La música protestante, ¿unción o intención?


Me escribe un amigo por redes sociales haciéndome una crítica muy dura: “para ti lo que no es católico no sirve y te burlas de los que tienen otra religión”. La crítica me duele mucho y doblemente, primero porque viene de un amigo y segundo porque es mentira.

Debo entender, como le dije, que no sabe leer, es decir, que entiende cosas en mí que ni  he escrito ni están en mi ánimo y que confunde lo que él deduce con lo que yo he dicho realmente y sobre todo con lo que he querido decir. También, y al igual que tristemente pasa con otros muchos,  no distingue entre una crítica al hecho de un juicio a la persona. La cuestión viene a raíz del tan manido tema del uso de las canciones protestantes y otras costumbres de los mismos por parte de los católicos y, como ocurre en otras ocasiones, me suscita una reflexión que decido compartir a través de este humilde blog.

Para aclarar las cosas diré que la crítica de mi amigo es falsa ya que, como he afirmado en otras ocasiones, estoy convencido que entre la doctrina católica y la doctrina protestante hay un 90% de cosas en común. Sería un absurdo decir por tanto que la doctrina protestante no vale para nada, como mucho podría decir que una pequeña parte de lo que creen los protestantes es erróneo. Además, si alguien cree en Dios Padre, en Cristo Salvador y en la acción del Espíritu Santo jamás podrá obtener mi desprecio ya que comparte conmigo lo esencial de la fe.

Además, como le dije en una ocasión a un amigo mío protestante, los protestantes no es que creen cosas distintas a los católicos, sino que creen menos… y cuando digo esto no es que tengan menos fe, es que han ido, a lo largo de la historia, eliminando cosas de su credo: la presencia real de Jesús en la Eucaristía, la devoción a María y a los santos del cielo, la creencia en la gracia actual de los sacramentos, el valor de las buenas obras para la santificación… y por tanto cada vez creen en menos cosas. De hecho leí en cierta ocasión, y debe ser cierto, que Martín Lutero, el autor de la reforma protestante, era un gran devoto de la Virgen María, sin embargo las congregaciones protestantes que han surgido a partir de ella no sólo no han mantenido la devoción a María, sino que además lo consideran una idolatría y por tanto un pecado grave.

Uno de los hechos que causó el enfado de mi amigo es una crítica que yo hice a una costumbre que procede de la corriente protestante pentecostal y que ha sido adoptada por algunos grupos católicos: la de hacer gestos, muecas y aspavientos cuando invocan al Espíritu Santo, que más parece que les haya dado un cólico al riñón que estén rezando. “¿Por que los desprecias? Los estás juzgando, lo importante es el interior. ¿acaso lo fundamental no es que lo pidan con sinceridad de corazón?”.

Mi amigo tenía razón en parte. Se equivocaba al afirmar que yo estaba despreciando o juzgando a esas personas, nada más lejos de mi intención, lo que estaba haciendo era criticar esa costumbre, el hecho, no a los actores. Es más, y en eso tenía razón mi amigo, estoy convencido de que esas personas invocan al Señor sinceramente, que lo importante es la intención de su corazón… y por eso precisamente dije y digo que si lo importante es eso no tiene ningún sentido hacer muecas ni aspavientos ni gritar como si Dios estuviera sordo. Si lo importante es el interior, ¿a qué vienen esos gestos y muecas? ¿acaso no puedes pedir el Espíritu Santo desde la sencillez y la alegría de corazón, en la brisa suave de Elías?

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Otro de los puntos que ocasionó la crítica fue el consabido tema del uso de la música protestante por parte de músicos católicos. En las redes sociales hay multitud de debates y opiniones al respecto, así que no voy a entrar en ello, aunque sí me gustaría ir a la raíz. Veamos, los protestantes no tienen liturgia, no celebran la Santa Misa ni la mayoría de los sacramentos y los pocos que mantienen los realizan como un signo externo sin valor de gracia actual (otro concepto teológico para otra ocasión). Por tanto sólo tienen dos cosas: música y predicación. Pero una cosa que sí han hecho muy bien los protestantes y en lo que nos llevan mucha ventaja a los católicos es que, como dice el refrán español, hacen de la necesidad virtud. Han desarrollado la predicación con grandes oradores capaces de mantener en vilo a una audiencia durante horas y tienen unos magníficos músicos, intérpretes, compositores, letristas, cantantes… y unas producciones de medios a la altura de los grandes grupos de rock.

Muchas de sus canciones son realmente hermosas, muy bien trabajadas tanto en melodía como en la letra y que invitan muchas a la oración y a la alabanza. Son canciones, como ellos dicen, con “mucha unción”, que es otro concepto tomado del pentecostalismo protestante pero mal utilizado (aunque también dejaremos eso para otra ocasión) y son muchos músicos católicos, como mi amigo, que llevado por la belleza y la espiritualidad que emanan las han incorporado a su repertorio. Aquí surge el debate, ¿eso es bueno, es malo, hasta que punto se pueden o no usar, se pueden usar cantos protestantes en misa…?

Entrando en un caso concreto hice en su día una crítica a mi amigo: Por hermosas que te parezcan estas canciones debes recordar que sus autores no creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía, incluso muchos de ellos (no todos, afortunadamente) se burlan del Santísimo y lo llaman “dios galleta”, por eso utilizar sus canciones en una adoración eucarística es una incongruencia. Es más, podría ser una simple cuestión de porcentajes. Si en una adoración cantas 10 canciones y una o dos son de autores protestantes no tendría mucha importancia, pero si son 9 o 10 es que algo falla.

¿por qué no? ¿acaso no están escritas con el corazón? ¿acaso no tienen una gran “unción”? ¿acaso lo que dicen no es correcto?”… Bueno, esa es la gran cuestión. Seguro que muchas de ellas sí, son canciones inspiradas, sinceras, de corazón, sin pretensiones adoctrinantes, es más, estoy convencido de que la gran mayoría lo son, pero también he podido comprobar es que no todas y, otra cosa peor, que muchos de los músicos católicos que las interpretan no tienen los conocimientos teológicos suficientes como para darse cuenta de ello. Y también muchos sacerdotes, que se suponen que sí los tienen, por afectividad permiten que el coro de su parroquia cante estos temas por no quedar como censor o antipático.

