¿Pero qué hacen los “kikos” en la Eucaristía? (I)

(debido a la larga extensión del presente artículo lo publico por partes)

Tanto dentro de la Iglesia cómo fuera de ella hay gente que siente un gran aprecio por las comunidades neocatecumenales, otros indiferencia incluso algún recelo y otros tristemente nos odian. In veritas, libertas… (lo suelto aquí porque es uno de los pocos latinajos que me sé, ja, ja, ja…). Y los hay que emplean mucho tiempo y energías en manifestarlo.

De los que tan poco nos quieren dentro de la Iglesia, primero han intentado atacar al Camino por lo pastoral y lo doctrinal, queriendo hacer ver lo que era una simple calumnia, que las comunidades viven o predican algo distinto al Magisterio de la Iglesia, cuando una y otra vez Papas, obispos y comisiones pontificias han dicho todo lo contrario y han dado su reconocimiento oficial.

Por eso cansados de estrellarse una y otra vez contra un muro han probado otra vía, la litúrgica: “Los kikos hacen de la celebración de la Eucaristía un auténtico esperpento, se inventan normas litúrgicas y se saltan las oficiales a la torera”. Llega a tal paranoia la situación que muchos que jamás han mostrado el más mínimo interés por la liturgia y sus normas ahora parecen los más fieles guardianes de la ortodoxia. Incluso aquellos que alaban a ciertas corrientes que se saltan las mismas a la torera, tienen una vara de medir completamente contraria cuando se trata de los “kikos”.

 (022) Salón superior

Cierto es que la celebración de la Eucaristía de la comunidades neocatecumenales podría resultar llamativa o sorprendente para alguien acostumbrado a una misa de 30 minutos en la que la única parte activa corresponde al sacerdote, mientras el pueblo se limita a escuchar y poco más, sin conocerse entre ellos la mayoría de las ocasiones y disponiéndose también de forma dispersa y alejados del altar como si les fuera a morder.

También es cierto que en ocasiones la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha llamado la atención sobre algunos aspectos que consideraba incorrectos (en ocasiones de forma errónea, como cuando se decía que las homilías nunca debían ser dialogadas, cuando en el Camino jamás se ha hecho tal cosa) y creo además (esto no lo sé ciertamente) que hay un proceso de estudio sobre las mismas.

De lo que sí estoy seguro es que, como ya ocurrió anteriormente, si hay una resolución en firme por parte de la autoridad eclesial competente, la acataremos y tan contentos (o tan resignados, ja, ja, ja). Si la memoria no me falla, en 30 años creo que ha habido un par de cambios y además recientemente.

Entonces, con la libertad que me da hablar a título personal y teniendo en cuenta que no ejerzo ningún tipo de responsabilidad dentro de las comunidades me gustaría explicar, ¿por qué no? cómo celebramos la Eucaristía en el Camino, o al menos cómo la celebra mi comunidad, que viene a ser más o menos como se celebra en todo el mundo, desde Papúa hasta Finlandia.

Empezaré negando la mayor y diré que difícilmente se vive con más solemnidad y conocimiento de causa (quizá igual en muchos sitios y seguro que mucho menos en otros) una Eucaristía que cómo se celebra en el Camino, a excepción hecha quizá de las comunidades más jóvenes que, como en todo, tienen que ir aprendiendo poco a poco. Y también diré por otro lado que “no hay nada nuevo bajo el sol” (esta no me la sé en latín, lo siento), es decir, los “kikos” no han inventado nada, como mucho habrán tomado elementos que ya existían en mayor o menor medida en la liturgia y en otras realidades.

Mi comunidad nunca empieza puntual, la gente llega sin prisas, se saluda, habla, todos se conocen de sobra y comentan las cosas habituales entre amigos… mientras algunos van preparando la asamblea, ponen los manteles (blancos, impolutos…), las flores, el cáliz… alguien ha preparado el pan para consagrar (aquí no hay hostias), un torta de pan ázimo, sin levadura, sólo harina y agua. Ahora que lo digo aquí si que hubo un cambio, hace muchos años se le solía echar un chorrito de aceite, pero se dijo que no se pusiera, que el pan para consagrar sólo debía llevar sus dos componente básicos.

Los cantores sacan el cantoral, revisan los cantos que previamente han escogido y afinan las guitarras… entre unas cosas y otras se empieza con más de 20 minutos de retraso pero a nadie parece importarle…

Se sitúan en la sala de celebrar, un salón acondicionado al efecto. Aquí no hay bancos ni huecos, si no sillas. Se disponen de manera que coincidan más o menos con el número de participantes (nunca se puede saber el número exacto que acudirán ese día) y se ocupan las primeras filas, dejando unas pocas detrás por si alguien llega una vez comenzada la celebración. Los niños delante, todos bien guapos y bien vestidos. Los cantores en las sillas más próximas al atril. Todos los asistentes acuden elegantes, muchos de ellos con traje (quizá menos en verano).

