El odio me da mucho miedo

Dice la Biblia en el Cantar de los Cantares que el amor es fuerte como la muerte, o en otra traducción que el amor es más fuerte que la muerte. Ciertamente el amor de Dios por la humanidad entregando a su Hijo como propiciación de nuestros pecados fue mucho más fuerte que la muerte y por eso resucitó al tercer día.

Lo que no tengo claro es si el amor es más fuerte que el odio. Mi mente me dice que tiene que ser así, que eso es lo que debo creer, pero… cada día observo actitudes tanto personales como colectivas que me hacen ver lo fuerte que es el odio, su poder de destrucción, y eso me produce miedo, mucho miedo.

En el libro del Génesis aparece apenas en el capítulo 4 como Caín recorre ese camino maldito de la envidia al odio y del odio al fratricidio… y es sólo es el comienzo de la Biblia. Las historias de los yihadistas que asaltan los informativos de las televisiones nos muestran cómo alguien es capaz no sólo de matar al que considera su adversario, que ya es una muestra intolerable de odio, sino hacerlo con una saña vomitiva.  Vemos además como hijos de emigrantes perfectamente integrados en sociedades europeas son capaces de abandonar sus prometedoras carreras universitarias para ponerse un pasamontañas y marchar al país de sus padres a degollar cristianos.

Todas las guerras además producen ese terrible fenómeno de la deshumanización del combatiente y por eso aparecen todas las atrocidades inimaginables. En el genocidio de los tutsis producido por los hutus en Ruhanda en los años 90, un soldado asesinó a un bebe poniéndolo vivo en una máquina de cortar fiambre ante la mirada de la madre. Y eso que los hutus y los tutsis son en su mayoría católicos y poseen una misma lengua, es decir, que el odio tribal fue, en muchos casos, más fuerte que la propia fe y cultura compartidas.

En política, al menos en España, observo un creciente y preocupante aumento del odio hacia el que tiene otro pensamiento. Parece que la “memoria histórica” promovida de forma parcial y torticera por un expresidente del gobierno ha traído como consecuencia lo que muchos temíamos, una “desmemoria histórica” que ha hecho olvidar las circunstancias que llevaron a los españoles a matarse unos a otros en una guerra civil hace apenas 80 años, para convertirlo en una historieta de buenos y malos que no superaría ni el más mínimo análisis racional y que sin embargo ha sido aceptada por muchos como un dogma de fe.

El odio acumulado durante un siglo atrás llevó primero a una revuelta política (no un procedimiento democrático como por desconocimiento algunos piensan) para proclamar una república  y expulsar al rey, para que apenas unos pocos años después se produjera una alzamiento militar que fue acompañado por la mitad de la población civil mientras la otra mitad se mantenía fiel gobierno, dando lugar a una guerra fratricida. Guerra precedida y acompañada entre otras por una persecución religiosa en el que las quemas de iglesias y conventos, las violaciones de religiosas y el reguero de la sangre de los mártires fueron abundantes.

Hoy reverdecen con mucho miedo por mi parte algunas actitudes políticas que me recuerdan a aquellas. Hace poco perdí un amigo que se metió en política y en las redes sociales se dedicó a insultarme y calumniarme por que yo no compartía sus tesis en favor de las pretensiones del lobby gay. Leo con frecuencia a conocidos míos, que se definen a sí mismos como cristianos, insultar sin ningún miramiento a los que consideran sus adversarios políticos olvidándose ya no sólo del amor al enemigo, sino de la más mínima norma de educación. La máxima de confrontar las ideas pero respetar al que no comparte las propias parece cada vez más un reducto de algunos pocos ilusos como un servidor.

Veo como sin miramientos los partidarios de un partido político se dedican, y con razón, a señalar y condenar los casos de corrupción del partido adversario y sin embargo justifican de manera vergonzante los casos propios o se dedican a hacer la avestruz ante ellos.

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Recuerdo en catequesis de confirmación que explicaba a los chavales la naturaleza pecadora del hombre, diciendo que nadie puede considerarse mejor que otro por sus pecados ya que si Dios nos dejara de su mano seríamos capaces de cualquier atrocidad. Uno de los chavales me replicó hablando del terrorismo de ETA y sus asesinatos y bombas y que él creía que jamás llegaría a ese extremo. Le comenté entonces que si, en lugar de haber nacido en el seno de su familia, hubiese nacido en otra donde la madre y la abuela le hubiesen educado en el odio al otro, en el odio a lo español, es muy probable que al llegar a los 18 años le pusieran una pistola en la mano y se liase a pegar tiros. He visto también en familias bien avenidas como la cizaña y las mentiras de una parte interesada han sido capaces de destruirlas y convertir el amor en odio con una facilidad pasmosa.

Aún así tengo que hacer de tripas corazón y “obligarme” a creer y pensar que el amor es más fuerte que el odio… y que si no lo es tiene que serlo, tiene que serlo, tiene que serlo.

Los que leéis estas líneas ayudadme a que sea verdad. La historieta de Nathanael Lark que ilustra el artículo debe ser verdad, y no al revés como por desgracias sucede tantas veces. Las palabras de nuestro Señor Jesucristo sobre el amor a los amigos… y a los enemigos no pueden ser una mera utopía. Que nuestra oración y que nuestra acción, por débil que sea, puedan hacerlas realidad… o al menos que se aproxime un poco.

Que así sea.

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