¿Una canción pro-vida? Una canción pro-vida.


Dicen que para que se produzca el hecho artístico se deben dar dos cosas: La primera la excelencia del creador y la segunda la reacción del espectador.
La obra creada debe tener por tanto una calidad, una belleza, incluso una intención en el autor, pero después cada espectador, cada oyente o lector reacciona de manera personal, la interpreta, la reinterpreta, le produce una serie de emociones de manera que, aún siendo la misma obra, cada uno puede entenderla o interpretarla de formas distintas e incluso contrarias. El autor crea, el espectador recrea, también incluso de forma distinta o contraria a la que era la intención del primero.

Por eso voy a hacer en este caso un ejercicio de lo que acabo de exponer. Hay una canción muy conocida de un autor igualmente famoso que cada vez que la escucho no puedo entenderla de otra manera que la de un alegato en favor de la vida del no nacido, del niño que empieza a formarse en el útero de su madre y que ansía nacer y recibir un beso de ella. Naturalmente desconozco la intención original del autor, pero como digo en estos casos, me da igual, ya que tal como hemos comentado el arte se produce de la belleza del autor a la recreación del espectador y en este caso se dan ambas cosas. La canción es realmente hermosa, emotiva y la recreación en mí es personal, diríamos que inevitable.

Voy a hacerlo al revés, primero pondré la letra recreada por un servidor según lo que a mí me inspira y después la letra original y también el vídeo de la canción, para que cada uno pueda compararlas… y si después de leerlo a cualquiera que vuelva a escuchar esta canción le viene a la mente lo mismo que a mí me ha inspirado, lo siento mucho… bueno, la verdad es que no lo siento en absoluto, ¡qué leches!

 

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Letra recreada

¿Que puedo decir yo?
Acabo de llegar,
de empezar a existir, a vivir,
acabo de ser concebido.
Estoy en lo que se llama útero,
es líquido, esférico,
como un mar sin esquinas.
Tengo que inventarme,
que ir haciéndome yo,
formándome poco a poco
al igual que el pez que empieza
por las espinas…
¡Dejadme nacer!

No puedo escribir nada
aún en un papel
ni mi voz está lista para cantar,
pero ansío lo que espero tener
y que es posible que nunca tendré,
el beso que ella aún no me ha dado.
¡Dejadme nacer!

Tienes dudas, me preguntas qué hacer,
que he venido fruto de un error…
pero poco puedo saber,
aún debo encontrar mi propio ser,
como la melodía de una canción…
¡Dejadme nacer!

La vida es algo que cada uno
tiene que vivir,
que experimentar, que saborear…
y cada vida es distinta,
cada una tiene su propio sabor,
mi vida es distinta a la tuya,
yo no puedo cubrir tu debilidad,
tus huesos, con mi piel.
¡Dejadme nacer!

Por eso tengo que deciros que no,
que me queda toda una vida por delante.
¡Dejadme nacer!

Y esta de aquí abajo es la letra original de la canción, serán muchos los que habrán adivinado que se trata de la conocida ACABO DE LLEGAR de Fito y Fitipaldis

Qué te voy a decir si yo acabo de llegar,
si esto es como el mar, ¿quien conoce alguna esquina?
Dejadme nacer que me tengo que inventar,
para hacerme pez empecé por las espinas.

Nunca lo escribí en un papel y nunca lo ha cantado mi voz
y tú ahora me preguntas qué hacer y yo, que siempre voy detrás del error,
que canto a lo que nunca tendré, al beso que ella nunca me dio…

Dime tú qué puede saber alguien que ha pasado la vida buscando la melodía.
La vida es algo que hay que morder y en cada boca tiene un sabor,
tus huesos no los tapa mi piel
por eso siempre digo que no, perdona, tengo cosas que hacer,
que aún me queda media vida para encontrar la melodía…

 


 

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Disco gratuito de Hijos De Coré


Los lectores habituales de este blog probablemente recordarán que he mencionado en varias ocasiones (y también aparece en la información de la cabecera) que pertenezco al grupo de rock católico Hijos De Coré, del que soy cantante, bajista y compositor.

Me es muy grato anunciar desde estas líneas que ya está disponible el

DISCO DE HIJOS DE CORÉ

“Tocad para nuestro salvador. Temas en directo 2007-2011”

para su descarga gratuita.

Se trata de una selección de 11 canciones grabadas durante las actuaciones de dicho periodo, recientemente restauradas y masterizadas en los prestigiosos estudios de Paco Martínez Aranda en San Javier (Murcia. España). Los temas son de los más representativos del grupo, con letras tomadas principalmente de los salmos de la Biblia, pero también con textos de San Pablo,  el profeta Isaías y otros propios, interpretadas a ritmo de rock and roll y también algunas de tempo más lento.

La descarga se realizará mediante una archivo de acceso libre de Dropbox que contiene los audios de las canciones listos para ser pasadas a CD, así como un libreto con la portada y las letras de las canciones y otro para imprimir como adhesivo para el disco.

