¿Se nos mueren las órdenes religiosas?


Leo una noticia que no por habitual deja de ser triste. Los miembros de una orden religiosa abandonan una diócesis en la que han estado viviendo, sirviendo y trabajando en los últimos cuatro siglos por la escasez de miembros y nuevas vocaciones. Las estadísticas a nivel mundial confirman de manera alarmante esa tendencia, los religiosos cada vez son menos y más ancianos. Sumo otra que es similar aunque con un punto contradictorio: El número de católicos en el mundo entero crece pero desciende el número de vocaciones.

¿Cuál es el motivo? Difícil saberlo, pero a la hora de dar explicaciones uno de los responsables de la orden que ha marchado a la que me refería lo tenía muy claro “hoy en día los jóvenes ya no quieren ser castos y pobres”. ¿Y ya está?. Estas respuestas tan simples me dejan perplejo, un problema tan serio no puede ser respondido con un “esto es así porque pim y porque pam”.

Pero además, debo reconocerlo y que el Señor y que este señor me perdonen, me indigna. Me indigna la falta de autocrítica, me indigna el poco o nulo trabajo pastoral para revertir esta tendencia… y esta indignación me lleva no a montar un campamento ante el palacio arzobispal para exigir no sé qué, pero si a hacer una breve reflexión, quizá no muy fundamentada y rigurosa pero sí sentida.

Veamos, hay datos que se nos escapan al simplificar las cosas pero no por ello dejan de ser ciertos, a modo de pinceladas, no sé si sueltas o si realmente llegarán a formar un cuadro, voy a lanzarlas sobre el teclado de mi ordenador.

-Las vocaciones siguen siendo ante todo una respuesta a una llamada concreta del Espíritu Santo. Puede que el Espíritu sople en estos tiempos por otro lado, puede que efectivamente tengamos los oídos y los corazones cerrados a su llamada o puede también que aunque algunos jóvenes se lo hayan planteado en alguna ocasión les hayan echado atrás los malos ejemplos de los miembros de algunas órdenes. O puede que hayamos confiado más en proyectos de cooperación con el tercer mundo y obra social, por ejemplo, que en facilitar los cauces para la acción del Espíritu…

-En la Iglesia casi todo pasa excepto la propia Iglesia. Hay realidades de la misma que en su tiempo fueron un magnífico instrumento para la evangelización y la vida de fe de las que hoy ya nada queda o muy pocos conocen. También algunas órdenes religiosas desempeñaron un papel fundamental en determinadas épocas históricas y hoy apenas se conserva un reducto testimonial o han desaparecido. El Espíritu Santo, como decía un amigo mío, emplea andamios diferentes para sujetar la Iglesia según el tiempo concreto que le toca vivir.

-No todas las órdenes religiosas y congregaciones decrecen, algunas crecen mucho y muy rápido. Es curioso que las más novedosas suelen ser las que más empuje experimentan. ¿por qué?. Dice el libro del Apocalipsis contra la Iglesia de Éfeso que reconoce sus trabajos y las pruebas por las que ha pasado, pero tiene una cosa contra ella, ha dejado a un lado y ha enfriado el amor que tenía al principio. Probablemente ocurra así con las órdenes e institutos de siglos, han perdido el amor y el entusiasmo inicial que tienen las nuevas instituciones y se han aburguesado.

-Muchas órdenes han “traicionado” su propio carisma (perdón si la palabra es fuerte): De la regla del fundador en ocasiones queda apenas una referencia en muchos casos. Y si no en la letra sí en la práctica. En muchas de ellas apenas existe ya la oración en común o la comunicación fraterna y sus miembros comparten comedor y trabajo… pero poco más. La obediencia que constituye santo y seña incluso se relaja con la “decisión en conciencia” que en la práctica faculta a los propios religiosos para obedecer o no a sus superiores. El caso es sangrante en aquellas dedicadas a la educación, que en ocasiones más que un apostolado para formar a los niños parecen simples empresas escolares.

-Aunque parezca irrelevante, los religiosos ya casi no usan el hábito propio de su orden, al igual que los sacerdotes diocesanos con el clergyman o la sotana. En un tiempo en que utilizamos la palabra “visibilizar” hasta el hastío (aunque no es correcta según la RAE salvo para hablar de rayos X o de uso del microscopio y similares), visibilizar a las mujeres, a los pobres, a los colectivos marginados, al tercer mundo, a los trabajadores en situación precaria… la mayor forma de “visibilización” que poseen los religiosos que es lucir el hábito. Sin embargo los religiosos no suelen llevarlo y lo utilizan solo en determinados actos. Conocida es la anécdota de San Francisco que llevó consigo a uno de sus frailes a evangelizar al pueblo y anduvieron toda la mañana paseando por el mercado y las plazas  hasta que finalmente regresaron a la porcíuncula, cuando el fraile le preguntó “¿No habías dicho que íbamos a evangelizar?” y Francisco le contestó “Y eso hemos hecho”. Puede así que muchos jóvenes no sepan ni qué es una orden religiosa pese a haberse cruzado con cientos de sus miembros sin saberlo por la sencilla razón de vestir de particular.

-En la última década se ha dado un fenómeno nuevo en las órdenes religiosas, “la importación” de religiosos/as de los países del tercer mundo y/o de países de misión. Este fenómeno tiene dos caras, por un lado la de constatar con alegría cómo los mismos que ayer fueron evangelizados hoy se suman a la evangelización y devuelven la gracia recibida  pero por otro lo que esto implica de falta de vocaciones para las órdenes en los mismos países en las que nacieron. Además en la práctica, y en especial en el caso de las femeninas, las monjitas jóvenes se dedican en buena medida al cuidado de las hermanitas ancianas, cosa que las santifica pero que evidencia una triste situación.

