Los santos que necesitamos

Internet es un medio realmente libre. Cualquiera que tenga unas mínimas condiciones de acceso puede utilizarlo para expresar sus ideas, compartir experiencias y recuerdos, difundir información y también para soltar las más gordas de la mentiras, la mayoría de veces de forma impune.

En los últimos tiempos viene circulando un texto que, según algunos, habría escrito Juan Pablo II y que habría recitado recientemente el Papa Francisco, ambas cosas igualmente falsas. El texto, bienintencionado, habla sobre la necesidad de santos en la actualidad, pero tras la buena intención deja una serie de tópicos, verdades a medias y errores que convierten en insustancial la buena intención inicial y que dejan claro que no puede ser en modo alguno de aquel a quien pretenden atribuírselo. Como muchos lo habrán podido leer lo transcribo aquí (en cursiva) y de paso añado algunos comentarios de mi cosecha que nos ayuden a aclarar el contenido o a reflexionar sobre la santidad

 santos

Necesitamos santos sin velo, sin sotana. Necesitamos santos de jeans y zapatillas.

Parece clara la buena intención, pero en realidad la Iglesia necesita santos de todo tipo, con independencia de la forma de vestir o su estado, sean laicos o consagrados, monjas o padres de familia, obispos o monaguillos. De hecho algunos modelos de santidad muy venerados hoy en día por los jóvenes poco tienen que ver con la imagen “informal” que pretende la frase, como el Padre Pío o Santa Teresita de Lisieaux.

Necesitamos santos que vayan al cine, escuchen música y paseen con sus amigos.

La santidad evidentemente es independiente de los hobbies que uno tenga. ¿Serían menos necesarios los santos a los que les gustase el fútbol, la lectura o hacer la siesta?. Pero además podríamos añadir otra cosa: necesitaríamos santos que no escuchen cualquier tipo de música o vean cualquier tipo de películas, si no que seleccionen aquello que les resulte edificante y rechacen, aún en contra de modas y presiones sociales o de grupo, las manifestaciones contrarias a su fe y su moral.

Necesitamos santos que coloquen a Dios en primer lugar y que sobresalgan en la Universidad..

¿Cómo?. Es evidente que el santo pone a Dios como lo primero en su vida, ¿acaso hay santos para los que Dios sea algo secundario o accesorio?… y poco o mucho tendrá que ver con sobresalir en la universidad… además los motivos por los que uno sobresalga pueden ser muy santos o todo lo contrario.

Necesitamos santos que busquen tiempo cada día para rezar y que sepan enamorar en la pureza y castidad, o que consagren su castidad.

Uff… la idea se entiende pero es que está redactada con los pies. Sí, el creyente, el santo, necesita de la oración, debe hacer de esta una constante en su vida y también en momentos específicos. Y el creyente, el santo, debe vivir su amor y su afectividad en la castidad, con independencia de que sea célibe o casado, laico, religioso o consagrado. La castidad, que en muchas ocasiones se confunde con la abstinencia, no es otra cosa que vivir la sexualidad conforme a la moral cristiana.

Necesitamos santos modernos, santos del siglo XXI con una espiritualidad insertada en nuestro tiempo.

Necesitamos santos, antiguos y modernos, del SXXI y del III. Ojo con la palabra “moderno”, que no significa otra cosa que “ir a la moda actual”. El santo, el cristiano, podrá seguir muchas veces las costumbres propias de su tiempo o circunstancia, pero en otras deberá oponerse a ellas cuando sean contrarias a su fe y su moral. Por ejemplo, hoy en día está “de moda”, es “muy moderno” llamar y dar carta de familia a cualquier tipo de convivencia doméstica, pero el cristiano sabe que familia es única y exclusivamente la que corresponde al plan de Dios, aunque por ello tenga que ser tachado de anticuado, intolerante o cualquier otra burrada.

Necesitamos santos comprometidos con los pobres y los necesarios cambios sociales.

El “compromiso” del cristiano (una palabra que no aparece en el Nuevo Testamento y que en el Antiguo Testamento hace referencia a términos legales) es con Dios y con los hombres. Naturalmente se hará más patente en aquellos que tengan una mayor necesidad: los pobres, los enfermos, los marginados, los presos, los tristes… pero no como una “distinción” entre personas. De igual manera el cristiano se opondrá y contribuirá a superar y eliminar las estructuras de pecado, pero no por asumir ningún tipo de acción social, que puede ser muy lícita.

Necesitamos santos que vivan en el mundo, se santifiquen en el mundo y que no tengan miedo de vivir en el mundo.

Bueno, no conozco ningún santo que haya vivido en Marte… en cuanto al miedo, como dice el refrán, “es libre”. Como mucho el santo es el que no condiciona su vida de fe ante el miedo al que dirán o a lo que le pueda pasar, incluso en ocasiones con riesgo de su integridad o su propia vida.

Necesitamos santos que tomen Coca Cola y coman hot-dogs, que sean internautas, que escuchen iPod.

Por un lado volvemos al tema de los hobbies… ¿y si le gusta la sangría y la paella?. Por otro parece claro que Juan Pablo II no mencionaría una marca comercial o difícilmente hablaría de un reproductor de música que salió al mercado unos pocos años antes de su muerte, cuando su salud ya estaba en declive..

Necesitamos santos que amen la Eucaristía y que no tengan vergüenza de tomar una cerveza o comer pizza el fin de semana con los amigos.

Lo vergonzoso es la frase en sí y además mezclando churras con merinas. ¿acaso se puede ser santo sin amar la Eucaristía?. Por otro lado beber cerveza (siempre que sea con moderación), comer pizza (o arroz, o ensalada) y ver a los amigos el fin de semana (o los miércoles) no tiene nada de vergonzoso.

Necesitamos santos a los que les guste el cine, el teatro, la música, la danza, el deporte.

Y vuelve la mula al trigo… o que no les guste nada de eso… la santidad es independiente de los gustos personales

Necesitamos santos sociables, abiertos, normales, amigos, alegres, compañeros.

¿Me lo explica? Un santo puede ser sociable o retraído, abierto o reservado. Será “normal” si la “norma” no es contraria a su fe y su moral y viceversa. Amigo de Dios (evidentemente) y de sus amigos (pocos o muchos). Alegres en el Señor. Prójimos del prójimo.

Necesitamos santos que estén en el mundo y que sepan saborear las cosas puras y buenas del mundo, pero sin ser mundanos”.

Y dale… ya dijo Jesús que “vosotros estáis en el mundo pero no sois del mundo”. Los santos, los cristianos, no viven en Marte. Disfrutan de todo aquello que el Señor ha puesto a su alcance pero poniendo siempre por delante, y en contra si fuera preciso, la voluntad del Padre.

Está claro que se puede y se debe ser santo en estos tiempos como en cualesquiera otros y esa supongo que era la intención del autor de este escrito, aunque luego la plasmación de la idea no haya quedado muy correcta.

Y el hecho de tener una vida de fe no tiene en principio porque ser contrario a tener tus diversiones o tu vida social y que en muchas ocasiones se podrá y deberá ser santo dentro de las costumbres y modos del tiempo actual, pero no como una condición necesaria ni mucho menos como una obligación, en especial, como ya hemos dicho, cuando se produzca el fenómeno contrario en que la moda sea contraria a la fe y moral cristianas.

Como SÍ dijo Juan Pablo II en la JMJ de Santiago de Compostela… “jóvenes, debéis ser santos… ¡pero santos de altar!”. Dios quiera que haya muchos así.

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