La sala está enmoquetada, en la presidencia hay un mural con un pasaje del evangelio. La mesa que hace de altar situada en el centro y las sillas dispuestas enfrente y a los lados, en dos o tres filas, como familia reunida en torno a la mesa, pero con la suficiente separación de la misma. En una esquina de la presidencia el acólito junto a la credencia (mesa pequeña con los distintos elementos litúrgicos). El cubreatril decorado con alguna imagen. Una cruz de pie junto al mismo. Un retrato de la Virgen en la pared y el cirio pascual al otro lado. A los pies del atril un jarrón con flores y también una pequeña guirnalda sobre el borde del mantel de la mesa.

Un grupo de hermanos ha preparado el día anterior la celebración. Uno de ellos sale al atril y hace la monición ambiental, una pequeña exhortación sobre lo que se va a celebrar y una invitación a entrar en fiesta. El contenido de la misma lo ha preparado él, ni lo lee ni se limita a leer un papel que le haya pasado el sacerdote.

Cuando termina todos se ponen en pie y uno de los cantores con su guitara en mano sale al atril y empieza el canto de entrada. Los hermanos de comunidades son muy cantarines, cantan mucho, cantan fuerte (sin gritar), cantan todos, sin vergüenza y, además suelen cantar bien. Cosa lógica porque la práctica hace maestros y cuanto más tiempo llevan más acostumbrados están a cantar y mejor lo van haciendo cada día. En el estribillo el sacerdote aprovecha para hacer su entrada.

Tras las fórmulas de entrada de rigor, las que establece la liturgia para toda la Iglesia, se canta el Gloria y se hace el acto penitencial como en cualquier otra misa de cualquier otra parte, y se procede a la liturgia de la Palabra. Las lecturas de ese domingo, no otras. A cada una de ellas otros hermanos del grupo que ha preparado hacen pequeñas moniciones. El salmo y el Aleluya también se cantan. Cada uno de los que “salen” al atril hace una reverencia al presidente antes de realizar su servicio. Los lectores suelen ser siempre los mismos, aquellos hermanos de la comunidad que se ha ido viendo con el tiempo que son más adecuados. Como mandan los cánones la asamblea permanece sentada salvo en el Aleluya y la proclamación del Evangelio.

Tras la proclamación del Evangelio el sacerdote no permanece en el atril, si no que vuelve a la presidencia y se sienta. La asamblea ha permanecido en pie y sólo se sienta una vez lo ha hecho el presidente. El sacerdote invita entonces a los fieles a expresar su experiencia a la luz de la Palabra. En algunas comunidades los hermanos que se encargan de la instrucción de los niños les leen aparte y antes del comienzo de la celebración el Evangelio y se lo explican brevemente. En mi comunidad, igual que en otras, es en este momento cuando el didáscalo (que así se denomina a quien hace este servicio) pregunta a los niños, desde su propio sitio, si hay algo que no han entendido o algo que les haya gustado y estos suelen participar en mayor o menor medida a su propia vergüenza.

Luego el sacerdote invita a la asamblea a realizar los “ecos” de la palabra. Aquellos que lo desean, 2,3…4 personas a lo sumo, expresan en voz alta y desde su propio sitio como se cumple en ellos (o no) la palabra proclamada. Así, por ejemplo, si alguna lectura ha tratado el tema del perdón pueden compartir una experiencia de cómo ha tenido que perdonar o pedir perdón ante un hecho concreto de sus vidas, o cómo se sienten interpelados a hacerlo ante alguien con quien tienen un conflicto… pero siempre desde un punto de vista experiencial (perdón por la palabra) y personal, nunca tratando de explicar las lecturas ni dar un catequesis, ya que eso correspondería al sacerdote. Éste hace la homilía sentado en la presidencia. Como casi todos los curas la lleva preparada pero también puede, si así lo ve conveniente, comentar algo al hilo de lo que alguien ha dicho en los ecos, pero nunca entra en diálogo ni nada parecido…

(continuará)

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7 respuestas a ¿Pero qué hacen los “kikos” en la Eucaristía? (I)

  1. carmen Ramos Suarez de Avellanedo dijo:

    Es un modo de “corregir” la norma establecida y de diferenciarse de la iglesia,( La iglesia somos el conjunto de todos los fieles cristianos católicos) Otra cosa es la jerarquía.
    En mi parroquia nos conocemos casi todos, tenemos diversas actividades, nos tratamos muchísimo pero nuestras celebraciones litúrgicas son en la Parroquia, a la vista de todos y en los tiempos establecidos. La Misa de doce (en la cantamos todos, además del coro, se llena de niños pues esa misa es la de “familias”. Me siento así más Iglesia que en corrillos aparte. Por otro lado las experiencias personales tiene su lugar en donde manifestarse pero no en la Santa Misa, donde el protagonista es el mismo Señor, victima y sacerdote. Ante la grandeza del sacrificio eucarístico, “los añadidos” resultan irrelevantes pues el protagonismo es todo de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote. Este es mi sentir

    • Hola Carmen,muy interesantes tus aportaciones. Sólo aclarar un par de cosas por si no las conoces o mi artículo ha creado más confusión que otra cosa.

      La jerarquía forma parte indivisible de la Iglesia junto con todos los bautizados, no es “otra cosa”.

      Enhorabuena por la marcha de tu parroquia, que Dios os siga bendiciendo, aunque reconocerás que es una excepción dentro lo habitual. En muchas parroquias abundan las asambleas anónimas, la gente que se sienta distanciada del altar, los que no abren la boca aunque hayan oído la canción miles de veces, los que salen de misa como si huyeran de un fuego…

      La misa, siendo la misma, puede tener matices diferentes en distintas realidades o partes del mundo, pero no es un intento de diferenciarse, si no una riqueza de la universalidad de la misa. Seguro que la misa celebrada en el interior de una cartuja tiene matices diferentes a la de una de campamento de un grupo scout siendo la misma.

      Creo que el término “corrillos” resulta despectivo.

      Los sentimientos son muy importante pero debemos recordar que son siempre involuntarios y subjetivos, debemos tener cuidado a la hora de enjuiciar a la Iglesia en base a ellos. ¿Te sientes “más Iglesia” en misa de doce que en misa de siete de la tarde?… ya me entiendes.

      Los ecos de la palabra forman parte de la liturgia de la misma, no como un añadido, si no como una consecuencia. La palabra se proclama, se testimonia y se explica. A lo mejor a ti no te gusta una determinada fórmula, pero ni tú ni yo somos quienes para decir que ese no es su lugar, cómo dice el refrán, doctores tiene la Iglesia. Los ecos de la palabra además no son propios ni exclusivos de las comunidades neocatecumenales, son muchas las realidades eclesiales que los realizan. Pero si algún día la comisión pontificia correspondiente dijera de forma oficial que no se hiciesen más, lo acataríamos.

      La liturgia no consiste en una serie de normas, si no precisamente en que Dios mismo nos invita a participar en su propio misterio pascual. Hablar de restar protagonismo es algo que no tiene ningún sentido.

      • Magda Mata dijo:

        Cuando cerramos nuestra vida a otros cristiano, pensando que nuestra verdad es más verdad que la del otro. La verdad cristiana abraza las diferencias y ese abrazo es señal de que Dios está presente. El odio, el rencor, la exclusión son los signos de lo contrario al encuentro del amado, en el momte de la vida.
        El templo deja de ser la casa de Dios, sí no le dejamos entrar, sí al que llegá con el alma hecha pedazos, le cerramos la puerta y lo dejamos arrinconado.

  2. Mikelina Margarita Rodriguez dijo:

    Ante todo me presento soy Miklina , catecumena de la 9 comunidad de la Parroquia de la Medalla Milagrosa de Asunción, Paraguay, hace 19 años mas o menos que estoy caminando, tratando de ser SANTOS como el Señor espera de nosotros, de todos sus hijos ..no solamente del mio y estoy en el combate de la FE…buscando el reino de Dios…..cuando yo sentí el llamado de él, a invitarme a conocerlo fue la manifestación mas grande que llego en mi historia de vida……bueno solo quería comentar que en el camino neocatecumenal conocí el amor del Padre y cuan grande es su misericordia para con nosotros….nos ama a todos por igual….y solo le pido su Espíritu Santo para perseverar en este Camino.

  3. Magda Mata dijo:

    El templo, la Liturgia y la doctrina es lo común a todos los cristianos y la Iglesia es la acequia que nos conduce. El amor cristiano abraza, lo que nos separa no es amor. El templo cristiano está en el amor que Cristo nos dejo “a todos´´. ¿Donde vive esa verdad en nosotros? Está en cada celebración, en cada acto: cuando suena la música del corazón, del amor acogedor. Nos necesitaremos todos de todos para encontrar en la acequia el surco, que no nos entierre sino, que nos conduzca al molino que muele el rico y sabroso: Pan de Dios, Pan de Comuniíon “Pan de todos ´´, Pan nuestro.

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