-En ocasiones se ha desligado la pastoral juvenil de la pastoral vocacional. Es sorprendente también cómo estamos viendo últimamente, por ejemplo, ordenaciones sacerdotales de hombres de más de 40 y 50 años. ¿No los llamó Dios en su juventud?. Jóvenes que han pasado la vida en grupos juveniles, muchos de ellos ligados a órdenes religiosas, que no recuerdan en ningún momento que sus monitores catequistas les hubiesen planteado la posibilidad de la vida religiosa de una manera seria… como mucho alguna mención de pasada.

-Otro dato triste y doloroso es ver cómo algunas órdenes religiosas, y de las más importantes y numerosas, se han convertido en paladines del rechazo al Magisterio. Desde algunas de ellas se predican con frecuencia ideas y conceptos que niegan muchas de las afirmaciones contenidas en el Catecismo… y lo hacen con una pretensión de autenticidad que confunde y daña a los creyentes, al Cuerpo de Cristo que es su Iglesia.

Bueno… podríamos seguir lanzando datos, opiniones e intuiciones, pero no sé si serviría de algo. Sé que lo que acabo de escribir es duro y puede que ofensivo para algunos, también para mis amigos miembros de alguna orden o instituto religioso. Seguro que habré exagerado en alguna de estas afirmaciones, seguro que no habré medido bien la carga crítica de alguno de estos puntos y seguro que también habré generalizado en aspectos que son puntuales o minoritarios, pido perdón, pero decirles que lo he hecho con el dolor del corazón herido que en ocasiones te hace ver las cosas más negras de lo que en realidad son.

No sé cual es la voluntad de Dios, no sé si las órdenes religiosas como tal terminarán muriendo y su testigo será recogido por nuevas realidades y acciones del Espíritu, si conocerán un resurgir o si morirán solo las más veteranas para dejar paso a las más recientes… sea como sea espero que el Señor nos de discernimiento para seguir su camino y ser obedientes a su voluntad.

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¿Jesucristo en clave marxista?


En un artículo pasado comentaba la versión blandengue y melosa (ver Jesucristo no es ningún moñas) y ciertamente inexacta que muchos se habían creado de Jesucristo. En ocasiones hacemos “lecturas” de la Palabra según nuestras propias ideas previas o nuestras visión cultural, familiar o sociopolítica que terminan falseando la Palabra. Ya decía San Francisco de Asís que el Evangelio no hay que adaptarlo o matizarlo, sino aceptarlo.

Últimamente observo con sorpresa que en algunos sectores de la Iglesia, ciertamente minoritarios pero bien organizados, vuelve a aparecer un “lectura” en clave marxista o neomarxista del Evangelio propia de los años 70 que creía que había muerto por desfasada, pero parece ser que todavía le quedan unos coletazos. Imagino que habrá recibido algo de aliento con las nuevas corrientes populistas de la “indignación” que parecen estar de moda en algunos países europeos.

Según esta teoría Jesucristo sería un revolucionario, ahora incluso se le aplica otro término más de moda, un “antisistema”, que condujo al pueblo por un camino de liberación como un líder de masas, rompiendo las reglas establecidas y enfrentándose al poder civil y religioso de su época y que terminó muerto por dichos poderes, mientras el pueblo lloró su pérdida y decidió continuar con su lucha por la paz, la libertad, la justicia, la lucha de clases y la colectivización de la propiedad.

Incluso en una primera lectura superficial podríamos llegar a pensar que dicha visión estaría próxima a la verdad: Jesús era de estrato humilde, tuvo un cierto predicamento entre las clases populares, condenó enérgicamente muchas de las prácticas religiosas de su época por lo que las autoridades sacerdotales veían en él una amenaza y finalmente lo entregaron a la autoridad civil que terminó ejecutándolo… ahora bien, si profundizáramos en la Palabra ¿llegaríamos a esa misma conclusión o encontraríamos muchos hechos que más bien apuntarían a lo contrario?. Bueno, sin ánimo de realizar ninguna tesis al respecto si que podríamos ver alguno de estos aspectos con un poco de detenimiento.

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¿Cómo era la relación de Jesús con las masas? Es evidente que Jesús fue popular, famoso en su época, le seguían en ocasiones multitudes, decenas de miles, muchos acudían de otros pueblos y ciudades para escucharle o bien dejaban sus quehaceres para recibirle cuando llegaba a su población, muchos lo aclamaron en su entrada a Jerusalén… Sin embargo y pese a las apariencias no parece que Jesucristo estuviera muy a gusto con la respuesta de las masas. En muchas ocasiones parecía que el pueblo lo siguiese por su propio e inmediato interés, querían ver milagros, querían que Jesús les resolviese sus papeletas particulares. Él mismo tuvo palabras duras contra su propio pueblo en más de una ocasión, incrédulos, aprovechados, perversos, (Mc 8, 38; Lc 9, 26; Mt 13, 39)

Es muy significativa de esta relación el pasaje que se relata en el capítulo 6 del evangelio de Juan. Jesús hace el milagro de los panes y los peces, dando de comer a multitudes, y cuando la gente emocionada pretende encumbrarlo como líder Él se escapa por piernas para estar solo (Jn 6, 15) porque querían “hacerlo rey la fuerza”. Poco que ver son la imagen del caudillo al frente de su pueblo. De hecho el relato continúa diciendo que la gente le sigue hasta Cafarnaum y Jesús les echa en cara que le buscan “no porque habéis visto señales, sino porque habéis comido hasta hartaros” (Jn 6,26) y de hecho, cuando aprovecha esa misma circunstancia para anunciarles que la verdadera comida y bebida que Él ha venido a darles es su propio cuerpo y sangre, la misma masa que lo ha aclamado como rey apenas 12 horas antes, se marchan escandalizados dejándolo por loco (Jn 6, 35-66). Recuerda tristemente al relato de la pasión, gran parte del pueblo que lo aclama a la entrada en Jerusalén en apenas unos días pide que lo crucifiquen y que liberen a un terrorista en su lugar.

