El demonio me habla todos los días

En cierta ocasión un alumno, tras leer en clase un pasaje del Evangelio en que aparecía Satanás, soltó

  • Pues yo no creo que el demonio exista

  • Entonces él ya ha ganado la partida- le contesté

  • ¿Por qué?

  • Pues porque una de las grandes victorias del demonio en esta generación no es que la gente le sacrifique pollos, es precisamente que muchos crean que ha dejado de existir o que no ha existido nunca.

  • ¿Pero eso es una victoria? -me responde sorprendido- más bien sería una derrota ¿no?

  • Todo lo contrario, si tú tienes un enemigo que te engaña, te roba o que te hace daño sin que lo conozcas pensarás que todo eso te ocurre por casualidad, por mala suerte o por que la vida es una mi…longa, pero nunca podrás derrotarlo y seguirá por tanto impune.

  • ¿Entonces tu crees que sí existe?

  • Ya te digo, me habla todos los días

 Peligro

En ese momento se produce un silencio expectante pensando tan solo por un segundo que tengo una especie de visiones del infierno o que simplemente estoy esquizofrénico, pero enseguida caen en la cuenta, en especial los que ya me conocen, que la realidad será mucho más asequible, más cotidiana, pero aún así queda la sorpresa.

  • ¿Y cómo es, de color rojo con cuernos y rabo y un tridente?

  • Ojalá. Si fuese así lo veríamos llegar de lejos. No, para empezar el demonio es un espíritu y por tanto no es material, y en segundo se te presenta como tu mejor amigo – esta explicación causa mas extrañeza en ellos que si les hubiese confirmado lo del bicho con cuernos y rabo, tengo que seguir- me refiero a que el demonio lo que pretende es que te rebeles contra Dios y contra los demás, y para ello te dirá muchas cosas que te gustaría oír…

  • ¿Que me gustaría oír? ¿cómo que soy muy guapa o que me va a tocar la lotería?

  • No, no, pero es muy bueno – río – cosas más concretas… como que tú tienes razón y que tu madre no es nadie para decirte lo que tienes que hacer, o que tu hermana es una aprovechada y tendría que ser ella la que tirase la basura – risas- o por qué tienes que hacer lo que te digan los profesores si todos son unos capullos – más risas – y tú harás lo que te salga de las narices. O es el que te dice al oído cosas como “yeh, ahora que no están tus padres en casa, ¿por que no te pones una porno y te das un homenaje?, que te lo mereces, tío” – algunos de los chicos no saben si reír o bajar la vista avergonzados.

  • ¿Y a ti que te dice?

  • Bueno, creo que eso se lo diré a mi confesor, pero sin entrar en detalles me dice cosas como que si discuto con mi mujer es porque ella no se ha dado cuenta de que siempre tengo razón, que gane lo que gane merezco siempre mucho más y cosas así…

  • ¿Pero lo que te dice es verdad?

  • Por supuesto que no, pero es muy hábil mezclando la mentira con partes de verdad, porque a fin de cuentas, tal cómo os he dicho, lo que te dice es lo que te gustaría oír, lo que te halaga.

Los chavales están muy interesados en el tema, hablan entre sí incluso atropellándose entre ellos

  • Mirad – les digo tratando de retomar el control – Vamos a ver si queréis cómo explica la Biblia la actuación del demonio. Seguro que recordáis la historia de Adán y Eva

  • ¿Pero esa historia no es falsa?

  • Puede que no sea histórica, pero lo que explica, su “moraleja” si queréis, contiene más verdad sobre el hombre, la mujer, Dios o el pecado que todos los libros de filosofía juntos. Pero prosigamos, según el relato de la Biblia Dios crea a Adán y Eva y los sitúa en un jardín dónde tienen todo lo que necesitan y pueden hacer lo que quieran, lo único que les prohíbe es comer del árbol “de la ciencia del bien y del mal”- los chavales siguen atentos el relato aunque se lo conocen bien, la cosa marcha – porque morirán.