¿Podemos ver un ejemplo? Hay un grupo que le encanta a mi amigo que es realmente una maravilla, son unos chicos y chicas muy guapos que tocan y cantan muy bien y que tienen unas canciones realmente hermosas e inspiradoras. Una de sus canciones, cuyo título no recuerdo ahora, tiene esta letra (he alterado la distribución por razones didácticas, pero las frases son las que realmente forman la canción):

Creo en nuestro Dios, Padre eterno poderoso, autor de la creación,

Creo en su Hijo Cristo, el Rey, creo que Jesús es el Señor, el Verbo que se encarnó con la intervención del Espíritu de Dios. Creo que Cristo salva. Creo en el Nombre de Jesucristo. Que sufrió en la cruz y bajó a las tinieblas, resucitó y se levantó en gloria y en poder y está vivo. Creo que en gloria volverá como mi juez y mi abogado.

Creo en el Espíritu Santo, en Dios que tres en uno es.
Creo que el pueblo de Dios es uno. Creo en la Iglesia de Dios
Creo en la comunión. Creo que Dios me ha perdonado. Creo que resucitaremos. Creo en la vida eterna.”

¿A alguien le suena esto? Es evidentemente una versión del Credo Apostólico, muy hermosa, con frases bonitas. Nadie creería que el autor de esta letra la ha compuesto “con unción” de forma espontánea, sino que se ha basado explícitamente en el Credo. Ahora bien, ¿la versión del credo que ha escrito es fiel? ¿más allá de las licencias de métrica y composición ha reflejado el contenido del mismo o lo ha alterado de forma intencionada?

Basta volver a leerlo una segunda vez y apreciaremos para empezar que todo lo que dice, con todas las licencias poéticas que queramos, aparece en el Credo de los apóstoles. ¿cuál es el problema pues? Precisamente en lo que no dice, en lo que calla, en lo que de forma deliberada ha omitido.

¿Y qué es lo que ha omitido? Veamos:

  • Ha omitido la referencia a Santa María Virgen.
  • Ha omitido las características de la Iglesia Santa y Católica.
  • Ha omitido la comunión de los Santos y se ha parado en comunión. Curiosamente en la versión inglesa de la canción si aparece, aunque sabemos que los protestantes ni creen en la intercesión de los santos y su mismo concepto de santidad tiene matices diferentes.
  • Ha omitido el perdón de los pecados, en presente, y se ha referido a él en pasado.

Es decir, ha omitido precisamente del Credo las referencias a lo que es propiamente católico, aquello que ellos han rechazado: la devoción a la Virgen y a los Santos, la Iglesia Católica y el sacramento del perdón. ¿alguien cree que esto es casual? ¿alguien cree que ha sido la inspiración del Espíritu Santo la que ha llevado al autor de la letra ha omitir justamente esas cuatro referencias? ¿o quizás ha sido un hecho intencionado y sesgado que poco tiene que ver con la “unción”?

Pues en eso radica la cuestión. Tal y como dice la Iglesia (Unitatis Redintegratio) “los hermanos separados practican muchos actos de culto de la religión cristiana que pueden, sin duda alguna, producir la vida de la gracia, y hay que confesar que son aptos para dejar abierto el acceso a la comunión de la salvación” Así es y así lo creo, muchos, pero no todos.

Debemos por tanto fomentar ese mucho que nos une, por supuesto, pero también estar precavidos ante ese poco que nos diferencia para no vernos atentados en nuestra propia fe en plenitud. Estoy convencido que eso ni es desprecio, ni juicio ni mucho menos burla, al menos en mi corazón no se albergan tales cosas en este caso.

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Clientelismo en la Iglesia


La clase bulle de emociones como casi siempre que surge cualquier tema con algún contenido de naturaleza sexual. Los chicos, alumnos de bachillerato con una formación religiosa pobre aunque superior a la media general, no son inmunes a las consignas que una y otra vez se repiten hasta la saciedad por televisión y en determinados círculos: “la Iglesia discrimina a los que tienen una conducta homosexual porque no admite el matrimonio de personas del mismo sexo”, “la Iglesia es machista porque no admite mujeres al sacerdocio”….

  • Pues deberías ir a la Parroquia Tal y podrás comprobar que sólo van cuatro abuelitas- salta un alumno de forma vehemente- y como la Iglesia no se modernice y cambie su doctrina para ir con los tiempos al final nadie quedará.
  • Bueno, yo creo que será al revés, que si la Iglesia cambia la doctrina entonces sí que nos quedaríamos en ella tú, yo y dos despistados más. Pero lo que comentas se llama clientelismo, y la Iglesia no debe cambiar su doctrina aunque ello suponga perder fieles como tú dices
  • ¿Y por que no la cambia?- pregunta una alumna apoyando a su compañero
  • Pues simplemente porque no puede. La doctrina de la Iglesia no es suya, es de Dios, y no puede modificarla porque esté o no más o menos de moda. Si lo hiciese entonces sí que no tendría ninguna credibilidad, se convertiría en pura ideología vana, no en el anuncio de la Buena Nueva de Cristo.

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Me acordé entonces de una anécdota que leí hace tiempo, de esas que probablemente sea falsa pero merecería ser cierta, aunque la información que contenía si que es correcta. Según ésta, un conferenciante proponía en su charla las mismas tesis que defendía mi alumno. La Iglesia, si no quería perder fieles, debería adaptarse a los tiempos actuales y admitir el matrimonio entre personas del mismo sexo, los anticonceptivos, mujeres sacerdotisas… Entonces uno de los asistentes levantó la mano y dijo “Mire usted, yo soy anglicano y en mi Iglesia ya tenemos eso mismo que usted dice desde hace décadas, y no sólo seguimos perdiendo fieles, sino que miles de anglicanos se han pasado a la Iglesia Católica”.