PARA ACCEDER AL DISCO CLIKE SOBRE LA IMAGEN Y UNA VEZ ENTRADO EN LA WEB, ACCIONE LA CASILLA “ABRIR” (LA OPERACIÓN PUEDE DURAR UNOS SEGUNDOS) PARA QUE EL ARCHIVO COMPLETO SE DESCARGUE EN SU ORDENADOR.

portada

PD: No es necesario tener cuenta en Dropbox, el archivo es de acceso libre. No obstante si apareciera una casilla ofreciendo guardarlo en su cuenta mediante contraseña, le recomendamos que en lugar de eso seleccione el apartado “ir a la descarga directa”.

Si aparece un aviso de “no se puede realizar vista previa” no se trata de ningún error. Es simplemente que el archivo está comprimido para facilitar su descarga y se abrirá una vez que se haya producido esta.

De todas maneras si tuviera algún problema siempre puede escribirnos a hijosdecore@gmail.com y se lo solucionaríamos.

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El mundo ideal que todos imaginamos


Muchas son las corrientes filosóficas, políticas o humanistas que han imaginado un mundo ideal, incluso personalmente cada uno de los miles de millones de habitantes que pueblan la Tierra más de una vez han pensado en que sería deseable un mundo sin las miserias y calamidades que nos asaltan cada día.

Casi siempre es radicalmente distinto al mundo tal y como es hoy en día donde existen las guerras, la pobreza, el odio, los abusos, la degradación, la mentira, los robos, la corrupción…

Seguramente si cada uno de nosotros dijéramos cómo imaginamos ese mundo ideal  diríamos cosas muy semejantes a las siguientes:

– Un mundo en el que no hubiese guerras, ni terrorismo, ni odio, ni asesinatos, ni abusos. Un mundo en paz y en armonía, donde el amor fuese la norma de conducta.

– Un mundo donde existiese el amor verdadero, donde las parejas se amasen sin traiciones ni engaños para toda la vida. Donde el cuerpo no fuese un objeto de placer sino de amor compartido y fecundo, donde no hubiese prostitución, ni pornografía, ni violaciones, ni pederastia, ni depravaciones contra natura.

– Un mundo donde no existiese ni la mentira ni la estafa. Donde todos fuesen capaces de mantener la palabra dada. Donde un sí o un no tuviesen mucho más valor que todas las leyes juntas.

– Un mundo donde los hijos respetasen y amasen a sus padres, donde a los ancianos se les reconociese su dignidad y no se les dejase de lado.

– Un mundo sin robos, sin corrupción, sin enchufes, donde la honradez fuese un valor supremo, donde cada uno recibiese lo que le correspondiese en base a su capacidad y a las necesidades de su familia.

– Un mundo sin codicia, si consumismo, donde el dinero no fuese el motor de todo, donde no hubiese ni pobreza, ni miseria, ni hambre, con un justo reparto de las riquezas. Sin explotación del tercer mundo ni sueldos ni trabajos de miseria.

– Un mundo donde no se viviese para trabajar, con jornadas interminables u horarios que alterasen la vida familiar, sino donde cada uno pudiese trabajar para su sustento y para el bien común pero tuviese también tiempo para la familia, el descanso y el ocio.

– Un mundo donde no se redujese todo a lo material, sino donde hubiese la posibilidad de desarrollar la vida de fe y la práctica religiosa y espiritual sin impedimentos ni persecuciones.

mundo ideal

Con mayores o menores matices seguro que todos subscribiríamos un mundo así, un mundo que llevamos anhelando desde que el hombre es hombre, un mundo que han perseguido y anhelado miles de personas e ideologías, un mundo también, y hay que decirlo así, que tratando en ocasiones de ser construido a base de imposiciones consiguió exactamente el efecto contrario…

¿Pero existe realmente la posibilidad de lograrlo?. Probablemente del todo nunca, ya que el ser humano no dejará de ser débil y pecador, aunque si es cierto que como en todo camino la meta estará siempre más cercana cuando más avances hacia ella.

Lo más “curioso” del caso (perdóneseme la expresión, que para algo la he puesto entrecomillada) es que de todos los proyectos humanos, filosóficos, políticos, humanistas, religiosos o sociales, el único que coincide con el 99% de los deseos de la humanidad no lo formuló ningún humanista, filósofo o político, ni siquiera ningún profeta o líder religioso… lo hizo el mismo Dios nuestro Señor cuando le entregó los diez mandamientos a Moisés.

Ojalá algún día, con la ayuda de su Gracia, sean muchos los que hagan del decálogo su código de conducta.

