Si la Gracia de Dios no fuese gratis, no sería Gracia

Vine al mundo en el año 66, eso significa que soy de la generación del del cambio social. En mi pubertad pasé de jugar con muñecos de plástico a muñecos articulados, de hablar de usted con el don delante a los profesores a tutearles por su nombre de pila o de merendar nocilla en pan de molde a las hamburgueserías yankis. En mi adolescencia aparecieron los spectrums (primeros ordenadores personales) y ya en mi juventud los PC´s, los teléfonos móviles e Internet.

Eso supone también que con 10 años estudiaba el catecismo escolar clásico sin ilustraciones a base de preguntas y respuestas que debías aprender de memoria y con 12 ya tenía unos preciosos catecismos llenos de fotos a todo color, poemas y explicaciones varias. El catecismo clásico, hizo que varias generaciones anteriores a la mía, con independencia de si su fe fuese más o menos madura o tuviesen una adhesión clara o no a la doctrina de la Iglesia, sí que supiesen al menos los fundamentos y los contenidos básicos de la misma.

Para los que sean más jóvenes les invito a hacer la prueba, simplemente preguntar a cualquier persona que conozcan de más de 50 años cosas como ¿Eres cristiano?, ¿qué significa ser cristiano?, ¿cuales son los enemigos del alma? O ¿cómo termina la frase “Estos 10 mandamientos se encierran en dos….? y observarán con asombro como responden con una seguridad y rapidez aunque haga décadas que abandonaron la escuela.

Yo mismo hice esta prueba en público. Estaba dando un concierto con mi grupo Hijos De Coré (por cierto, ¿todavía no has venido a vernos? Ya te vale…) y como tengo costumbre antes de cada canción hacía una pequeña introducción, en ocasiones interpelando a los espectadores.

En aquella ocasión nos encontrábamos ante unos 300 espectadores en el salón de actos de un colegio parroquial. El público era de lo más diverso, desde niños hasta ancianos, así que en un momento dije “¡Respóndeme a esta pregunta… ¿Eres cristiano?!” Y automáticamente se oyó un “¡Siiiií!”, “Vale, vale” contesté “Pero ahora quiero que que sólo me respondan los que seáis mayores que yo” que serían más o menos la mitad del aforo… “¡¿Eres cristiano?!” y automáticamente, como el mejor conjuntado de los coros respondieron 150 voces como si fueran una sola “¡SÍ, SOY CRISTIANO POR LA GRACIA DE DIOS!”. Esta precisión y entusiasmo en la respuesta provocó la risa tanto en los que respondieron como en la otra mitad del aforo.

Otra vez se me ocurrió preguntar a mis alumnos qué había que hacer para ser cristiano. Todos se esforzaron en darme respuestas en principio coherentes tipo “rezar, ser bueno, hacer limosna, ir a misa…”

  • Ninguna respuesta de esas es correcta, para ser cristiano no hay que hacer nada

  • ¿Nada?

  • Nada

 regalo

No es que no haya un proceso o un sacramento por el cual nos hacemos cristianos, si no que, tal como dice el catecismo somos cristianos por la Gracia de Dios, y Gracia no significa otra cosa que gratis, es un regalo, no tienes que esforzarte, ni acumular una serie de méritos ni por mucho dinero que tuvieses es una mercancía que pudieses comprar. Dios te regala poder convertirte en cristiano, es un don.

  • ¿Entonces sólo la Gracia es suficiente?,

  • Evidentemente no. La Gracia no anula tu libertad, no te hipnotiza o algo así y te conviertes en cristiano aunque no quieras, es un regalo y como tal puedes aceptarlo o no, o bien puedes aceptarlo por cortesía y dejarlo encerrado en un cajón para siempre o usarlo para el fin por el que ha sido creado.

  • ¿Y las obras, tampoco son necesarias?

  • Sí claro, pero a posteriori.

  • ¿Cómo que a posteriori?

  • Me refiero a que ser cristiano te lleva a las buenas obras, no al revés. Como dice San Juan, podemos amar por que Dios nos ha amado primero.

  • ¿Entonces sólo los cristianos pueden hacer cosas buenas?

  • No, todos los hombres pueden y deben hacer cosas buenas porque han sido creados a imagen y semejanza de Dios y llevan su ley natural inscrita en sus corazones.

Eso ocurre igualmente con el mismo concepto de Fe. En la celebración de la Pascua, las Comunidades Neocatecumenales han rescatado un rito de la Pèsaj o Pascua judía en la que los niños preguntan a su padre mediante unas preguntas prefijadas por el significado y la importancia de esa noche. En las comunidades además se permite a los niños que después y de forma pública pregunten a sus padres aquello que deseen relacionado con Dios y la doctrina.

En cierta ocasión un niño preguntó a su padre qué era la Fe. El pobre hombre contestó apurado y como pudo a su hijo, ante la comprensión lógica de la asamblea, a fin de cuentas quién leches podría explicar con palabras sencillas a un niño qué es la fe.

En aquel momento mi mente de profesor elaboró su propia respuesta mental (valga la redundancia). “La fe es la respuesta positiva del hombre ante Dios que se revela”. Claro, que si el padre hubiese contestado eso a su niño pequeño lo hubiese dejado como estaba o peor (bueno, a él y probablemente al resto de los asistentes) pero además es que la frase en sí, aunque correctísima teológicamente, estaría incompleta, puesto que a su vez la respuesta del hombre a Dios debía estar asistida previamente por su Gracia… uff, ¿resulta un poco lioso?.

Menos mal que la Gracia es gratis, por que si no fuera gratis no sería Gracia y, que Dios me perdone el mal chiste, ni la tendría.

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