Además yo soy de la opinión contraria, que la Iglesia pierde fieles precisamente por todo lo opuesto, por no exponer con claridad y sin medias tintas su doctrina. Creo que cuanto más brutos y directos seamos a la hora de anunciarla, más atractiva será la Iglesia y su doctrina y más alejados se sumarán a ella. Me acuerdo de una frase de mi amigo Pepe González, que comparte conmigo las pasiones de la música y la escritura, autor del libro “Manual básico para católicos sin complejos”, que desde aquí recomiendo, que me decía “Los católicos tenemos el mejor producto y no lo sabemos vender”.

Es cierto que en ocasiones debemos ser suaves y prudentes a la hora de presentar el mensaje del evangelio, pero debemos serlo al estilo de Cristo, por amor al otro, porque le llegue mejor su mensaje… no por calculadas técnicas de marketing o, lo que también tendría bemoles, por temor a ser rechazados o despreciados, por miedo a perder nuestra fama o nuestra imagen. ¡Cuántas veces hemos acallado la voz del Espíritu por nuestros propios complejos o temores!

En cierta ocasión en un encuentro de músicos católicos, hablando de música y evangelización, uno de mis hermanos que llevaba la ponencia dijo

  • Tú no puedes ir a uno que no cree y decirle sin más “Dios te ama”- y los demás presentes asentían con la cabeza dándole la razón
  • ¿y por qué no? – pregunté
  • Pues porque probablemente el otro te escupiría a la cara…

Mi amigo era bienintencionado pero olvidaba una cosa, es muy probable que ese escupitajo sea parte de nuestro “sueldo” como cristianos. A fin de cuentas ya nos lo advirtió el Señor, seremos odiados, calumniados y asesinados por su causa, así que un escupitajo no deja de quedar en una mera anécdota. Pero lo que es más importante, a lo mejor ese mismo que nos escupa a la cara esté necesitado de que alguien tenga misericordia de él y le diga precisamente eso, que Dios le ama, que lo quiere tal y como es, que puede ser feliz y tener vida eterna… aunque no lo comprenda, aunque lo rechace, aunque nos escupa. Ya se encargará el Señor de hacer una historia con él y quién sabe si lo que ahora no comprende se convertirá luego en fuente de vida.

Recuerdo esa magnífica película (apenas 20 minutos de duración) titulada “El Circo de la Mariposa” cuando el director del circo ve por primera vez en una feria, donde lo exhiben como un monstruo, al otro protagonista del film que tiene una enorme minusvalía, no posee extremidades. El primero se acerca asombrado y maravillado ante la contemplación de aquél y le dice casi extasiado “¡eres magnífico!”… y el otro, pensando que se está burlando de su condición, le escupe a la cara. Pero es esa misma frase la que después dará sentido a su vida, la que cambiará por completo su existencia… y no prosigo para no desvelar más la trama (ahora lo llaman hacer “spoiler”)

Sí, estamos necesitados de anunciar la palabra con amor pero sin miedo, con caridad pero sin marketing, con dulzura pero sin echar agua al vino. “¿pero cómo es que nadie en la Iglesia me había hablado nunca de esto?”… me dirá otro alumno entusiasmado ante una novedad recién descubierta del Evangelio y a la vez sorprendido de que ninguno en todos sus años de parroquia y colegio religioso se lo hubiese enseñado.

Si queda algo por anunciar o algo que no hayamos sabido transmitir bien, que sea por nuestras propias limitaciones, que no nos reproche el Señor de la Casa que tuvimos miedo de perder aquello que nos confió y que nos limitamos a enterrarlo bajo tierra para mantenerlo tal cual.

 

 

PD: La acepción de la palabra clientelismo tal y como aparece en este artículo no está recogida por la RAE… de momento, aunque creo que se entiende fácilmente en su contexto: práctica de sustituir en una asociación u organización sus propios fines o contenidos de manera deshonesta con tal de ganar o mantener miembros o adeptos.

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De adaptaciones y oraciones


Siempre me gustó uno de los más conocidos textos de San Pablo, el que aparece en 2Cor 4, 6-15. Me parece de una gran belleza y aún si cabe una mayor fuerza, su viviencia en el sufrimiento, su experiencia de Fe, el reconocimiento de su propia debilidad y al mismo tiempo de la grandeza de Dios, el saber que todo tiene un provecho no para sí mismo sino para los demás…

Como compositor, aunque sólo sea aficionado, no pude resistirme a hacer una canción sobre este texto y poder interpretarla con mi grupo, Hijos De Coré. Pero además para poder rezar con ella de un modo más directo se me ocurrió reescribirlo como una oración personal.

Esto me supuso un gran reto, más bien era un triple reto:  primero tenía que pasar de un texto escrito en 2ª persona del plural (dejo a los lingüistas dirimir si es un plural mayestático o de modestia) y dirigido a una comunidad de creyentes, en este caso a los cristianos de Corinto, a una oración redactada en primera persona y dirigida directamente a Dios, cono la práctica totalidad de las oraciones. Luego debía adaptarlo en forma de poema, con cuartetos y con versos de un mismo número de sílabas o similar, a fin de poder convertirlo finalmente en una canción. Y todo ello tratando de ser lo más fiel posible al texto original como a su espíritu y mantenido en la medida que pudiera su belleza y su fuerza…

Bueno, supongo que me gustan los retos así que no desistí hasta completarlo. El resultado fue la canción “Una jarra de barro”, que con el tiempo se ha convertido en eso que en inglés se llama un standard, uno de los temas que se asocia con el grupo  y que solemos interpretar siempre (o casi siempre) en nuestras actuaciones.