¿Y con los estamentos religiosos?. Ciertamente Jesús fue muy crítico con las clases religiosas de su tiempo. Con los saduceos apenas tiene una disputa sobre la resurrección de los muertos (Mt 22, 23-33) y con quien sí tuvo muchas polémicas fue con los fariseos, en especial por la acusación que les hacía de hipocresía, de querer aparentar, de tratar de cumplir obsesivamente la ley en detalles que llegaban al absurdo pero olvidar ciertamente lo que la sustentaba, la misericordia (Mt 23, 4-7; Lc 11, 47s) .

Ahora bien, aquí tenemos un problema, ¿Fue Jesús pues una víctima del poder religioso contra el que se rebeló?. Los saduceos eran los dirigentes sacerdotales, la clase dominante, pero no así los fariseos. Estos se caracterizaban por el estricto cumplimiento de la Ley pero no por una pertenencia a una clase social concreta. Los había efectivamente ricos, pero la gran mayoría eran de clase media o incluso simples trabajadores o artesanos. Que se aliasen con los saduceos para eliminar a Jesús contradice el supuesto del líder revolucionario condenado por el poder. La predicación de Jesús ciertamente era una amenaza, pero curiosamente el motivo que aparece en los evangelios por el cual “los judios” trataron de matarle en varias ocasiones fue de índole exclusivamente religioso, tuvo la osadía de proclamarse a sí mismo como el Mesías Hijo de Dios, es más, cometió el despreciable y condenable (a muerte) hecho de proclamarse “una sola cosa con Dios” (Jn 10, 30-33), por lo que en varias ocasiones se libró por los pelos de ser apedreado o arrojado por el barranco (Jn 8, 58).

¿Y la autoridad civil?. En tiempos de Jesús esta era ejercida por el imperio romano. Los romanos habían conquistado toda la zona del Mediterráneo, incluida Israel. Allí donde llegaban imponían su “Pax” que básicamente era la imposición por la fuerza de su modelo político y económico, reprimiendo duramente a quienes se oponían pero teniendo la mano izquierda suficiente como para respetar las costumbres y prácticas religiosas y culturales de los pueblos que conquistaban siempre que no supusieran una amenaza para el sistema o el orden público. En los evangelios podemos comprobar como a los sumos sacerdotes se les permite tener su propia guardia incluso arrestar y juzgar a aquellos reos de cometer algunos delitos contra el templo, aunque no les está autorizado condenar a muerte a nadie. Es más, los romanos no sólo no entendían las costumbres religiosas ni las disputas de pueblos como los judíos, incluso las despreciaban como propias de pueblos sin civilización.

¿Y en el caso concreto de Jesús?. La autoridad estaba ejercida por el gobernador Poncio Pilato. Los miembros del sanedrín judío lo llevan ante él para que le diera muerte, y aquí empieza la primera contradicción con la tesis del revolucionario ante el poder civil… ¡Pilato no sabe quién es Jesús!. Si ciertamente el nazareno representaba una amenaza contra el sistema, contra el poder civil establecido, resulta muy extraño que el gobernador no sepa ni quién es.

Pero además el desarrollo del proceso es aún más contradictorio a este respecto, el romano no encuentra ningún delito en Él, le dice a los sacerdotes que no es asunto suyo y que lo juzguen según las propias leyes judías, trata de liberarlo e incluso hasta le pide ayuda al propio reo, intenta quitarse el muerto (nunca mejor dicho) pasándoselo a Herodes, ofrece liberarlo por la Pascua como era costumbre, lo manda a los soldados para que lo azotasen convencido de que un castigo tan cruel calmaría las iras de los acusadores… y cuando finalmente acepta ante las presiones inclusos realiza el gesto de lavarse las manos mostrando su disconformidad.

¿Tanto esfuerzo por conseguir la libertad de Jesús tiene algún sentido? ¿Cómo es posible que la máxima autoridad política intente la liberación de quienes según algunos constituye la mayor amenaza para dicha autoridad?. La respuesta probable es que esa tesis no sea más que una proyección de quienes la formulan y no la realidad contenida en los evangelios, a fin de cuentas Pilato sólo ejercía una autoridad terrenal y el Reino de Jesús no era de este mundo. (Mc 15, 1-20; Mt 27, 1-26; Jn 27, 1-25; Jn 18,28-19,16)

¿Y el poder económico y los ricos?. Ciertamente en tiempo de Jesús no se podría hablar de un sistema económico estructurado, estamos en el S.I, muy alejado de lo que supondría una sociedad capitalista como la entendemos hoy. Lo que sí que vemos es ya la existencia de clases. Hay ricos, terratenientes, artesanos, jornaleros… muchos de ellos son descritos en las parábolas y la predicación del propio Jesús.