 

LOS DIEZ MANDAMIENTOS

Éx 20, 2-17; Dt 5, 6-21 Fórmula catequética
Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. Yo soy el Señor tu Dios
No tendrás otros dioses. No te harás una imagen, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua bajo tierra. No te postrarás ante ellos, ni les darás culto. 1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
No pronunciarás el Nombre del Señor, tu Dios, en falso. 2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
Guarda el día del sábado, santificándolo, como el Señor, tu Dios, te ha mandado. Durante seis días trabaja y haz tus tareas; pero el día séptimo es día de descanso dedicado al Señor, tu Dios. No harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu buey, ni tu asno, ni tu ganado, ni el inmigrante que viva en tus ciudades. 3. Santificarás las fiestas.
Honra a tu padre y a tu madre 4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
No matarás. 5. No matarás.
No cometerás adulterio. 6. No cometerás actos impuros.
No robarás. 7. No robarás
No darás falso testimonio contra tu prójimo. 8. No darás falso testimonio ni mentirás.
No pretenderás la mujer de tu prójimo. 9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
No codiciarás los bienes de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, nada que sea de él. 10. No codiciarás los bienes ajenos.
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Nos siguen sorprendiendo las vocaciones en el Camino Neocatecumenal


Termina la JMJ en Cracovia y al día siguiente, lunes, como ya es tradicional desde que la JMJ aún no tenía ese nombre, se organiza un acto vocacional por los miembros de la comunidades neocatecumenales.

El acto es relativamente simple, una primera presentación de los obispos y cardenales presentes, muchos de ellos dan alguna breve locución a los asistentes, un saludo a los peregrinos por sus países de origen, algún canto, una catequesis más o menos extensa del iniciador Kiko Argüello y otras algo más breves de los otros dos miembros del equipo responsable internacional, el padre Mario Pezzi y la otra iniciadora, Carmen Hernández, sólo que en este caso fue la primera ocasión en la que no intervino al haber fallecido recientemente.

Posteriormente se invita a todos los jóvenes a que permanezcan sentados y una vez hecho esto se pide a los chicos que hayan sentido una vocación al sacerdocio que se pongan en pie (el término “levantarse” ya ha quedado como sinónimo de “responder a la vocación de Dios en un encuentro vocacional o convivencia del camino neocatecumenal”) y que acudan al estrado donde se hará una oración general por todos ellos y posteriormente pasarán a recibir la imposición de manos de los obispos. A continuación se realiza otro tanto con las chicas para la vocación religiosa.

Este año con novedades, también se ha pedido familias en misión, otro servicio del camino neocatecumenal a la Iglesia en la que parten a las misiones familias enteras pero que no se suelen pedir en este tipo de actos, y además es la primera vez que el número de chicas supera al de chicos, cuando normalmente es al revés. Según los datos unos tres mil chicos y unas cuatro mil chicas.

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Ciertamente ver miles de chicos que se ponen en pie manifestando su voluntad de consagrarse al servicio de Dios y de su Iglesia y ver como forman ríos inmensos de gente avanzando hasta el estrado no deja de ser emocionante. Entre tanto ateísmo, tanta persecución, tanto materialismo y hedonismo verlos entregando generosamente sus proyectos de vida es un espectáculo que por muchas veces que lo hayas contemplado conmueve y sorprende… ¿sorprende? ¿por qué nos sorprende?.

La pregunta no es baladí. Veamos, según las noticias al evento acudieron unos 150.000 jóvenes. Siempre que veo una cifra de un acto público me da la impresión de que está optimistamente inflada, ya sean los asistentes a una manifestación por el trasvase del Ebro o a un concierto de música de una gran estrella del pop, así que voy a reducir y redondear la cifra a 100.000. De esta manera los chicos y chicas levantados, esos 7000 (daré el dato por cierto para no liar más la cosa) supondrían un 7% del total, “solamente” un 7%, uno de cada 14 jóvenes.

Naturalmente debemos relativizar las cifras. De estos 7000 chavales sólo un porcentaje llegará a ordenarse o consagrarse, deberán pasar por un proceso de acompañamiento en el que algunos acabarán efectivamente en el seminario o el convento pero otros cambiarán su orientación o la propia Iglesia será quien se lo desaconseje. Sea como sea lo que sí que parece confirmado es que, bien como consagrados o bien como laicos, la inmensa mayoría seguirán en la Iglesia. Pero también debemos afirmar otro dato objetivo, hoy por hoy el Camino Neocatecumenal es la realidad eclesial que probablemente más vocaciones aporta a la Iglesia. Hace poco un sacerdote recién ordenado me comentaba: En mi diócesis este año nos ordenamos 7 sacerdotes, 6 de ellos del seminario Redemptoris Mater (los seminarios que sustenta el Camino Neocatecumenal) y el otro del Seminario General Diocesano que también está en comunidades.