Aunque estoy muy satisfecho y agradecido por cómo quedó (para qué negarlo) supongo que siempre habrá más profundidad al leerlo directamente en el texto bíblico. De todas maneras para que quien quiera compararlo, adjunto a continuación tanto el fragmento de San Pablo como la letra de la canción y un enlace con la interpretación de la misma, en concreto en una reciente intervención en la prestigiosa cadena de televisión EWTN.

Texto bíblico

Dios que dijo “De las tinieblas brille la luz” ha hecho brillar la luz en nuestros corazones,

para irradiar el conocimiento de la gloria de Dios que está en el rostro de Cristo.

Atribulados en todo pero no aplastados; perplejos pero no desesperados,

perseguidos pero no abandonados; derribados pero no aniquilados.

Pero llevamos este tesoro en jarras de barro

para que se vea que una fuerza tan grande es de Dios y no de nosotros.

De modo que la muerte actúa en nosotros, mas en los demás la vida.

Llevamos siempre en nuestros cuerpos por todas partes el morir de Jesús,

a fin de que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo.

Pues, aunque vivimos, nos vemos continuamente entregados a la muerte por causa de Jesús,

Sabiendo que quien resucitó al Señor Jesús, también nos resucitará y nos presentará ante él juntamente con vosotros.

Y todo esto, para vuestro bien a fin de que cuantos más reciban la gracia,

mayor sea el agradecimiento, para gloria de Dios.

En efecto, un pequeño sufrimiento de un momento nos produce, sobre toda medida, un gran caudal de gloria eterna.

Letra de la canción “Una jarra de barro”

Señor, Tú que hiciste la luz de las tinieblas has hecho brillar tu luz en mi corazón,

para que todos puedan contemplar tu Gloria, la que se manifiesta en el rostro de Jesús.

Tengo problemas, pero no me aplastan. Tengo dudas, más no pierdo la esperanza.

Soy perseguido pero Tú no me abandonas; soy derribado pero me vuelves a levantar.

Señor, sólo soy una jarra de barro. Lléname Señor de tu inmenso tesoro

Que quede claro que una fuerza tan grande es sólo de tu Espíritu que habita en mí.

Que pueda perder mi vida para que otros vivan

Llevaré en mi cuerpo el morir de Jesús pues sé que resucitaré con Él.

Me entregaré a la muerte por causa de Jesús, su vida se manifestará en mí.

Señor, todo lo has hecho para mi bien, en cada sufrimiento tú me das la eternidad

Sin pedirme nada tu gracia me regalas por eso hoy tu gloria cantaré.

 

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¿Se nos mueren las órdenes religiosas?


Leo una noticia que no por habitual deja de ser triste. Los miembros de una orden religiosa abandonan una diócesis en la que han estado viviendo, sirviendo y trabajando en los últimos cuatro siglos por la escasez de miembros y nuevas vocaciones. Las estadísticas a nivel mundial confirman de manera alarmante esa tendencia, los religiosos cada vez son menos y más ancianos. Sumo otra que es similar aunque con un punto contradictorio: El número de católicos en el mundo entero crece pero desciende el número de vocaciones.

¿Cuál es el motivo? Difícil saberlo, pero a la hora de dar explicaciones uno de los responsables de la orden que ha marchado a la que me refería lo tenía muy claro “hoy en día los jóvenes ya no quieren ser castos y pobres”. ¿Y ya está?. Estas respuestas tan simples me dejan perplejo, un problema tan serio no puede ser respondido con un “esto es así porque pim y porque pam”.

Pero además, debo reconocerlo y que el Señor y que este señor me perdonen, me indigna. Me indigna la falta de autocrítica, me indigna el poco o nulo trabajo pastoral para revertir esta tendencia… y esta indignación me lleva no a montar un campamento ante el palacio arzobispal para exigir no sé qué, pero si a hacer una breve reflexión, quizá no muy fundamentada y rigurosa pero sí sentida.

Veamos, hay datos que se nos escapan al simplificar las cosas pero no por ello dejan de ser ciertos, a modo de pinceladas, no sé si sueltas o si realmente llegarán a formar un cuadro, voy a lanzarlas sobre el teclado de mi ordenador.

-Las vocaciones siguen siendo ante todo una respuesta a una llamada concreta del Espíritu Santo. Puede que el Espíritu sople en estos tiempos por otro lado, puede que efectivamente tengamos los oídos y los corazones cerrados a su llamada o puede también que aunque algunos jóvenes se lo hayan planteado en alguna ocasión les hayan echado atrás los malos ejemplos de los miembros de algunas órdenes. O puede que hayamos confiado más en proyectos de cooperación con el tercer mundo y obra social, por ejemplo, que en facilitar los cauces para la acción del Espíritu…

-En la Iglesia casi todo pasa excepto la propia Iglesia. Hay realidades de la misma que en su tiempo fueron un magnífico instrumento para la evangelización y la vida de fe de las que hoy ya nada queda o muy pocos conocen. También algunas órdenes religiosas desempeñaron un papel fundamental en determinadas épocas históricas y hoy apenas se conserva un reducto testimonial o han desaparecido. El Espíritu Santo, como decía un amigo mío, emplea andamios diferentes para sujetar la Iglesia según el tiempo concreto que le toca vivir.

-No todas las órdenes religiosas y congregaciones decrecen, algunas crecen mucho y muy rápido. Es curioso que las más novedosas suelen ser las que más empuje experimentan. ¿por qué?. Dice el libro del Apocalipsis contra la Iglesia de Éfeso que reconoce sus trabajos y las pruebas por las que ha pasado, pero tiene una cosa contra ella, ha dejado a un lado y ha enfriado el amor que tenía al principio. Probablemente ocurra así con las órdenes e institutos de siglos, han perdido el amor y el entusiasmo inicial que tienen las nuevas instituciones y se han aburguesado.