Las palabras de Jesús son muy duras contra los ricos, eso es innegable, desde lo difícil que supone que un rico entre en el reino de los cielos o la vana ilusión de que las riquezas te garantizan una seguridad de por vida (Mc 10, 23ss; Mt 19, 23s; Lc 18, 24s) Sin embargo sus denuncias nunca van en el sentido de condenar la riqueza como tal o de criticar a una clase social concreta, más bien apuntan a la codicia, al afán del dinero, a la falta de caridad… pero igual dirigidas a los que tienen mucho como a los que no tienen tanto pero igualmente ansían tenerlo. (Lc 12, 33s; Mt 6, 19s)

A la hora de referirse a la relación entre ricos/pobres, amos/siervos, terratenientes/jornaleros… no hay nada parecido a una proclamación de lucha de clases ni una condena a la propiedad privada ni nada por el estilo, es más, muchos de sus ejemplos y parábolas apuntan a todo lo contrario: el amo no debe agradecer a su siervo que cumpla con su deber, el empleado que viene agotado del campo no se sienta a descansar sin antes haber servido a su jefe, el obrero que realiza lo que le mandan no es más que un siervo inútil que cumple con su obligación… (Lc 17, 7-10)

¿Podemos decir entonces que a la hora de leer el evangelio o de llevar una vida coherente con el mismo no hay ningún tipo de implicación política? No, por supuesto. La vida de fe no se limita a una serie de actos cultuales y privados, como a algunos poderosos les gustaría, sino que tiene implicaciones en todos los aspectos de la vida: la familia, el trabajo, las relaciones personales… y también la política y la organización social. Porque ciertamente Jesús fue un revolucionario, aunque en otro aspecto: su mismo ser, su palabra, su vida y su muerte y resurrección hizo de Él algo totalmente nuevo, distinto e inclasificable a cualquier otro acontecimiento pasado o futuro.

Lo que no podemos afirmar bajo ningún concepto es que el evangelio postule un tipo de sistema político u otro. Este mismo ejercicio que hemos realizado con una posible lectura en clave marxista del mensaje de Cristo podríamos hacerlo exactamente igual con el capitalismo o cualquier otro tipo de ideología.

Que el Señor nos permita aceptar con alegría su Palabra y vivir con coherencia su mensaje en todos los ámbitos de nuestra existencia por encima de conceptos políticos, sociales o personales.

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Los tuits de Jesús (nuevo libro)


 

Ya ha salido publicado mi nuevo libro, el precio me ha parecido un poco elevado para una pequeña obra de 100 páginas, cosas de la editorial y de la amortización, pero me han confirmado que si tiene una buena venta irá rebajándose el precio.

Para adquirirlo se puede pedir por internet en los siguientes por tales

https://www.morebooks.de/store/es/book/los-tuits-de-jes%C3%BAs/isbn/978-620-2-47811-3

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El Primado de Pedro


Un tema del que trato/discuto en las redes sociales con los hermanos separados con cierta frecuencia es el asunto del primado de Pedro. Es un tema que naturalmente les interesa en el sentido de rebatirlo, puesto que sus congregaciones para empezar surgieron muchos siglos después y además no reconocen el sacramento del orden.

He de confesar que me producen mucha tristeza sus preguntas con respecto a este asunto, no por el contenido de las mismas, que pueden ser muy interesantes, sino porque en la mayoría de los casos lo hacen de forma deshonesta, no les interesa la respuesta sino sólo la objeción y les da igual al final lo que les expliques que ellos seguirán en sus trece… ¿para qué pregunta alguien que no quiere conocer la respuesta?

Los católicos sabemos que Cristo fundó una sola Iglesia sobre Pedro, al que consideramos como el primer Papa, y esa misma Iglesia que subsiste en nuestro tiempo no es ni puede ser otra que la Iglesia Católica. La cita bíblica es bien conocida Mt 16,18a “Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta Piedra construiré mi Iglesia”.

Como los protestantes no pueden negar que dicha frase fue pronunciada por Cristo y tampoco van a reconocer que “no hacen caso a lo que dice la Biblia” (que es curiosamente la crítica que hacen hasta la extenuación a los católicos con el fin de legitimarse), no pueden hacer otra cosa pues que afirmar que la hemos interpretado mal, que Cristo no fundó su Iglesia sobre Pedro, que eso no es lo que significa la frase.

¿Qué argumentan para ello?. Algo tan sencillo como falso, si Jesús es la roca, la piedra, Pedro no puede serlo. Esto es sencillamente absurdo porque sabemos desde niños que una misma palabra puede tener varios significados o utilizarse de diversas maneras según el contexto. Sería como decir que como Jesús ha dicho que Él es la puerta, lo que hay en la entrada de tu casa no puede ser la puerta de la misma.

Pero veámoslo en las misma Escrituras, en la Biblia, y desde un primer momento ya comprobamos que  no existe una acepción única para el término “piedra” como los hermanos separados pretenden hacer creer. Así encontramos la palabra piedra para referirse a los ídolos (Jr 2,27), al corazón impío (Job 41, 46), a YHWH (Dt 32,4)… junto al adjetivo “angular” aparece en los salmos y en los profetas como anuncio mesiánico (Is 28,16; Sal 118), el mesías será la piedra rechazada por los arquitectos y convertida en piedra angular, de la misma manera que los doctores de su propio pueblo rechazaron a Jesús… pero también, y este es el caso que nos ocupa, será usada como nombre propio, “Cefas”, Pedro, cuando Jesús le cambia el nombre a Simón.

¿Por qué Jesús cambia el nombre a Simón?. Si vemos en la Biblia cada vez que Dios cambia el nombre a alguien es para darle una nueva misión y/o dignidad, Abram a Abraham, Saray a Sara, Jacob a Israel… ¿cuál es esa nueva misión que Jesús le da a Simón, ahora Pedro?. Siempre que Dios le cambia el nombre a alguien a continuación explica el significado del mismo, en este caso es claro tal como leemos en Mt 16,18a “Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta Piedra construiré mi Iglesia”. Jesús sabe próxima su muerte y posterior partida al Padre y quiere dejar su Iglesia, (la suya, la única Iglesia de Jesucristo) bajo la dirección de sus apóstoles y de Pedro en particular.

