de mi pueblo, una sustitución por maternidad de la titular. Al placer de ir andando y en unos pocos minutos se sumaba el hecho de encontrarme con mis alumnos (y otros del centro que no daban religión) por el parque o el supermercado y que en muchas ocasiones me detenían para comentarme algunas cosas o simplemente saludarme. Un vez acabada la sustitución con la reincorporación de la titular me volvieron a ofrecer en un par de semanas otra en un instituto de otro pueblo cercano. Esto iba bien, o al menos lo pensaba así, no tenía plaza estable pero de sustitución en sustitución llevaba una buena seguida dando clases y además con la misma ilusión de los primeros días (¿se me pasará alguna vez?).

Llegó el tercer curso, 2010-2011. La primera oferta con el curso ya empezado en una localidad algo más lejana. Bueno, si hay que coger el coche se coge, a fin de cuentas es lo que me gusta y para lo que creo que valgo, dar clase de religión. Cada instituto nuevo era un reto, como una aventura, aunque curiosamente iba observando que en todos los grupos se repetía una serie de roles en los chavales: el entusiasta, el descreído, el gamberro, el creyente a su manera, el que no sabe que hace ahí… y a cada uno tenía que tratar de llegar y hacer que se interesase por la asignatura.

Vuelta del titular, vuelta a quedarme sin plaza y, tras un par de meses de espera, nueva sustitución. Esta vez en una localidad de la diócesis ciertamente más alejada, a 60 km. Una hora de tren para ir y otra para volver. Parecía que cada vez me iba alejando más para tener que hacer lo que me gusta, pero a fin de cuentas lo que me importaba era dar clases, y si había que desayunar antes de la salida del sol y comer a la hora de merendar, se hacía. Un mes antes del fin de curso volví a quedarme sin plaza tras la vuelta del compañero. Bueno, volver a empezar.

Llegó el curso siguiente, 2011-2012. Tras haber visitado 5 institutos diferentes en 3 años pensaba que merecer no merecía nada, pero ya me debía “ir tocando” alguna plaza más estable, aunque yo como siempre dispuesto a ir dónde me mandasen, daba igual un mes que 5 o que el instituto de mi barrio o a 90 minutos de tren. Sin embargo ese mismo curso no me llegó ninguna oferta ni estable ni para sustituir. ¿Qué está pasando? ¿Ya nadie se pone enfermo? ¿No hay ninguna compañera bendecida con la maternidad?. Al parecer haber si que había, pero había llegado la crisis y las autoridades estaban cubriendo muy pocas plazas de sustitutos ante la escasez de recursos.

Reincorporado a mi puesto de funcionario patatero me subía por las paredes. Por un lado tenía auténtico “mono”, como un adicto en síndrome de abstinencia por volver al aula y a la relación con los alumnos. Por otro estaba el quebranto económico, ciertamente el conserje cobra sustancialmente menos que el profesor y mis hijos siguen comiendo igual y los gastos corrientes no van a bajar por ello. Pasó el curso como un mal sueño y esperando que el Señor en el siguiente, el actual, me pudiese volver a regalar una plaza como docente.

Y llegamos a principios del curso 2012-2013. Vuelta a visitar la comisión como tantas veces y vuelta a casa desanimado y con la moral por los suelos (Señor, échame una mano). El panorama de este año se presenta aún peor para volver a dar clases. ¿Cómo que peor si me he pasado el curso en blanco?. Al parecer las nuevas políticas educativas motivadas por la crisis han hecho agrupar horas y grupos de alumnos con la consiguiente pérdida de puestos de trabajo y una serie de compañeros se han quedado sin plaza y la prioridad era recolocar a estos mismos.

-Vaya- pensé- ¿por qué la prioridad son los que se han quedado sin plaza este año y no los que llevan año y medio sin dar clases?.

Ciertamente ese comentario me lo quedé para mí. Seguro que entre los compañeros hay situaciones más dramáticas que la mía.

¿Qué sucederá a partir de ahora? ¿Querrá Dios que vuelva a ser profesor o habrá sido una etapa de mi vida que ya terminó?. Mientras tanto a rezar, a patearme los colegios privados dejando curriculums, a seguir con mi trabajo de conserje que no cubre los gastos de mi familia y, como no, a echar un ratito escribiendo estas líneas. Pero sobre todo a seguir dando gracias a Dios porque “es justo y necesario darte gracias siempre y en todo lugar”. Amén.

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5 respuestas a ¡SOCORRO, NECESITO VOLVER A DAR CLASES DE RELIGIÓN! (desventuras de un profesor que no tiene dónde ejercer)

  1. Jesús dijo:

    Que el Señor te bendiga, me has trasmitido admiración en este encuentro casual que me ha hecho entrar en tu Blog, se ve que buscas a Jesús, lamentablemente me consta que tu posición no es la de un gran nº de maestros de religión que me parece que estan a la “sopa boba” mas que a las cosas del Señor.
    Un saludo, que la Paz del Señor quede contigo y con los tuyos.

  2. amparoaguilar@aequired.es dijo:

    No desesperes seguro te llega el momento de ejercer de nuevo ,no podemos perdernos un Buen profesor de religion entusiasta y motivado,yo tambien soy preofesora de reli y no he perdido la alegria y la emocion del principio (va a hacer cinco años).Animo

  3. Si te sirve de ánimo, parece que en el futuro se va a dar un paso importante a favor de la clase de Religión, yo también soy profesora de Religión en un colegio privado y espero que pronto salgamos de la crisis y mejore la situación de muchos profesionales. Un abrazo.

  4. En mis tiempos ¡que tiempos! los profesores de religión del instituto publico total donde estudié eran curas. Ahora, como comentas en otro sitio, los padres deberian elegir los colegios religiosos de sus hijos porque no siempre son garantía.

    Dicho esto creo, como alguien bastante mas cualificado ha comentado publicamente, que los profesores de religión (católica o la que este bajo demanda) debieran ser pagados por el colegio que ofrezca la asignatura. Esto a mi modo de ver favorecería la independencia del colegio y también su compromiso, contratando a profesionales de valía.
    También creo que muchos padres no hemos sido exigentes en cuanto a la calidad de enseñanza en los colegios, preocupados quizás en exceso porque el niño apruebe, más que se forme íntegramente (no sólo en religión ) , y eso repercute en la competitividad de los profesores. Un amigo profesor de un colegio privado me comentaba que trabaja más horas semanales que cualquiera , gana algo menos que la media de un concertado y mucho menos que un profesor de enseñanza pública. Por supuesto su cole de pago esta siempre al completo.
    Sugerencia evidente, desconociendo la situación en Valencia, pero si tantas ganas de enseñar moral catolica tienes ¿no existe la posibilidad de enseñar asignaturas afines como filosofía (tuve magnífica profesora, proactiva, que siempre invitaba al debate) u otras de letras y aprovechar la coyuntura?

  5. Isabelita dijo:

    Donde Dios cierra una puerta, en otro lugar abre ventanas. Nada es por casualidad, sino por causalidad… a esperar lo bueno y lo que nos merecemos.

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