-Muchas órdenes han “traicionado” su propio carisma (perdón si la palabra es fuerte): De la regla del fundador en ocasiones queda apenas una referencia en muchos casos. Y si no en la letra sí en la práctica. En muchas de ellas apenas existe ya la oración en común o la comunicación fraterna y sus miembros comparten comedor y trabajo… pero poco más. La obediencia que constituye santo y seña incluso se relaja con la “decisión en conciencia” que en la práctica faculta a los propios religiosos para obedecer o no a sus superiores. El caso es sangrante en aquellas dedicadas a la educación, que en ocasiones más que un apostolado para formar a los niños parecen simples empresas escolares.

-Aunque parezca irrelevante, los religiosos ya casi no usan el hábito propio de su orden, al igual que los sacerdotes diocesanos con el clergyman o la sotana. En un tiempo en que utilizamos la palabra “visibilizar” hasta el hastío (aunque no es correcta según la RAE salvo para hablar de rayos X o de uso del microscopio y similares), visibilizar a las mujeres, a los pobres, a los colectivos marginados, al tercer mundo, a los trabajadores en situación precaria… la mayor forma de “visibilización” que poseen los religiosos que es lucir el hábito. Sin embargo los religiosos no suelen llevarlo y lo utilizan solo en determinados actos. Conocida es la anécdota de San Francisco que llevó consigo a uno de sus frailes a evangelizar al pueblo y anduvieron toda la mañana paseando por el mercado y las plazas  hasta que finalmente regresaron a la porcíuncula, cuando el fraile le preguntó “¿No habías dicho que íbamos a evangelizar?” y Francisco le contestó “Y eso hemos hecho”. Puede así que muchos jóvenes no sepan ni qué es una orden religiosa pese a haberse cruzado con cientos de sus miembros sin saberlo por la sencilla razón de vestir de particular.

-En la última década se ha dado un fenómeno nuevo en las órdenes religiosas, “la importación” de religiosos/as de los países del tercer mundo y/o de países de misión. Este fenómeno tiene dos caras, por un lado la de constatar con alegría cómo los mismos que ayer fueron evangelizados hoy se suman a la evangelización y devuelven la gracia recibida  pero por otro lo que esto implica de falta de vocaciones para las órdenes en los mismos países en las que nacieron. Además en la práctica, y en especial en el caso de las femeninas, las monjitas jóvenes se dedican en buena medida al cuidado de las hermanitas ancianas, cosa que las santifica pero que evidencia una triste situación.

-En ocasiones se ha desligado la pastoral juvenil de la pastoral vocacional. Es sorprendente también cómo estamos viendo últimamente, por ejemplo, ordenaciones sacerdotales de hombres de más de 40 y 50 años. ¿No los llamó Dios en su juventud?. Jóvenes que han pasado la vida en grupos juveniles, muchos de ellos ligados a órdenes religiosas, que no recuerdan en ningún momento que sus monitores catequistas les hubiesen planteado la posibilidad de la vida religiosa de una manera seria… como mucho alguna mención de pasada.

-Otro dato triste y doloroso es ver cómo algunas órdenes religiosas, y de las más importantes y numerosas, se han convertido en paladines del rechazo al Magisterio. Desde algunas de ellas se predican con frecuencia ideas y conceptos que niegan muchas de las afirmaciones contenidas en el Catecismo… y lo hacen con una pretensión de autenticidad que confunde y daña a los creyentes, al Cuerpo de Cristo que es su Iglesia.

Bueno… podríamos seguir lanzando datos, opiniones e intuiciones, pero no sé si serviría de algo. Sé que lo que acabo de escribir es duro y puede que ofensivo para algunos, también para mis amigos miembros de alguna orden o instituto religioso. Seguro que habré exagerado en alguna de estas afirmaciones, seguro que no habré medido bien la carga crítica de alguno de estos puntos y seguro que también habré generalizado en aspectos que son puntuales o minoritarios, pido perdón, pero decirles que lo he hecho con el dolor del corazón herido que en ocasiones te hace ver las cosas más negras de lo que en realidad son.

No sé cual es la voluntad de Dios, no sé si las órdenes religiosas como tal terminarán muriendo y su testigo será recogido por nuevas realidades y acciones del Espíritu, si conocerán un resurgir o si morirán solo las más veteranas para dejar paso a las más recientes… sea como sea espero que el Señor nos de discernimiento para seguir su camino y ser obedientes a su voluntad.

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¿Jesucristo en clave marxista?


En un artículo pasado comentaba la versión blandengue y melosa (ver Jesucristo no es ningún moñas) y ciertamente inexacta que muchos se habían creado de Jesucristo. En ocasiones hacemos “lecturas” de la Palabra según nuestras propias ideas previas o nuestras visión cultural, familiar o sociopolítica que terminan falseando la Palabra. Ya decía San Francisco de Asís que el Evangelio no hay que adaptarlo o matizarlo, sino aceptarlo.

Últimamente observo con sorpresa que en algunos sectores de la Iglesia, ciertamente minoritarios pero bien organizados, vuelve a aparecer un “lectura” en clave marxista o neomarxista del Evangelio propia de los años 70 que creía que había muerto por desfasada, pero parece ser que todavía le quedan unos coletazos. Imagino que habrá recibido algo de aliento con las nuevas corrientes populistas de la “indignación” que parecen estar de moda en algunos países europeos.

Según esta teoría Jesucristo sería un revolucionario, ahora incluso se le aplica otro término más de moda, un “antisistema”, que condujo al pueblo por un camino de liberación como un líder de masas, rompiendo las reglas establecidas y enfrentándose al poder civil y religioso de su época y que terminó muerto por dichos poderes, mientras el pueblo lloró su pérdida y decidió continuar con su lucha por la paz, la libertad, la justicia, la lucha de clases y la colectivización de la propiedad.

