Juan Pablo II y la santidad de los jóvenes

Escribo estas líneas en la víspera de la festividad de Todos los Santos y dos días antes de la de los Fieles Difuntos (algún día tengo que averiguar la diferencia entre las dos celebraciones) y parezco un comunista de los años 70 gritando todo el rato yankee go home! cada vez que veo brujitas, vampiros, calabazas y no sé cuantas memeces más. Curiosamente me entra el mismo tic días antes de Navidad cuando veo al gordo ese de barba blanca vestido con los colores de la coca-cola.

Pero en este día me he acordado de un gran santo, Juan Pablo II. Sí, ya sé que oficialmente es “sólo” beato, pero me gusta recordar que la Iglesia no hace santos, si no que reconoce la santidad de quienes lo fueron y eso implica un proceso de años.

Me sorprendo cuando oigo hablar a gente de mayor o menor edad a la mía de cómo Juan Pablo II es el papa de su generación. ¡Y una leche! (dicho con todo el cariño) es el Papa de la mía. Karol Woytila (o Wojtila) se convirtió en Papa cuando yo tenía 12 años y falleció cuando aún no había llegado a los 39. Eso significa que toda mi adolescencia, mi noviazgo, mis estudios secundarios y superiores, mi matrimonio, mi acceso al mundo del trabajo o el nacimiento de mis cinco hijos sucedieron bajo su pontificado.

Yo inauguré (junto con otros 250.000 chavales) la primera Jornada Mundial de la Juventud que tuvo lugar en Roma, aquella tan famosa del “no tengáis miedo…” que seguía de una forma curiosa que pocos recuerdan, al menos en aquella ocasión “…de anunciar a Cristo desde las azoteas”. Incluso recuerdo el lema de aquella jornada, uno de los pocos latinajos que me sé, “aperite portes redemptoris”, abrid las puertas al redentor. En aquella ocasión no se nos conoció como “los jóvenes del papa” si no como “los gorros blancos del papa” por la prenda que nos dieron con el “kit” del peregrino.

Pero quizá una de las frases de Juan Pablo II que más me llamó la atención y que recuerdo muchas veces a mis alumnos es otra que dijo en la JMJ de Santiago de Compostela. Una jornada en la que viví con mi señora una de nuestras locas aventuras, Valencia-Santiago (1000km de distancia) en 27 horas en “auto-stop” habiéndonos recogido una docena de coches. Pero bueno, no fue de eso de lo que habló su Santidad, si no que una de sus frases fue “jóvenes, tenéis que ser santos… pero santos de altar”.

  • Tú mismo, Luis- me dirijo a uno de mis alumnos- lo que te estaba pidiendo Juan Pablo II es que dentro de 100 años alguien entre en la parroquia del pueblo y vea una imagen de un santo y a los pies una leyenda que diga “San Luis Martínez”

El comentario provoca el jolgorio general, incluso en el mismo mencionado. Normalmente además provoco la situación dirigiéndome a alguno de los chavales más revoltosos o de conducta más difícil.