Pero volvamos a la sorpresa. ¿Por qué nos sorprende que haya tantas vocaciones en el camino neocatecumenal? O dicho de otra manera ¿Por que no hay un número similar de vocaciones en otras realidades de la Iglesia?. Mirándolo fríamente, si tenemos un grupo de 15 chicos y chicas que viven juntos su fe, que acuden a catequesis u otro tipo de formación religiosa, que celebran de vez en cuando algún retiro o convivencia, que acuden a misa los domingos y a algún que otro acto de oración o de adoración eucarística entre semana… es lógico pensar que alguno de ellos manifieste una vocación al sacerdocio o la vida consagrada de la misma manera que es igualmente lógico esperar que se formen parejas de novios que más tarde lleguen a constituir matrimonios y familias cristianos.

¿Por qué no sucede entonces así normalmente? ¿Por qué hay tanta escasez de vocaciones habiendo tantos movimientos juveniles católicos?. Vamos primero con lo negativo. Naturalmente como no conozco particularmente ninguno de estos grupos a fondo me limitaré a lanzar hipótesis, con el único ánimo de ver probabilidades y de no juzgar a nadie.

Para empezar pudiera ser que muchos de estos grupos juveniles cristianos solo tuviesen de cristianos el nombre y que en realidad no practicasen todos esos actos de devoción que hemos citado y que se les supone, dedicándose a actividades de tiempo libre, juegos, películas, campamentos… con poca práctica religiosa y como mucho con temáticas relacionadas con “valores” (solidaridad, paz, justicia) de manera que la formación religiosa no se produzca como tal.

Otro problema pudiera ser la práctica religiosa basada en el sentimiento: somos jóvenes, nos queremos, disfrutamos de la amistad, de estar juntos cantando bonitas canciones tralará, tralará… calentándonos el corazoncito pero sin una vivencia real de la fe, profunda y probada, que de esta manera se diluye con los desengaños y la dificultad de la vida adulta.

Otra causa podría ser el aislamiento. La vivencia eclesial de los miembros del grupo joven se reduce casi exclusivamente (o sin el casi) al propio grupo. Participo de la actividad del grupo pero ni voy a misa, ni me siento integrado en el global de la parroquia, ni sé compartir mi fe con gente de otras edades… de manera que cuando el grupo va deshaciéndose por la edad o por el paso a la universidad o al mundo laboral los miembros del mismo van abandonando la Iglesia.

Así podríamos citar varias posibilidades más, pero volviendo al tema de la vocaciones del camino neocatecumenal la pregunta habría que hacerla en positivo ¿por qué entonces surgen tantas vocaciones en las comunidades? ¿Hay algún secreto?.

Para empezar ya puedo decir por mi propia experiencia, que llevo un porrón de años en el Camino pero que también por mis actividades musicales y pastorales convivo y me relaciono con personas de casi todas las realidades de la Iglesia (que son muchas y variadas gracias a Dios), que el “éxito” del mismo no está en las virtudes de sus miembros. Los hermanos del camino ni son más santos ni más creyentes ni más listos que los que forman parte de cualquier otro grupo eclesial, incluso en muchas ocasiones al contrario. Yo mismo me maravillo de la confianza en la providencia o la devoción eucarística que encuentro en otros muchos creyentes de tantas y tantas realidades.

Pero sí que es cierto que en el Camino Neocatecumenal existen unas “intuiciones” y unas prácticas pastorales que son propias y que es posible que contribuyan al surgimiento de las vocaciones que puede que se echen a faltar en algunos otros ámbitos. Repito, es “probable”, ya que al final del todo no quedan ni estructuras, ni grupos ni planes pastorales… solamente la acción del Espíritu en cada persona y su respuesta libre a la misma.

Podrían citarse y analizarse muchas, pero me voy a referir a sólo a unas pocas, que considero más importantes:

-Paradójicamente los jóvenes del camino neocatecumenal no forman grupos juveniles, no existe una “rama joven” de comunidades, sino que estos se integran en una comunidad de adultos, donde conviven desde adolescentes a ancianos, solteros, matrimonios y consagrados… de esta manera el grupo no se disuelve al llegar a una cierta edad o circunstancia y los chavales aprenden a compartir su fe con gentes diversas, no sólo con los de su edad y condición.

– La pastoral se basa fundamentalmente en el estudio, proclamación y profundización de la Palabra de Dios y, y esto es fundamental, cómo se va cumpliendo y haciendo carne en la vida cotidiana. No hay “happenings”, ni actividades de tiempo libre ni apelaciones al sentimiento, sino una vivencia progresiva de la fe que no se queda en lo superficial sino que se hace cada vez más profunda.

-La familia es transmisora de la fe. Los padres rezan con sus hijos, en especial los domingos en los laudes, acuden en familia a las celebraciones de la Eucaristía… y los papás por tanto no se limitan a “dar buen ejemplo” sino a entregar a sus hijos lo mejor que tienen.

-La predicación es siempre conforme al Magisterio. No se trata de lo que uno pueda pensar individualmente ni de adaptar la doctrina, en especial los elementos más duros o difíciles, rebajando las consecuencias o las condiciones de la misma. De esta manera no se vive un cristianismo light, sino que el joven es consciente de su propia limitación y de la necesidad de la Gracia y no vive tampoco una contradicción entre lo que se le predica en su comunidad y lo que dicen el Papa, los obispos y los documentos del Magisterio, cosa que tanta confusión provoca en muchos fieles en ocasiones.