    En eso se acerca la serpiente a Eva y le dice “¿por qué Dios os prohíbe comer de los árboles del jardín?”. Fijaos bien, el demonio empieza con una mentira, se acerca y te dice “¿por qué Dios te prohíbe cosas, por qué te pone normas, por qué no te deja ser feliz…?”. Eva no cae en el engaño en un primer momento, pero comete un error, le contesta, y cuando entras en diálogo con el demonio la has… fastidiado. Así que le responde “no nos prohíbe todos los árboles, sólo que no comamos de éste para que no muramos”, es cómo si dijéramos “no, Dios no te prohíbe ser feliz, al contrario, queire que disfrutes de la vida pero para ello hay cosas que sabe que no debes hacer”, a lo que la serpiente le insiste “no moriréis, qué va, lo que pasa es que Él sabe bien que si lo hacéis se os abrirán los ojos”, en este caso los ojos son un símbolo de la mente, del entendimiento, “y seréis como dioses, conocedores del bien y del mal” ¿Os habéis fijado?

  • ¿En qué?

  • Es lo mismo que te sigue diciendo hoy en día, que tú tienes que ser quien decida lo que está bien y lo que está mal, que si algo te apetece lo haces y punto, nadie tiene por qué prohibírtelo, ni tus padres, ni los curas, ni nadie, ni siquiera Dios… qué tú decides qué es o no es pecado… – los chicos asisten con la cabeza casi sin darse cuenta – Es en ese momento cuando Eva mira el fruto del árbol y se da cuenta que es “agradable a la vista y apetecible de probar”… claro, si el demonio quiere que peques no te mostrará algo asqueroso y repugnante, si no algo que te resulte atractivo, que tonto no es – risas – y Eva cae, así se llama el relato, la caída, y come y da de comer a Adán y entonces ¿qué ocurre?

  • Que se dan cuenta de que están desnudos y se tapan con hojas…

  • Exacto, y no es que estuviesen zumbados y pensasen que iban vestidos, es un símbolo de que descubren al pecar su debilidad, su miseria, su vergüenza… esa misma mala leche que sientes cuando has pecado, esa insatisfacción que te queda cuando has hecho lo que te ha dado la gana aunque te lo habían prohibido y que tanto te confunde – de forma casi imperceptible los alumnos siguen asistiendo con la cabeza – y de ahí deriva en la imposibilidad de reconocerte pecador, cuando Dios le pregunta a Adán le echa la culpa a Eva y cuando se lo dice a ella, esta culpa a la serpiente…. ¿No hacéis lo mismo vosotros?, “sí, yo le insulté, pero es que él…” “le había quitado su chaqueta, pero ella antes…”

  • Pero eso no tiene que ser el demonio, eso son… cosas que pasan.

  • Vale, pongamos que esos son “cosas que pasan”… pues intenta poner un nombre a “esa cosa que tienta a la persona a querer ser autónomo moralmente pero en lugar de sentirse realizado lo que consigue es desarrollar el egoísmo y le produce una insatisfacción vital profunda”…

  • No creo que tenga nombre

  • Claro que lo tiene, es el demonio, lo que pasa es que mientras tú sigues esperando que tenga forma de bicho de peli de miedo lo que actúa es un espíritu, que quiere en el fondo que desobedezcas a Dios, ese es su cometido.

  • Pero entonces, ¿se puede hacer algo?

  • Claro, tal como dijo San Pablo, ponerse la armadura y las armas de Dios y combatir

  • ¿Cómo en una película o un video juego?

  • Algo parecido, sólo que eso lo dejaremos para la clase siguiente…

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4 respuestas a El demonio me habla todos los días

  1. Carlos Borges dijo:

    Como siempre, genial, José Luis. Gracias

  2. Irene dijo:

    Me ha gustado mucho!

  3. Elizabeth dijo:

    Genial

  4. David Santafé dijo:

    Buenísimo José. Muy buen trabajo 🙂

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