Capilla del Primado de Pedro con el “Mensa Christi” la roca sobre la que según la tradición Jesús encargó a Pedro la misión de “apacentar a su rebaño”.

 

¿Y no podría ser que, tal como dicen los protestantes, Jesús estuviese hablando de sí mismo? Esta afirmación resulta también un sinsentido. Para empezar Jesús no hace jueguecitos de palabras ni trabalenguas, no le dice a Pedro “tú eres Piedra, y sobre esta Piedra que no eres tú sino que soy Yo edificaré mi Iglesia sobre mí mismo”… no, está claro que Jesús se refiere a Pedro, la piedra sobre la cual va a construir.

Pero además, y por si hubiera alguna duda, no es la única vez en que Jesús le manifiesta esta misión, sino que lo hace en dos ocasiones más y muy significativas, sin que tenga que usar esta vez los términos roca, piedra, ni ninguno similar.  La primera durante la última cena, Lc 22,32, “yo he rogado por ti, para que tu fe no falle; y tú, una vez vuelvas, confirma a tus hermanos”. Si nos fijamos Jesús habla personalmente a Pedro, “rezo por ti” no “por vosotros”; “confirma” no “confirmad”… Jesús vuelve a encargarle la misión de “confirmar en la fe a los hermanos” a Pedro. Y la segunda aún más significativa en Jn 21, 15-17 una vez Cristo ha resucitado, frente a un fuego y tras preguntarle por tres veces si le ama (un claro paralelo a las tres veces que le negó junto a otro fuego) le dice en otras tantas ocasiones “Apacienta mi rebaño”. A Pedro, en persona y de manera individual, le encarga esa misión, el rebaño no es de Pedro, es de Cristo, pero el encargado de dirigirlo es Pedro por decisión del mismo Jesús.

Esto además lo podemos luego corroborar en la práctica apostólica y de la Iglesia primitiva, Pedro, aún formando parte del cuerpo apostólico, se le menciona a parte, “Pedro y los doce” (1 Cor 15,5); cuando Pablo sube a Jerusalén a presentar a los apóstoles su misión es a Pedro al que acude, cuando Juan y Pedro llegan a la tumba del resucitado Juan cede el paso pese haber sido el primero, en Pentecostés el Espíritu Santo desciende sobre María y los apóstoles pero es Pedro el único que toma la palabra…

¿Por qué entonces los protestantes que presumen tanto de seguir la Biblia omiten estas referencias bíblicas, acaso las desconocen? Evidentemente no es ese el problema. Hemos de tener en cuenta que la cita completa del primado de Pedro es Mt 16,18 “Pues yo te digo que tú eres Pedro y sobre esta Piedra construiré mi Iglesia, y el imperio de la muerte no la vencerá”.

Queda claro que Jesús funda una sola Iglesia, no funda cientos de miles de congregaciones como las protestantes; queda claro que la Iglesia de Cristo es la fundada sobre Pedro, y por tanto no pueden ser cientos de miles de congregaciones dispersas surgidas 16, 17 y hasta 20 siglos después y queda claro también que Jesús profetiza que su Iglesia nunca será vencida, por lo cual la misa Iglesia que Él fundó sobre Pedro subsiste hoy en día (y ha subsistido desde entonces), evidentemente, en la Iglesia Católica. Cada sacerdote ha sido consagrado (que no nombrado, autonombrado o elegido como sucede en las congregaciones protestantes) por un obispo que a su vez fue consagrado por otro, y ese por otro… y así sucesivamente hasta los mismos apóstoles.

Que un protestante tenga en cuenta todo esto supone reconocer que no tiene sentido estar separado de la Iglesia de Pedro, de la Iglesia que Jesús fundó, la Iglesia Católica… con lo cual sólo tienen dos salidas, o emprenden el “regreso a casa” y se convierten al catolicismo, cosa que han hecho miles y miles de ellos, Bendito sea Dios, o se enrocan en sí mismos intentando de manera torticera dar una interpretación absurda de Mt 16 y cerrando los oídos y el corazón a Lc 22, Jn 21 y a todo el resto de citas bíblicas sobre el primado de Pedro.

Mientras eso no suceda los católicos y los protestantes, en lugar de enzarzarnos en la diferencias que nos dividen, deberíamos tratar de convivir fraternalmente y hacer hincapié en aquello que nos une que es mucho más de lo que nos separa. ¿volveremos algún día a estar todos los cristianos unidos en la única Iglesia de Cristo bajo el primado del sucesor de Pedro? Dios lo quiera, recemos pues.

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A vueltas con el pecado de juicio


Ya en otras ocasiones he hablado en esta plataforma del pecado del juicio, pero parece ser un tema muy candente y aunque en apariencia sencillo, en la práctica crea mucha confusión. De tal manera ocurre que llega a darse el caso de que expresar una opinión, informar de un hecho cierto, valorar moralmente un hecho o simplemente recordar lo que dice la Iglesia sobre algún determinado tema es calificado por muchos, y en ocasiones bienintencionadamente y por miembros de la misma Iglesia sacerdotes incluidos, como emitir un juicio contra alguien.

Esto se agrava principalmente cuando en el catolicismo se han introducido algunos virus mundanos como el relativismo, la libertad personal elevada a categoría de referente moral o la falsa tolerancia.