Incluso en una primera lectura superficial podríamos llegar a pensar que dicha visión estaría próxima a la verdad: Jesús era de estrato humilde, tuvo un cierto predicamento entre las clases populares, condenó enérgicamente muchas de las prácticas religiosas de su época por lo que las autoridades sacerdotales veían en él una amenaza y finalmente lo entregaron a la autoridad civil que terminó ejecutándolo… ahora bien, si profundizáramos en la Palabra ¿llegaríamos a esa misma conclusión o encontraríamos muchos hechos que más bien apuntarían a lo contrario?. Bueno, sin ánimo de realizar ninguna tesis al respecto si que podríamos ver alguno de estos aspectos con un poco de detenimiento.

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¿Cómo era la relación de Jesús con las masas? Es evidente que Jesús fue popular, famoso en su época, le seguían en ocasiones multitudes, decenas de miles, muchos acudían de otros pueblos y ciudades para escucharle o bien dejaban sus quehaceres para recibirle cuando llegaba a su población, muchos lo aclamaron en su entrada a Jerusalén… Sin embargo y pese a las apariencias no parece que Jesucristo estuviera muy a gusto con la respuesta de las masas. En muchas ocasiones parecía que el pueblo lo siguiese por su propio e inmediato interés, querían ver milagros, querían que Jesús les resolviese sus papeletas particulares. Él mismo tuvo palabras duras contra su propio pueblo en más de una ocasión, incrédulos, aprovechados, perversos, (Mc 8, 38; Lc 9, 26; Mt 13, 39)

Es muy significativa de esta relación el pasaje que se relata en el capítulo 6 del evangelio de Juan. Jesús hace el milagro de los panes y los peces, dando de comer a multitudes, y cuando la gente emocionada pretende encumbrarlo como líder Él se escapa por piernas para estar solo (Jn 6, 15) porque querían “hacerlo rey la fuerza”. Poco que ver son la imagen del caudillo al frente de su pueblo. De hecho el relato continúa diciendo que la gente le sigue hasta Cafarnaum y Jesús les echa en cara que le buscan “no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido hasta hartaros” (Jn 6,26) y de hecho, cuando aprovecha esa misma circunstancia para anunciarles que la verdadera comida y bebida que Él ha venido a darles es su propio cuerpo y sangre, la misma masa que lo ha aclamado como rey apenas 12 horas antes, se marchan escandalizados dejándolo por loco (Jn 6, 35-66). Recuerda tristemente al relato de la pasión, gran parte del pueblo que lo aclama a la entrada en Jerusalén en apenas unos días pide que lo crucifiquen y que liberen a un terrorista en su lugar.

¿Y con los estamentos religiosos?. Ciertamente Jesús fue muy crítico con las clases religiosas de su tiempo. Con los saduceos apenas tiene una disputa sobre la resurrección de los muertos (Mt 22, 23-33) y con quien sí tuvo muchas polémicas fue con los fariseos, en especial por la acusación que les hacía de hipocresía, de querer aparentar, de tratar de cumplir obsesivamente la ley en detalles que llegaban al absurdo pero olvidar ciertamente lo que la sustentaba, la misericordia (Mt 23, 4-7; Lc 11, 47s) .

Ahora bien, aquí tenemos un problema, ¿Fue Jesús pues una víctima del poder religioso contra el que se rebeló?. Los saduceos eran los dirigentes sacerdotales, la clase dominante, pero no así los fariseos. Estos se caracterizaban por el estricto cumplimiento de la Ley pero no por una pertenencia a una clase social concreta. Los había efectivamente ricos, pero la gran mayoría eran de clase media o incluso simples trabajadores o artesanos. Que se aliasen con los saduceos para eliminar a Jesús contradice el supuesto del líder revolucionario condenado por el poder. La predicación de Jesús ciertamente era una amenaza, pero curiosamente el motivo que aparece en los evangelios por el cual “los judios” trataron de matarle en varias ocasiones fue de índole exclusivamente religioso, tuvo la osadía de proclamarse a sí mismo como el Mesías Hijo de Dios, es más, cometió el despreciable y condenable (a muerte) hecho de proclamarse “una sola cosa con Dios” (Jn 10, 30-33), por lo que en varias ocasiones se libró por los pelos de ser apedreado o arrojado por el barranco (Jn 8, 58).

¿Y la autoridad civil?. En tiempos de Jesús esta era ejercida por el imperio romano. Los romanos habían conquistado toda la zona del Mediterráneo, incluida Israel. Allí donde llegaban imponían su “Pax” que básicamente era la imposición por la fuerza de su modelo político y económico, reprimiendo duramente a quienes se oponían pero teniendo la mano izquierda suficiente como para respetar las costumbres y prácticas religiosas y culturales de los pueblos que conquistaban siempre que no supusieran una amenaza para el sistema o el orden público. En los evangelios podemos comprobar como a los sumos sacerdotes se les permite tener su propia guardia incluso arrestar y juzgar a aquellos reos de cometer algunos delitos contra el templo, aunque no les está autorizado condenar a muerte a nadie. Es más, los romanos no sólo no entendían las costumbres religiosas ni las disputas de pueblos como los judíos, incluso las despreciaban como propias de pueblos sin civilización.

¿Y en el caso concreto de Jesús?. La autoridad estaba ejercida por el gobernador Poncio Pilato. Los miembros del sanedrín judío lo llevan ante él para que le diera muerte, y aquí empieza la primera contradicción con la tesis del revolucionario ante el poder civil… ¡Pilato no sabe quién es Jesús!. Si ciertamente el nazareno representaba una amenaza contra el sistema, contra el poder civil establecido, resulta muy extraño que el gobernador no sepa ni quién es.

Pero además el desarrollo del proceso es aún más contradictorio a este respecto, el romano no encuentra ningún delito en Él, le dice a los sacerdotes que no es asunto suyo y que lo juzguen según las propias leyes judías, trata de liberarlo e incluso hasta le pide ayuda al propio reo, intenta quitarse el muerto (nunca mejor dicho) pasándoselo a Herodes, ofrece liberarlo por la Pascua como era costumbre, lo manda a los soldados para que lo azotasen convencido de que un castigo tan cruel calmaría las iras de los acusadores… y cuando finalmente acepta ante las presiones inclusos realiza el gesto de lavarse las manos mostrando su disconformidad.