– Existen momentos concretos, como los eventos con los que hemos comenzado el artículo, en el que a los jóvenes del Camino Neocatecumenal se les invita a plantearse su vocación. Es probable que muchas vocaciones se pierdan por la sencilla razón de que el posible llamado ni se lo ha planteado, pero entre los chicos de comunidades en más de una ocasión se ven en esta circunstancia.

Podríamos apuntar alguna que otra causa más. Seguro que un sociólogo de la religión encontraría bastantes más de ellas o incluso daría por poco consistentes las que he anotado aquí, pero tan sólo he querido pegar un par de brochazos al respecto.

Ojalá que todas las realidades de la Iglesia sean un vivero de vocaciones religiosas. Pidamos al dueño de la mies que envíe obreros a su mies.

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La ¿rectificación? de la Real Academia de la Lengua sobre la homofobia.


Hace ya unos años escribí en este blog un artículo titulado “La perversión (contra la Iglesia) del lenguaje” en el que analizaba cómo se usan expresiones, frases hechas y modos de presentar los acontecimientos a la hora de hablar de temas eclesiásticos: cómo se presentaban las noticias en los informativos, cómo se generalizaban y aireaban los sucesos tristemente escandalosos en el Pueblo de Dios mientras se ocultaban y minimizaban sus grandes méritos, cómo se confundían y tergiversaban los hechos por ignorancia o por malicia, etc, todo ello con la intención de desprestigiar, difamar e incluso calumniar a la Iglesia católica.

Un párrafo de ese mismo artículo lo dedicaba a la presión del lobby gay a la hora de demonizar a la Iglesia y a todo aquel que no compartiese sus postulados y cómo había introducido un término, homofobia, para insultar a aquellos que mantuviesen una postura diferente y considerasen ilícita moralmente la relación sexual entre personas del mismo sexo o la pretensión de equiparar estas a la noción de familia. Analizaba además cómo de manera vergonzosa y vergonzante la Real Academia se había bajado los pantalones (no haré el chiste fácil) aceptando esa palabra en los términos en los que dicho lobby los utiliza.

Así recordaba en dicho artículo que la palabra homosexual proviene del griego “homos”, igual o semejante y del latín “sexus”. Un homosexual es por tanto el que mantiene relaciones con los iguales a él, con los de su mismo sexo.

De igual manera la palabra homofobia vendría del griego “homos” y “phobia” y por tanto un homófobo sería el que siente fobia (odio, miedo, rechazo) por sus iguales. Un médico homófobo, por ejemplo, sería el que tiene fobia a los demás médicos. Pero no, la RAE afirma, ojo al dato, que homofobia no viene de los términos griegos homos y phobia… ¡sino DEL INGLÉS homophobia!, y esta palabra la definía como aversión obsesiva hacia las personas homosexuales.

Lo curioso es que, burradas etimológicas aparte, la RAE distinguía el hecho en sí de las personas que lo practican y hablaba de “personas homosexuales”. A mi juicio habría que decir con propiedad “personas de conducta homosexual” ya que las personas homosexuales como tal no existen, aunque ese sería tema para otro artículo que ya escribí, Iglesia y homosexualidad. Sin embargo esta distinción no era tenida en cuenta por el lobby gay y por los partidarios de la ideología de género.

Así, si alguien manifestaba su respeto a todas las personas con independencia de su conducta sexual aunque considerase ilícita moralmente la homosexualidad o estaba en contra de dar carta legal de matrimonio a uniones de personas del mismo sexo, era insultado por sus detractores de fascista, liberticida, retrógrado, discriminador…y cómo no, de homófobo. Y todo ello aunque no hubiese manifestado ninguna “aversión obsesiva hacia las personas homosexuales” que era al fin y al cabo la definición de la RAE.

En el caso de la Iglesia, que afirma que el matrimonio solo puede ser entre un hombre y una mujer, automáticamente le cuelgan la etiqueta de homofobia. Ya lo sabes, si perteneces a la Iglesia te conviertes en una persona “aversiva” (esta palabra no existe) y obsesiva hacia un tipo concreto de personas, toma ya.

Pero el hecho es que el otro día volví casi de forma casual a encontrarme con la definición de la palabreja de marras, “homofobia”, en la RAE y… ¡tachán!, habían cambiado la definición. Pero para aquellos que piensen que había corregido la etimología, según la cual afirmaba que una palabra compuesta por dos términos griegos proviene del inglés, les tengo que dar la mala noticia, lo que habían cambiado como he dicho es la definición, no la etimología.