Trataré de explicar pues qué significa el pecado de juicio y luego mostraré con algunos ejemplos prácticos qué es y qué no es pecar de juicio. La referencia sobre el mismo la encontramos en las palabras de Jesús en el sermón de la montaña que recogen los evangelistas Mateo y Lucas: “No juzguéis, para no ser juzgados. Porque con el criterio con que juzguéis se os juzgará, y la medida con que midáis se usará para vosotros” (Mt 7, 1-2) y “No juzguéis y no seréis juzgados; no condenéis y no seréis condenados; perdonad y seréis perdonados” (Lc 6, 37).

juicio

¿Que significa juzgar pues?. Para empezar emitir un juicio sobre alguien (sea una persona o un grupo) supone que quien emite ese juicio se considera mejor que el otro, en un plano superior moralmente, y lo que hace más allá de afirmar una conducta es valorar su intención o la persona en su integridad. El juicio es siempre sobre las intenciones, no sobre los hechos.

Veamos un ejemplo: si yo digo “Fulano siempre llega tarde a nuestras reuniones” estoy informando de una conducta concreta, que probablemente sea cierta y por tanto no estoy cometiendo ningún juicio. Ahora bien, si yo añado a esa frase “…por que todos nosotros le importamos un carajo” estoy presuponiendo una intención y en ese caso lo estoy juzgando; o si añado esta otra “…porque es un auténtico irresponsable” lo estoy descalificando en su integridad y por tanto también lo estoy juzgando. Podría darse el caso de que Fulano llegase tarde por que la hora le viene muy apurada desde que sale de su trabajo hasta que llega a la reunión, en ese caso habría que intentar retrasar un poco la hora o si no fuera posible contar con que va a llegar tarde y empezar sin él procurando no tratar los asuntos de más importancia en los primeros momentos. O podría darse el caso de que fuese el propio Fulano el que dijera que en realidad las reuniones y los que acuden le importan un carajo y en ese caso habría que animarle a que cambiase de actitud o invitarle a que no volviera más…

Vamos a ver otro caso que genera mucha polémica y que es utilizado por muchos medios para despreciar e insultar a la Iglesia y que crea mucha confusión en los fieles, la valoración moral de la homosexualidad. El catecismo de la Iglesia católica es muy claro al respecto: “los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados, contrarios a la Ley Natural y no pueden recibir aprobación en ningún caso” (CIC 2357). Si vemos claramente la frase está referida a un hecho, a los actos, no a las personas que lo practican. La frase no dice “las personas que tiene una conducta homosexual son malos, despreciables, no merecen el amor de Dios” ni nada parecido. Al contrario, en el punto siguiente se afirma que los que presentan estas conductas “deben ser acogidos con respeto, comprensión y delicadeza, evitando cualquier discriminación injusta” y desde la valoración moral se les invita, a aquellos que no puedan evitar esa tendencia, a vivir en la castidad. Como tal invitación puedes aceptarla o rechazarla y si no eres creyente puedes no compartir esa valoración, nadie te obliga, pero de la misma manera tampoco puedes obligar a la Iglesia a que modifique su doctrina.

Pues en este caso yo mismo, cada vez que recuerdo que la homosexualidad es una conducta moralmente ilícita, casi siempre me responde algún bienintencionado (y lo digo sin ironía) que definiéndose como católico me dice “estas juzgando a las personas que tienen esa conducta y Jesucristo dice que no debemos juzgar”. Ya tenemos la confusión. Una persona puede ser generosa, bondadosa, amable, simpática, paciente, servicial… y tener una conducta homosexual. Y si digo que esa conducta no es moralmente lícita no digo que esa persona sea tacaña, malvada, despreciativa, impaciente y egoísta… ¿a qué santo?, puede tener muchas virtudes aunque en un aspecto concreto de su vida mantenga una conducta moralmente rechazable. Es más, sólo Dios sabe cuáles son las circunstancias y condicionantes que le llevaron a desarrollar ese hábito. Y los mismo pasa con toooooodas las personas que tengan una conducta homosexual, seguro que entre todos ellos, igual que con el resto del mundo, habrá bellísimas personas y otras que no lo sean tanto, como cualquiera.

Y en la interpelación se repite mucho otra cosa que suele ser un muestra de fe infantil “¿Es que acaso Dios no ama a esas personas?… como si yo hubiese dicho lo contrario. Dios nos ama a todos, me ama mi, en nuestros pecados, en mi pecado, como ama al adúltero, al que se masturba, al que consume pornografía, a la prostituta, al amancebado o al promiscuo, pero eso no significa ni mucho menos que el adulterio, la masturbación, la pornografía, la prostitución, el amancebamiento o la promiscuidad dejen ser pecado y se conviertan en conductas moralmente lícitas.

Y si digo, por ejemplo, que el matrimonio es una institución de orden natural formada por un hombre y una mujer no estoy discriminando injustamente a nadie, estoy definiendo los requisitos de la misma de igual manera que si digo que para ser abogado hay que estudiar derecho o que no puedes considerarte alto si eres un adulto europeo varón de metro y medio. En este caso sería al revés, uno puede convivir como y con quien quiera en el uso de su liberad, pero no puede obligarme a mi ni a la sociedad en su conjunto a que reconozca su forma de vida como una familia si antropológicamente no lo es.