¿Tanto esfuerzo por conseguir la libertad de Jesús tiene algún sentido? ¿Cómo es posible que la máxima autoridad política intente la liberación de quienes según algunos constituye la mayor amenaza para dicha autoridad?. La respuesta probable es que esa tesis no sea más que una proyección de quienes la formulan y no la realidad contenida en los evangelios, a fin de cuentas Pilato sólo ejercía una autoridad terrenal y el Reino de Jesús no era de este mundo. (Mc 15, 1-20; Mt 27, 1-26; Jn 27, 1-25; Jn 18,28-19,16)

¿Y el poder económico y los ricos?. Ciertamente en tiempo de Jesús no se podría hablar de un sistema económico estructurado, estamos en el S.I, muy alejado de lo que supondría una sociedad capitalista como la entendemos hoy. Lo que sí que vemos es ya la existencia de clases. Hay ricos, terratenientes, artesanos, jornaleros… muchos de ellos son descritos en las parábolas y la predicación del propio Jesús.

Las palabras de Jesús son muy duras contra los ricos, eso es innegable, desde lo difícil que supone que un rico entre en el reino de los cielos o la vana ilusión de que las riquezas te garantizan una seguridad de por vida (Mc 10, 23ss; Mt 19, 23s; Lc 18, 24s) Sin embargo sus denuncias nunca van en el sentido de condenar la riqueza como tal o de criticar a una clase social concreta, más bien apuntan a la codicia, al afán del dinero, a la falta de caridad… pero igual dirigidas a los que tienen mucho como a los que no tienen tanto pero igualmente ansían tenerlo. (Lc 12, 33s; Mt 6, 19s)

A la hora de referirse a la relación entre ricos/pobres, amos/siervos, terratenientes/jornaleros… no hay nada parecido a una proclamación de lucha de clases ni una condena a la propiedad privada ni nada por el estilo, es más, muchos de sus ejemplos y parábolas apuntan a todo lo contrario: el amo no debe agradecer a su siervo que cumpla con su deber, el empleado que viene agotado del campo no se sienta a descansar sin antes haber servido a su jefe, el obrero que realiza lo que le mandan no es más que un siervo inútil que cumple con su obligación… (Lc 17, 7-10)

¿Podemos decir entonces que a la hora de leer el evangelio o de llevar una vida coherente con el mismo no hay ningún tipo de implicación política? No, por supuesto. La vida de fe no se limita a una serie de actos cultuales y privados, como a algunos poderosos les gustaría, sino que tiene implicaciones en todos los aspectos de la vida: la familia, el trabajo, las relaciones personales… y también la política y la organización social. Porque ciertamente Jesús fue un revolucionario, aunque en otro aspecto: su mismo ser, su palabra, su vida y su muerte y resurrección hizo de Él algo totalmente nuevo, distinto e inclasificable a cualquier otro acontecimiento pasado o futuro.

Lo que no podemos afirmar bajo ningún concepto es que el evangelio postule un tipo de sistema político u otro. Este mismo ejercicio que hemos realizado con una posible lectura en clave marxista del mensaje de Cristo podríamos hacerlo exactamente igual con el capitalismo o cualquier otro tipo de ideología.

Que el Señor nos permita aceptar con alegría su Palabra y vivir con coherencia su mensaje en todos los ámbitos de nuestra existencia por encima de conceptos políticos, sociales o personales.

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Los tuits de Jesús (nuevo libro)


 

Ya ha salido publicado mi nuevo libro, el precio me ha parecido un poco elevado para una pequeña obra de 100 páginas, cosas de la editorial y de la amortización, pero me han confirmado que si tiene una buena venta irá rebajándose el precio.

Para adquirirlo se puede pedir por internet en los siguientes por tales

https://www.morebooks.de/store/es/book/los-tuits-de-jes%C3%BAs/isbn/978-620-2-47811-3

o bien

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El Primado de Pedro


Un tema del que trato/discuto en las redes sociales con los hermanos separados con cierta frecuencia es el asunto del primado de Pedro. Es un tema que naturalmente les interesa en el sentido de rebatirlo, puesto que sus congregaciones para empezar surgieron muchos siglos después y además no reconocen el sacramento del orden.

He de confesar que me producen mucha tristeza sus preguntas con respecto a este asunto, no por el contenido de las mismas, que pueden ser muy interesantes, sino porque en la mayoría de los casos lo hacen de forma deshonesta, no les interesa la respuesta sino sólo la objeción y les da igual al final lo que les expliques que ellos seguirán en sus trece… ¿para qué pregunta alguien que no quiere conocer la respuesta?

Los católicos sabemos que Cristo fundó una sola Iglesia sobre Pedro, al que consideramos como el primer Papa, y esa misma Iglesia que subsiste en nuestro tiempo no es ni puede ser otra que la Iglesia Católica. La cita bíblica es bien conocida Mt 16,18a “Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta Piedra construiré mi Iglesia”.

Como los protestantes no pueden negar que dicha frase fue pronunciada por Cristo y tampoco van a reconocer que “no hacen caso a lo que dice la Biblia” (que es curiosamente la crítica que hacen hasta la extenuación a los católicos con el fin de legitimarse), no pueden hacer otra cosa pues que afirmar que la hemos interpretado mal, que Cristo no fundó su Iglesia sobre Pedro, que eso no es lo que significa la frase.

¿Qué argumentan para ello?. Algo tan sencillo como falso, si Jesús es la roca, la piedra, Pedro no puede serlo. Esto es sencillamente absurdo porque sabemos desde niños que una misma palabra puede tener varios significados o utilizarse de diversas maneras según el contexto. Sería como decir que como Jesús ha dicho que Él es la puerta, lo que hay en la entrada de tu casa no puede ser la puerta de la misma.