¿Cuál es esa nueva definición? ¿Hasta que punto el cambio de definición se debe a términos exclusivamente lingüísticos y no a presiones de lobbies gays y partidarios de la ideología de género?. Vamos a verlo. Lo que dice ahora la RAE es que homofobia significa “aversión hacia la homosexualidad o las personas homosexuales”. ¿Increíble?… pues sí, pero cierto.

 

diccionario

Para empezar ha desaparecido de la definición la palabra “obsesiva”, vaya, supongo que aquellos que hemos sufrido innumerables veces el insulto de homófobos no sé si nos consolará saber que tenemos aversión pero no obsesión… ¡tócate las narices!. Pero lo más tristemente sangrante es que ahora ya no distingue entre el hecho y las personas que lo practican, de manera que aunque respetes a todos aquellos que tengan una conducta homosexual, aunque afirmes la libertad individual de las personas en sus actos siempre que sean consentidos te puedan gustar o no, aunque estés en contra de cualquier trato vejatorio o discriminatorio hacia los que presentan esta conducta, aunque afirmes que todas las personas son hijos amados de Dios con independencia de lo que hagan en la cama… si afirmas que consideras la homosexualidad como un acto moralmente ilícito que hace daño ontológicamente a quienes la practican o si consideras un error el dar carta legal de matrimonio y de familia a las uniones entre personas del mismo sexo, has manifestado un rechazo (aversión) hacia la homosexualidad y ya eres un homófobo con todas las de la RAE.

Es decir, que si a mi y a otros muchos nos han insultado el lobby gay, los partidarios de la ideología de género, las feministas y los izquierdosos, ahora se suma a la lista de calumniadores los muy ilustres académicos de la RAE.

Pues no, mis admirados (en otras cosas) académicos de las sillas con nombres de letras. Considero que la práctica sexual con personas del mismo sexo es moralmente ilícita, que hace daño a quienes la practican y que en ningún modo es comparable ni antropológicamente ni legalmente a la unión matrimonial ente un hombre y una mujer, base de la familia y por tanto de la sociedad. Y les digo mis admirados (en otras cosas) académicos que ni antes tenía obsesiones, ni ahora sigo teniendo aversiones, ni fobias, ni repugnancias, ni miedos, ni odios hacia ninguna persona sea lo que sea lo que haga en la cama (siempre de forma consentida, se entiende) me parezca correcto o no. La próxima vez piénsenselo mejor, aunque sólo sea un poquito. Gracias

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Me encuentro con Jesucristo con cierta frecuencia pidiéndome limosna.


Me encontré a Jesucristo el otro día. Estaba pidiendo en la calle, a la puerta de la librería de Paulinas de mi ciudad. Tenía el rostro ajado y moreno, un tatuaje sobresalía por encima de la barba en su mejilla izquierda y su aliento olía a cerveza.

– Dame algo, jefe – me dijo – mira a ver si llevas un millón de euros por ahí.

– Si vas picando tan alto no creo que nadie pueda ayudarte

Tengo la mala costumbre de no llevar casi nunca dinero encima, así que nada podía darle, se lo dije y nos pusimos a hablar.

– Pues si no tienes nada cámbiame tu sitio de dormir por el mío esta noche – me dijo.

– Podría hacerlo, pero a ver como le digo a mi mujer que esta noche no voy a dormir yo en la cama y que mi lugar lo ocupará otro señor. Nos echaría de casa a los dos – Jesucristo rió con mi ocurrencia.

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Lo volví a ver al día siguiente. Salía yo de la Facultad de Teología. Unos seminaristas que iban delante de mi le dieron algo. Cuando llegué junto a él también alargó la mano para pedirme. Me volví a disculpar (siempre sin dinero encima). Esta vez era más joven. Andaba encorvado, no sé si por el frío, y arrastraba una ligera cojera en su pierna derecha. Me fijé en su rostro. A pesar del gorro de lana viejo que llevaba en la cabeza y la barba poblada era un hombre guapo. Tenía unos ojos muy bonitos, de un color azul muy claro y aunque su expresión en español era correcta se le notaba algo de acento, probablemente de Europa del este.

Me lo imaginé afeitado y vestido de traje y se me antojó que podría haber sido un joven y exitoso abogado casado con una chica guapa y con varios hijos pequeños monísimos. Igual hasta lo fue en un pasado reciente. Hablamos del frío, esos días había bajado mucho la temperatura de golpe.

-¿Duermes en la calle?

– No, en un parque.

La respuesta, pese a lo triste, me produjo una sonrisa. Para mí no había ninguna diferencia pero para Jesucristo sí, él no dormía en “la calle”. Era como si me mostrara que tenía dignidad, la dignidad de alguien que pide limosna, pero dignidad al fin y al cabo.