Otro de los casos es confundir hacer un juicio con dar una opinión. Expresar una opinión no significa juzgar a los que tienen una opinión o un punto de vista distintos. Así si digo “pienso que la idea de que todo en la vida es dolor tal y como afirma el budismo es un absurdo” no estoy juzgando a los budistas o a los simpatizantes del budismo, son personas que tienen una concepción distinta a la mía, pero no digo que sean malos o tontos o feos. De igual forma alguien puede venir y decirme a mi “pues todo eso de la fe y del cristianismo no tiene ningún sentido” y no significa que me esté despreciando ni juzgando, está expresando su opinión que es diferente a la mía. Yo por mi parte rezaré para que el Señor haga una historia con él o si puedo le daré una palabra y le explicaré por qué yo pienso de forma distinta, nada más.

Bueno, podríamos seguir con más ejemplos pero creo que la idea estará mínimamente clara, aunque seguro que pasado mañana volverá alguien a confundir los términos y me acusará de juzgar a alguien. En esos casos siempre empleo un recurso algo tonto pero que me funciona, “si me dices en que frase he expresado un juicio te doy un millón de euros” y siempre me quedo esperando la respuesta y mi interlocutor se queda sin el millón.

Recordemos pues, ya que el pecado de juicio es muy grave: siempre valorando u opinando sobre conductas o ideas, nunca despreciando a la persona. Y tengamos en cuenta otro grave peligro, muchas veces el que comete pecado de juicio es paradójicamente el que acusa al otro de juzgar cuando no es cierto.

Que el Espíritu Santo nos dé el don del discernimiento.

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Soy lo peor


Soy un fascista, un retrógrado, un hipócrita, un liberticida y un sostenedor de un sistema de opresión y falta de libertades.

Soy un pervertido, un violador de niños, un falso moralista que trato de imponer a los demás las conductas que considero degeneradas mientras que las mías son muchísimo más depravadas.

Soy contrario a la ciencia y al progreso, soy un asesino de todos los pensadores que han osado contradecirme a los cuales he quemado en la hoguera.

Soy un esquizofrénico, alguien que cree en las mentiras que yo mismo me he inventado.

Soy un idólatra, un adorador de muñecos de yeso, un adorador de Satán.

Soy un mentiroso, un falsificador de las doctrinas sagradas.

Soy un ser lleno de odio, alguien que insulta a las mujeres, que se opone a sus derechos sexuales y reproductivos.

Soy un asesino, el jefe de un pelotón de fusilamiento que aniquila a todas las buenas personas que luchan por la libertad y la democracia.

Soy un inductor al suicido de todos aquellos que han decidido libre y de forma adulta vivir en contradicción consigo mismos.

Soy un manipulador, alguien que utiliza el adoctrinamiento en siniestros colegios donde realizo auténticos lavados de cerebro a los niños.

Soy un obstinado, un inadaptado, alguien que ni sabe ni quiere vivir conforme a los tiempos presentes.

lo peor

Soy el paciente de un sanatorio mental diagnosticado con todas las fobias conocidas y las que aún no se conocen.

Soy un genocida, soy el asesino de millones y millones de gentes de otras culturas diferentes a la mía.

Soy un explotador del tercer mundo, un esclavista.

Soy un ilegal, soy alguien que no respeta la ley, que se la salta cuando le conviene con total impunidad.

Soy el promotor de sectas secretas con las que realizo turbios negocios y crímenes.

Soy un estúpido integral, un amargado, alguien que no sabe divertirse, que sólo disfruta con el dolor.

Soy un excluyente, soy miembro de una élite y desprecio a los que no forman parte de ella.

Soy un falso discípulo que aparento seguir a mi maestro pero hago todo lo contrario de lo que él me enseñó.

Soy un castrador, alguien que prohíbe las relaciones sexuales a buena parte de mi grupo y limita las personas con las cuales disfrutar del sexo al resto.

Soy un fetichista y un supersticioso, tengo que salir siempre de casa con objetos mágicos y cartas de falso poder espiritual.

Soy el responsable de millones de muertes por el SIDA y de millones de embarazos no deseados por prohibir no sé qué fundas de látex para el pene.

Soy un malversador que me quedo con millones y millones de dólares del estado para mis caprichos mediante argucias legales…

 

 

Bueno, he de confesar que yo no sabía que soy todo eso. Es más, no acabo de entender que yo sea todo eso. Pero es lo que mucha gente me dice que soy cuando afirmo que soy católico.

Lo curioso es que yo sigo pensando que ser católico es algo bueno, mejor dicho, es lo mejor que puedo ser, lo mejor que cualquiera puede ser, pues me lleva a ser feliz y pleno.

Claro, que eso significará una de dos, o que yo estoy equivocado o que los que afirman tales barbaridades de mi lo están.

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Risto Mejide me entrevistó en televisión


El popular crítico musical y locutor de televisión Evaristo “Risto” Mejide me invitó recientemente a su programa de entrevistas. El formato era muy simple, los dos estábamos sentados en un sofá de tres plazas, cada uno en un lado del mismo mirándonos el uno al otro y conversando.

Sabiendo mi condición de creyente la charla derivó hacia temas de religión en el que me expuso algunas de sus dudas y reservas sobre la fe católica. Ciertamente no se trataron de preguntas propiamente dichas, sino que él iba exponiendo una serie de ideas o pensamientos con el fin de que yo fuera dándole la réplica.

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Reproduzco un trozo de la misma.