Pero veámoslo en las misma Escrituras, en la Biblia, y desde un primer momento ya comprobamos que  no existe una acepción única para el término “piedra” como los hermanos separados pretenden hacer creer. Así encontramos la palabra piedra para referirse a los ídolos (Jr 2,27), al corazón impío (Job 41, 46), a YHWH (Dt 32,4)… junto al adjetivo “angular” aparece en los salmos y en los profetas como anuncio mesiánico (Is 28,16; Sal 118), el mesías será la piedra rechazada por los arquitectos y convertida en piedra angular, de la misma manera que los doctores de su propio pueblo rechazaron a Jesús… pero también, y este es el caso que nos ocupa, será usada como nombre propio, “Cefas”, Pedro, cuando Jesús le cambia el nombre a Simón.

¿Por qué Jesús cambia el nombre a Simón?. Si vemos en la Biblia cada vez que Dios cambia el nombre a alguien es para darle una nueva misión y/o dignidad, Abram a Abraham, Saray a Sara, Jacob a Israel… ¿cuál es esa nueva misión que Jesús le da a Simón, ahora Pedro?. Siempre que Dios le cambia el nombre a alguien a continuación explica el significado del mismo, en este caso es claro tal como leemos en Mt 16,18a “Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta Piedra construiré mi Iglesia”. Jesús sabe próxima su muerte y posterior partida al Padre y quiere dejar su Iglesia, (la suya, la única Iglesia de Jesucristo) bajo la dirección de sus apóstoles y de Pedro en particular.

Capilla del Primado de Pedro con el “Mensa Christi” la roca sobre la que según la tradición Jesús encargó a Pedro la misión de “apacentar a su rebaño”.

 

¿Y no podría ser que, tal como dicen los protestantes, Jesús estuviese hablando de sí mismo? Esta afirmación resulta también un sinsentido. Para empezar Jesús no hace jueguecitos de palabras ni trabalenguas, no le dice a Pedro “tú eres Piedra, y sobre esta Piedra que no eres tú sino que soy Yo edificaré mi Iglesia sobre mí mismo”… no, está claro que Jesús se refiere a Pedro, la piedra sobre la cual va a construir.

Pero además, y por si hubiera alguna duda, no es la única vez en que Jesús le manifiesta esta misión, sino que lo hace en dos ocasiones más y muy significativas, sin que tenga que usar esta vez los términos roca, piedra, ni ninguno similar.  La primera durante la última cena, Lc 22,32, “yo he rogado por ti, para que tu fe no falle; y tú, una vez vuelvas, confirma a tus hermanos”. Si nos fijamos Jesús habla personalmente a Pedro, “rezo por ti” no “por vosotros”; “confirma” no “confirmad”… Jesús vuelve a encargarle la misión de “confirmar en la fe a los hermanos” a Pedro. Y la segunda aún más significativa en Jn 21, 15-17 una vez Cristo ha resucitado, frente a un fuego y tras preguntarle por tres veces si le ama (un claro paralelo a las tres veces que le negó junto a otro fuego) le dice en otras tantas ocasiones “Apacienta mi rebaño”. A Pedro, en persona y de manera individual, le encarga esa misión, el rebaño no es de Pedro, es de Cristo, pero el encargado de dirigirlo es Pedro por decisión del mismo Jesús.

Esto además lo podemos luego corroborar en la práctica apostólica y de la Iglesia primitiva, Pedro, aún formando parte del cuerpo apostólico, se le menciona a parte, “Pedro y los doce” (1 Cor 15,5); cuando Pablo sube a Jerusalén a presentar a los apóstoles su misión es a Pedro al que acude, cuando Juan y Pedro llegan a la tumba del resucitado Juan cede el paso pese haber sido el primero, en Pentecostés el Espíritu Santo desciende sobre María y los apóstoles pero es Pedro el único que toma la palabra…

¿Por qué entonces los protestantes que presumen tanto de seguir la Biblia omiten estas referencias bíblicas, acaso las desconocen? Evidentemente no es ese el problema. Hemos de tener en cuenta que la cita completa del primado de Pedro es Mt 16,18 “Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta Piedra construiré mi Iglesia, y el imperio de la muerte no la vencerá”.

Queda claro que Jesús funda una sola Iglesia, no funda cientos de miles de congregaciones como las protestantes; queda claro que la Iglesia de Cristo es la fundada sobre Pedro, y por tanto no pueden ser cientos de miles de congregaciones dispersas surgidas 16, 17 y hasta 20 siglos después y queda claro también que Jesús profetiza que su Iglesia nunca será vencida, por lo cual la misa Iglesia que Él fundó sobre Pedro subsiste hoy en día (y ha subsistido desde entonces), evidentemente, en la Iglesia Católica. Cada sacerdote ha sido consagrado (que no nombrado, autonombrado o elegido como sucede en las congregaciones protestantes) por un obispo que a su vez fue consagrado por otro, y ese por otro… y así sucesivamente hasta los mismos apóstoles.

Que un protestante tenga en cuenta todo esto supone reconocer que no tiene sentido estar separado de la Iglesia de Pedro, de la Iglesia que Jesús fundó, la Iglesia Católica… con lo cual sólo tienen dos salidas, o emprenden el “regreso a casa” y se convierten al catolicismo, cosa que han hecho miles y miles de ellos, Bendito sea Dios, o se enrocan en sí mismos intentando de manera torticera dar una interpretación absurda de Mt 16 y cerrando los oídos y el corazón a Lc 22, Jn 21 y a todo el resto de citas bíblicas sobre el primado de Pedro.

Mientras eso no suceda los católicos y los protestantes, en lugar de enzarzarnos en la diferencias que nos dividen, deberíamos tratar de convivir fraternalmente y hacer hincapié en aquello que nos une que es mucho más de lo que nos separa. ¿volveremos algún día a estar todos los cristianos unidos en la única Iglesia de Cristo bajo el primado del sucesor de Pedro? Dios lo quiera, recemos pues.

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