Al día siguiente y en el mismo sitio lo volví a ver. Esta vez había cambiado de sexo, Jesucristo era una mujer y por su apariencia supuse que sería una gitana rumana. Iba acompañada de su hijo. De unos 7 u 8 años de edad. Me pidió, me disculpé… pero palpando mi chaqueta noté un caramelo. Viky, la secretaria de la facultad, suele poner un cuenco con caramelitos en el mostrador para agasajar a los que entran. Aunque no soy muy goloso, me tira más lo salado, siempre que entro tengo la costumbre de llevarme uno o dos al bolsillo, ya casi de forma automática.

– No tengo dinero – le dije a Jesucristo – pero si que llevo un caramelo para tu hijo.

Se lo dí. Le quitó el envoltorio al instante y se lo llevó a la boca. No dijo una palabra pero me miró y sonrió agradecido.

Mi padre siempre me decía, y alguna vez me lo sigue diciendo con esa manía que tienen los padres de seguir dando recomendaciones a sus hijos aunque estén a punto de cumplir 50 años, que debía llevar siempre algo de dinero encima… por lo que pueda pasar. Me imagino en el juicio final que Jesucristo, esta vez sin más apariencia que la suya propia, me mirará y me dirá algo así como “gracias por pararte a hablar conmigo, pero deberías haber hecho caso a tu padre: uno o dos euros me hubiesen venido bien para comprarme una empanadilla o ayudarme a pagar la pensión de esa noche…”

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El obispo de Córdoba, la fecundación artificial y la estupidez humana políticamente correcta


A uno le dan ganas muchas veces de mandar al carajo a toda una serie de pseudopensadores pseudoprogresistas pseudocatólicos y muy pero que muy políticamente correctos, cada vez que les da por arremeter contra un obispo por cometer el horrible crimen de hacer pública la doctrina de la Iglesia, “habrase visto qué desfachatez”.

Pero si finalmente no me entran ganas de hacerlo no es por la pena que me dan, que es mucha, o por lo inconsistente de sus argumentos, que lo son y mucho, sino por puro y sencillo aburrimiento. Cualquier día abrirán un proceso contra don Paco, el cura de Villaconejos, por atreverse a decir en el sermón de la misa dominical que Dios existe.

Esta vez le ha tocado al obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, porque ha definido la fecundación artificial como “aquelarre químico”. Vaya por Dios. Y naturalmente han salido contra él en primer lugar los catolicoperos a través de sus plataformas de internet y seguidamente, como siempre, los políticos izquierdosos con sus peticiones de condena, recusaciones y demás zarandajas.

Pero a un servidor que le mueve más su amor por la Iglesia y por la libertad que el aburrimiento (tampoco mucho, la verdad, que el aburrimiento es muy grande) le da por escribir unas líneas y dejar un comentario. Costumbres que tiene uno.

Vamos a ver. La concepción es un don de Dios, no es un derecho de los padres, no es una obligación del sistema económico, no es la fabricación de seres humanos… y todo concebido tiene por tanto su dignidad de persona y no de cosa y sus derechos como ser humano y no como producto manufacturado.

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En el plan de Dios inserto en la naturaleza todo concebido tiene, como es sabido, un padre que aporta su semen, una madre que aporta su óvulo, un acto sexual entre ambos y una concepción y una posterior gestación en el seno materno. ¿es de cajón, no? Y como es lógico la Iglesia defenderá por tanto este plan de Dios y no aceptará como lícita la alteración, al menos en sus presupuestos básicos, de la misma.

Un sistema de reproducción en el que el semen no sea del esposo, el óvulo no sea de la esposa, la concepción se produzca en un tubo de vidrio, la gestación en el útero de otra mujer, se desechen embriones en un proceso de selección o cualquiera de los supuestos por separado, no podrá ser considerado como lícito moralmente por la Iglesia ¿es simple, verdad?. Nadie tiene la obligación de comulgar con la doctrina de la Iglesia pero de la misma manera nadie debe creerse con el derecho de impedir, despreciar o condenar a la Iglesia por exponer su doctrina. Parece lógico.

Pero no, en este mundo dominado por lo políticamente correcto no lo es. Un mundo en lo que prima es la libertad individual por encima de toda consideración moral, no lo es. Un mundo donde todo lo técnicamente posible es socialmente aceptable no lo es. Y todo aquel que ose contradecir al espíritu de lo políticamente correcto será tachado inmediatamente de retrógrado, fascista, intransigente, inquisidor, liberticida, misógino y apologista de las hemorroides…

Pero la Iglesia no puede ni debe dejarse llevar por las modas de este mundo. Todo avance científico que contribuya a la dignidad del ser humano será bienvenido, todo el que conlleve la reducción del ser humano a la categoría de cosa o producto no. Como dijo San Juan Pablo II “no todo lo científicamente posible es moralmente admisible”.

Por eso, ante una dificultad para concebir, habrá que tener como lícitos aquellos tratamientos que ayuden a la concepción natural en lugar de sustituirla y, ante la imposibilidad de la concepción, siempre será recomendable la adopción, que no solamente satisfará el deseo de ser padres sino que generosamente darán estos su cariño a algún niño que por circunstancias de la vida se habrá visto tristemente privado de sus padres biológicos.