  • RM: No logro comprender lo del dogma del pecado original, Adán y Eva comiendo un manzana… para mí es el mayor cuento, o uno de los mayores cuentos de la historia. Personalmente me encantan los cuentos para niños, creo que son maravillosos, pero en este caso me parece que esta historia no se ha actualizado.
  • Servidor: Bueno, creo que lo primero que deberías actualizar son tus conocimientos sobre la Biblia, ja, ja, ja… nada más como anécdota te diré que en el relato de Adán y Eva no se habla nunca de una manzana, aparece un árbol de fruto apetitoso pero en ningún momento se dice qué fruto es ese. Pero bueno, detalles aparte te diré que difícilmente se puede actualizar lo que probablemente sea hoy más actual que nunca.Te explico… lo que tú llamas cuento es con toda certeza la explicación más profunda y auténtica sobre la realidad del ser humano, su relación con Dios, el motivo de su infelicidad… más sabia que todas las filosofías de la historia juntas. El hombre siempre ha tenido la misma tentación que el relato explica que tuvieron Adán y Eva, querer ser como Dios, conocer el bien y el mal, que cada uno decida lo que está bien y lo que está mal, no tener ninguna autoridad por encima que nos indique lo bueno y lo malo, ser autónomos moralmente.

    Y eso pasa hoy en día más que nunca, cada uno de nosotros rechazamos que nadie nos diga nada, ni la Iglesia, ni el Papa, ni los curas, ni Dios… si me apetece hacer esto, lo hago, si quiero meter mano en la caja de mi empresa o ponerle los cuernos a mi señora, lo hago… soy libre, nadie tiene que venir a decirme si lo que he hecho está bien o está mal, ¡soy el dios de mi vida!… ¡las cosas se hacen como dios manda! es decir, como yo digo.

    Ciertamente el relato en sus formas no es un hecho histórico, ni nadie lo pretende hoy en día, pero lo que dice sí que es totalmente cierto, el hombre ha sido creado por Dios para su felicidad, pero el hombre es libre y en su libertad puede sucumbir a la tentación y querer suplantar a Dios y desobedecerle, cayendo en la muerte, en la vida sin sentido… ese es el pecado que comparte la naturaleza humana, el que está en el origen de nuestra propia especie.

  • RM: ¿Y lo de la Virgen María? Ese sí que es otro cuento difícil de creer, lo de que una mujer se quede embarazada porque le venga una paloma.
  • Servidor: Me temo que vuelves a caer en lo mismo. A María no “le viene” una paloma ni ningún otro animal, eso no es lo que dice el relato del evangelio, María recibe el anuncio de un “mensajero” de Dios, de un ángel, que le comunica que va a ser la madre del Hijo de Dios sin necesidad del concurso de ningún varón. ¿que es difícil de creer?, no es que sea difícil de creer, es que se trata de un milagro y como tal es materia de fe. Igual Dios podría haberlo hecho de otra forma, pero quiso hacerlo así y naturalmente no podemos constreñir a Dios únicamente dentro de la lógica o de lo humanamente posible, en ese caso… no sería Dios.
  • RM: Pero luego María y José estarían enamorados y tendrían sexo como una pareja normal
  • Servidor: Bueno, lo de estar enamorados es algo que no podemos saber, podían simplemente haber aprendido a amarse después. Ten en cuenta que estamos hablando de la Palestina del siglo I y de una sociedad rural. Los matrimonios no se realizaban por amor, sino que se acordaban entre familias. Existe una tradición de representar a José como mucho mayor que María, probablemente respondería al caso de los padres que entregaban como esposa a su hija a un hombre viudo que cuidaría de ella.Y lo de tener sexo es algo que la Iglesia desde siempre lo ha descartado, ya a principios del siglo II se hablaba de la perpetua virginidad de María, pero no porque José estuviera mayor y ya no pudiese tener relaciones, eso es una estupidez, sino por entender que tanto José como su esposa quisieran respetar la virginidad del seno en el que se había gestado el propio Dios hecho hombre.
  • RM: Otra cosa que no entiendo es lo del concilio de Trento, el momento en que intentan separarse del protestantismo y marcar esta distancia, estos son malos, nosotros somos los buenos…
  • Servidor: Bueno, sería gracioso, sino fuera por lo triste que resulta, lo de que la Iglesia quisiera “separarse del protestantismo”. Sabemos que fue justamente al revés, que la reforma de Lutero lo que produjo es la separación de una parte de la cristiandad europea de la Iglesia. Debemos tener en cuenta que, al contrario de lo que algunos han llegado a creer, Lutero no quería corregir la situación de la Iglesia porque esta tuviera muchos pecados o hubiese mucha corrupción en su tiempo, que probablemente así fuera, sino que Lutero lo que hizo básicamente, y así lo manifestó él mismo, fue romper con la tradición recibida de los 16 siglos anteriores, rechazando la autoridad de la Iglesia, la figura del papado, el valor de las obras, la gracia sacramental, el uso de las imágenes… en definitiva rechazó la fe de la Iglesia y, permíteme decirlo, con una gran soberbia.
    Por eso se produjo el concilio de Trento, no porque se tratase de una cuestión de buenos y malos, eso es maniqueísmo y la Iglesia condena el maniqueísmo, sino porque tenía que corregir lo que hubiese que corregir pero afirmando y reafirmando la fe recibida. Muchos grandes reformadores ha habido en la historia dentro del catolicismo y en tiempos difíciles, como Santa Teresa de Jesús, San Francisco de Asís… pero a ninguno de ellos se les ocurrió jamás renunciar o tratar de cambiar el propio credo de la Iglesia.

Queridos lectores del blog, perdónenme el relato ya que esta historia es falsa… bueno, al menos es falsa en parte. Las preguntas sí que responden a lo que fue una parte del transcurso del programa, pero yo no fui el invitado, fue otra persona. Las respuestas son las que yo hubiera dado en caso de haber acudido al programa o, dicho de otro modo, las respuestas (tal cual o similares) que me hubiera gustado que cualquier persona creyente hubiese contestado.

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