  • Sí, ya, eso es imposible
  • ¿Por qué?- pregunto
  • Por que para ser santo hay que llevar una vida… una vida… pues eso, de santo.
  • Entonces según eso mismo alguien que por ejemplo no crea en Dios, sea un putero o no piense en otra cosa que irse de fiesta y emborracharse difícilmente será santo…
  • ¡Pues claro!- contestan casi todos al unísono
  • Pues fíjate que alguien muy parecido a ese fue uno de los más grandes santos de la historia… San Agustín.
  • Bueno, pero…
  • E imagino- insisto- que si alguien odiase a los cristianos e hiciese todo lo posible por fastidiar a la Iglesia con toda clase de maldad tampoco podría serlo
  • Pues…- esta vez ya no se produce ninguna respuesta contundente
  • Es que alguien así fue un santo mayor que el anterior, San Pablo.
  • Pero bueno- me responde otro alumno- no serían santos por eso, en algún momento cambiaría su vida y serían grandes cristianos
  • ¿Y quién te dice que tú no puedas ser como ellos? ¿Acaso estaban hechos de una pasta distinta a la tuya? ¿Acaso tus pecados son mayores que los de ellos?, pues no.
  • Vale, bien- salta un alumno- supongamos que yo quiero ser santo, ¿cómo lo hago? ¿cómo se aprende a hacer milagros o a estar en dos sitios distintos a la vez?- el comentario tiene su gracia y no puedo evitar reír.
  • Bueno- le contesto- te voy a dar un dato, la gran mayoría de los santos nunca hicieron un solo milagro en vida ni tuvieron ningún don digamos “especial”
  • ¿Entonces de qué depende ser santos?
  • Pues en realidad es algo muy fácil y muy complicado a la vez. Se trata de una simple suma con sólo dos sumandos…- hago una pausa dramática
  • Venga, profe, ¿que sumandos son esos?
  • Tu voluntad y la gracia de Dios. Por mucho que te empeñes en ser santo nada conseguirás si no tienes la gracia, y por mucho que te asista el Espíritu Santo, jamás quebrará tu voluntad.
  • No lo entiendo
  • Bueno- contesto- para ser santo debes querer vivir en la voluntad de Dios, escuchar y meditar su Palabra, participar de los bienes de la Iglesia, llevar una vida coherente con tu fe, ponerte al servicio de los demás en la medida de tus posibilidades y capacidad… pero eso es algo que depende de ti, de tu voluntad, Dios no viene y te hipnotiza- dramatizo a continuación- fulanitoooo…. vas a ser santooooo, ni te amenaza- vuelvo a dramatizar- o te haces santo ahora mismo o te mando un rayo que te deja frito pajarito- risas.
  • Vale, de acuerdo, ¿y lo de la gracia?
  • Pes como bien dice su nombre, la gracia es gratis. Te la regala Dios.
  • ¿Pero como?
  • Ve y consíguela
  • ¿Dónde?
  • La principal fuente de la gracia, aunque no la única, son los sacramentos. La mayoría de vosotros ya estáis bautizados, es el primer don. A partir de ahí podéis alimentaros con el resto de los sacramentos, en especial con la reconciliación y la comunión.
  • ¿Y las otras fuentes?
  • Pues una buena forma no ya de conseguir la gracia como tal si no de mantenerla y hacerla efectiva es lo que decían los clásicos la práctica de las virtudes, como el uso de las armas de la Iglesia, el ayuno, la oración y la limosna…
  • La limosna- contesta un alumno con aire de fastidio- si ya sabía yo que gratis lo que se dice gratis no iba a salir.- Todos reímos.
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2 respuestas a Juan Pablo II y la santidad de los jóvenes

  1. En las primeras líneas muestras tu interés por saber la diferencia entre la Festividad de Todos los Santo y la Conmemoración de los Fieles Difuntos. Sinceramente, no sé si la frase es medio irónica como queriendo decir que ambas celebraciones tienen mucho en común, como es en realidad, pero no creo que ese sea la intención. La verdad es que esa afirmación me hizo retomar un pensamiento que ya había hecho en otras ocasiones sobre la diferencia entre ambas. Según mi opinión, en la de Todos los Santos recordamos a todas aquellas personas que durante su vida han mostrado signos de santidad, por tanto, en este “pack” estarían incluidas todas la personas beatificadas, canonizadas y todas aquellas que también son santas en el anonimato, es decir, que no han sido declaradas ni santas ni beatas tal vez porque están en proceso o porque, simplemente, su historia no ha llegado hasta nosotros y no existe tal posibilidad, por tanto son santas, pero nadie las conoce (no sé si se entiende lo que quiero decir). La segunda, la Conmemoración de los Fieles Difuntos, incluye a todos los bautizados que han muerto (no me atrevo a decir católicos porque tal vez con la palabra “fieles” también se hace referencia a otras confesiones cristianas) sean santos o no. Por tanto, en este segundo “pack” también estarían incluidos los del primero.
    No sé si se comprende mi razonamiento, de todas formas, es una idea de cosecha propia, no sé si será del todo correcta y que no lo he consultado.
    Bueno, un saludo. Espero que no te haya armado un lío.

  2. No, no, lo decía en serio, me confunden las dos fiestas y más el hecho de que estén juntas en el calendario- La verdad es que yo no lo he consultado tampoco todavía, supongo que lo que me confunde es el uso de la palabra fiel, o tal vez porque habría que distinguir entre “fiel difunto” y “difunto fiel”… un difunto que haya sido fiel a Dios sería un santo, reconocido o no.
    Pero si por fiel difunto se supone que es alguien bautizado o perteneciente a la Iglesia de forma “legal” y que ha muerto, pero no se sabe si su vida ha sido más o menos coherente con su fe y por eso tenemos que rezar por él pidiendo la misericordia de Dios y la Iglesia los recuerda un día concreto, sería otra cosa…

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