¿No habría pues ninguna forma de que un tratamiento de fecundación artificial fuese tenido por lícito por la Iglesia? Esta pregunta curiosamente fue respondida hace ya años en un estudio por científicos creyentes y moralistas que entendieron (es sólo una opinión, bien fundada pero no deja de ser una opinión) que si se daban todos y cada uno de una serie de requisitos podría aceptarse, aunque en la práctica ningún laboratorio los sigue.

¿Cuales son estos supuestos? En primer lugar el semen y los óvulos deben ser de los esposos, no de donantes. En segundo que el semen debe ser obtenido de una relación sexual en la que pudiera darse la fecundación de forma natural, no de papá que se masturba y lo deposita en un bote (esto podría hacerse por ejemplo con un preservativo “pinchado” en que parte del semen seguiría su curso natural y un parte quedaría en el mismo). El tercero es que la concepción, previos lo tratamientos necesarios de los gametos, debe producirse en el interior del útero, no fuera y por último que todos los embriones resultantes deben ser respetados y no eliminados. Con estos supuestos podría aceptarse, lo que resulta ciertamente interesante desde un punto de vista ético, aunque nadie los lleve a cabo (o al menos que yo sepa).

Pero volvamos a Don Demetrio al que le ha caído la del pulpo. Como es imaginable los partidos izquierdosos de su región ya han pedido su condena pública. Es lo propio de los izquierdosos (que no de la gente de izquierdas, aunque en España por desgracia son cada vez menos) llenarse la boca con conceptos como “libertad de expresión” pero olvidarse inmediatamente de ellos cuando alguien libremente expresa algo que no les gusta.

Pero la crítica que me gustaría comentar es una que le ha llegado de un portal web de información pseudorreligiosa lleníto, lleníto de catolicoperos. Se trata de una carta escrita supuestamente por una mujer (digo supuestamente porque no sé si es una carta real o si es un mero recurso literario) que se define a sí misma como “profesora de religión y catequista” en un colegio religioso. Por todo lo que dice después habría que preguntarse si ambos títulos se los dieron en una rifa, pero bueno…

Dicha mujer afirma haber tenido un hijo “fruto del amor” por el proceso que critica monseñor. Ciertamente no niego que ella y su marido puedan amarse y desear un hijo, pero lo de que este sea fruto del amor es más cuestionable. Naturalmente dicha señora no dice si el semen (y por tanto la mitad del código genético de su hijo) es de su marido o de un desconocido, o si pasa otro tanto con el óvulo fecundado. Siendo así podría ser que el hijo fuese de su marido, de ella, del portero de su finca y de una cajera de Mercadona… no sé si los cuatro se tendrían “mucho amor”.

Dice que todo eso lo realizó con el conocimiento y apoyo de sus jefes sacerdotes. Esto podría ser creíble, entre los sacerdotes y sobre todo entre los de algunas órdenes religiosas dedicadas a la enseñanza abundan los catolicoperos.

Luego dice que esos mismos han aceptado gustosos el bautizarlo… pues faltaría más, ¿alguien ha dicho que hay que negarle el bautizo a su hijo?, ya tiene bastante con algo de lo que es inocente. Luego  afirma que así es miembro de la Iglesia igual que el obispo “a su pesar”. Tendrá mucho amor por su marido pero lo que es claro es que no tiene ninguno por el pastor de su diócesis.

También comenta que su hijo llora, ríe, tiene hambre… “como cualquier otro niño de su edad concebido de forma natural”… pues menos mal que lo ha dicho, a lo peor resulta que alguien pensaba que era un calamar.

Pero la carta riza el rizo afirmando que está segura “de que Dios ama a mi hijo igual que ama a los niños nacidos por la vía normal”. Tiene muchísima razón, muchísima. Lo que ella no dice es que nadie ha negado tal cosa y también se calla que Dios ama igualmente a todos sus hermanos concebidos como él que fueron arrojados a la basura porque no resultaban “viables” o por la sencilla razón de que siendo viables ella sólo estaba dispuesta a tener uno. ¿Cuantos hijos suyos se fueron por el retrete? ¿no tenían la misma dignidad que el nacido? ¿acaso el amor que se tenían los padres sólo bastó para perdonar la vida a uno y condenar a los otros?

Pues eso, la señora se siente ofendida con su obispo “como madre, como mujer y como católica” Tócate las narices. Ya ve monseñor, a saber que habrá dicho usted en contra de las madres, las mujeres y las católicas… ya se que nada, don Demetrio, era sólo una pregunta retórica. Yo no me siento ofendido, pero me siento perplejo y dolido por alguien que ha dicho todas esas cosas ya no como padre, hombre o católico… ni siquiera como señor gordo con barba, sino como simple “homo sapiens”. La estupidez humana será grave, pero mientras sea políticamente correcta habrá muchos que la aplaudan.

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