Descanso… ¿dominical?

Estos días un centro comercial de mi ciudad ha hecho una campaña publicitaria anunciando que a partir de ahora abrirá todos los domingos y para ello ha usado la imagen de un sacerdote con un gesto entre lo contrariado, lo enojado y lo grotesco. La campaña es genial desde el punto de vista del marketing y a toda luces malévola.

Por un lado consigue provocar a un sector de la población, en este caso a los católicos, con lo que la repercusión es mucho mayor. Algunos de ellos caen en la trampa y emprenden acciones para tratar de que se cancele, con lo que la empresa tiene dos opciones y a cual de ellas más beneficiosa para sí misma. Si no accede la polémica continúa y la repercusión aumenta aún más, con lo que consigue una enorme publicidad gratuita. Si accede queda como una empresa sensible a las peticiones de sus clientes ya que en su ánimo no estaba el de ofender a nadie y bla, bla, bla.

Con esto además y sin que casi nadie se de cuenta ha evitado el auténtico debate, la inconveniencia de trabajar en domingo. Los sindicatos, por su extraña e incomprensible naturaleza anticlerical, no van a ponerse a criticar a una empresa que ha “provocado las iras” de la Iglesia aunque sea a costa de que los trabajadores pierdan un día de descanso fijo. Luego se les llenará la boca hablando de la necesaria compaginación de la vida laboral y familiar… ¿qué día hay mejor para pasarlo en familia, el martes?. Por otro, los católicos que hayan conseguido la retirada de la campaña quedarán satisfechos por su victoria cuando en realidad les han metido un rejón por la espalda con la apertura de los comercios en domingo sin que nadie proteste.

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Parece que en esta sociedad consumista y secularizada ya nada importa, ni la familia, ni el descanso ni mucho menos la vivencia del domingo como lo que su propio nombre indica, el día del Señor. ¡Cuánto deberíamos aprender los cristianos en este aspecto de nuestros hermanos mayores los judíos en los que se refiere a guardar el Sabbath!.

Ciertamente algunos de sus preceptos sabáticos desde nuestro punto de vista pueden rayar en la histeria y la exageración. Veamos, yo no he estado nunca en Israel (si Dios quiere iré el año que viene) pero si que conozco gente que ha estado y me han contado anécdotas al respecto, como el ascensor de los hoteles que ese día se conectan en una función automática que pasa todo el día subiendo y bajando y abriéndose y cerrando en cada planta para que nadie tenga que hacer el “trabajo” de apretar el botón. Tampoco ven la tele ni escuchan la radio. O como en una ocasión que una señora salió a la calle un viernes por la tarde, ya caído el sol, y le pidió a un sacerdote católico que entrase en su casa a apagar la luz del cuarto de su padre enfermo para que pudiera dormir, porque a ella se le había olvidado hacerlo antes y una vez entrado el sábado (los días se cuentan de ocaso a ocaso) ella no podía darle al interruptor.

Pero salvo estas cuestiones sí que es cierto que son muy respetuosos con el sábado y su concepto de descanso. Ese día no se cocina (simplemente se calienta la comida preparada el día anterior), la fregada se deja para la noche, no caminan más que una serie de pasos que no supongan un esfuerzo físico, etc.

En una cultura cristiana como la nuestra ciertamente no tendría ningún sentido aplicar los preceptos judíos al domingo, pero sí que podríamos realizar una serie de conductas (y evitar otras) que tratasen de vivenciar (que me perdone la RAE la palabra) o recuperar el sentido del domingo como día del Señor y de descanso.

Para empezar una norma básica sería la de no hacer compras en domingo. Ya tienes seis días a la semana para ello. Si no acuden compradores a las tiendas ese día los comercios terminarán por no abrir.

Podemos evidentemente dedicar un rato para ir a misa o para hacer oración en familia si tenemos costumbre de celebrar la eucaristía la víspera.

Buscar siempre que se pueda formas de ocio que no impliquen hacer trabajar a otros. Puedes salir al parque con tus hijos, de excursión al campo o a la playa, hacer una visita a amigos y familiares, dar una vuelta en bici, leer o escuchar música o simplemente charlar o ver una película familiar en la tele de casa todos juntos, entre otros muchos planes posibles. ¿Ir al cine, a tomar una cerveza o comer en un restaurante? ¿No tienes otro día para hacerlo?. En principio la gran mayoría de los trabajadores libran el fin de semana, así que tienes el sábado para poder hacer esas cosas.  Los que no tienen la suerte de trabajar lo mismo les da y los estudiantes suelen tener alguna tarde libre. Incluso alguna noche si te apetece puedes salir un rato en lugar de quedarte viendo telebasura en casa, ¿por qué no?.

Evita las faenas del hogar y limítate a lo más básico, deja la plancha y las lavadoras para el lunes incluso la fregada, que no se va a caer el mundo por tener los platos apilados en el fregadero un día. Incluso no cocines, saca algo de la nevera o déjatelo preparado el día antes que solo tengas que calentar. Un día de descanso es un día de descanso ¿por qué no?.

Es posible que todo esto no sirviera de nada, o quizá de mucho, no lo sé, y que tratar de vivir el domingo así sea nadar contracorriente, como cualquier otro aspecto de vivir cristianamente, pero ante todo que no nos conviertan más aún en un número de esta sociedad hedonista e hiperconsumista. Que nos quede siempre la palabra del Señor, el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado.

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3 respuestas a Descanso… ¿dominical?

  1. Miguel dijo:

    Estoy bastante de acuerdo solo que algunas de las cosas que mencionas, como bien has dicho, en una cultura cristiana como la nuestra son difíciles de aplicar, me explico, si yo me voy a dar un paseo con mis hijos el domingo, es bastante probable que, como una cosa extra por el hecho de ser domingo ya que entre semana no lo hacemos, nos paremos en un bar a tomar, como dicen ellos, “un aperitivito”. ¿Lavadoras? Suelen caer un par al día lo que supondría poner 3 o 4 el lunes…Bueno, pero que conste que son cosas con las que estoy de acuerdo solo que, pues eso, en ocasiones es difícil. Que conste que el artículo me ha gustado (yo también conozco ese centro comercial, vivo cerca), especialmente aquello de “se les llenará la boca hablando de la necesaria compaginación de la vida laboral y familiar” que, resulta bastante paradójico con este caso.

  2. Clara dijo:

    Siempre he estado de acuerdo con esto y por supuesto intento seguirlo. Aún recuerdo cuando de niña se compraba el “pan doble” el sábado y mi madre hacía ese mismo día la comida para el domingo. Generalmente no piso las tiendas un domingo. No me hago partícipe de un plan de comercio que separa a las familias en domingo.

  3. Muy bueno, como siempre. Un abrazo

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