La guerra justa de San Agustín, la murmuración y la ofensa a los polacos.

-¿Entonces matar está siempre mal? ¿No hay ninguna circunstancia que lo haga bueno?- me pregunta el alumno mientras estamos viendo temas de moral en uno de los grupos de bachillerato.

-Hacerlo bueno como tal no- contesto- aunque sí que puede justificarse.

-¿Cómo?

-Pues por ejemplo, y eso ya lo estudió San Agustín hace mucho tiempo, la legítima defensa. Alguien quiere atentar contra mi vida o mi integridad o la de otros, yo me defiendo o trato de impedirlo y en la lucha termino matándolo. Pero ojo, no todo vale, también hay que tener en cuenta ciertas condiciones para que se considere “legítima” la defensa.

-¿Cómo cuales?

-Pues que se produzca en el mismo momento. No puedes decir “me pegó una paliza y me mandó al hospital y en cuanto me dieron el alta fui a por él y lo maté”, eso sería en realidad venganza. O que haya una proporción en los medios… no vale el que alguien te ataque con un bastón y tú saques una metralleta…

-O también existe otro factor-prosigo- evitar un mal mayor- los chicos ponen cara de que les suena a chino- Lo habéis visto en muchas películas: un perturbado se sube a una azotea y empieza a disparar contra la gente de la calle y un tirador de la policía lo abate de un disparo. Con esta muerte se evitan otras muchas.

-¿Y matar en la guerra?

-En principio un soldado que causa muertes en un acción de combate sólo cumple con su deber. Otra cosa es la guerra tenga una causa justificada…

-¿Pero hay algo que justifique una guerra?- pregunta perplejo otro alumno

-Esa es la pregunta del millón- contesto- y no tiene fácil respuesta. Veréis- los chicos en el aula están muy atentos, parece que el tema les interesa- en principio la Iglesia reconoce a los pueblos el derecho a defenderse, por lo que puedes responder militarmente ante un ejército enemigo que te ha atacado.

-Ya, pero… -interviene otro de los chicos- ¿qué pasa si es tu país el que ha declarado la guerra a otro, el que ataca en lugar de defenderse?

-Pues el mismo San Agustín también hizo lo propio con las guerras, estudió en qué circunstancias serían justificables, pero el Papa Juan Pablo II, que se opuso siempre con toda energía a la guerra, dijo que los tiempos habían cambiado mucho desde entonces y que hoy en día nada lo justificaba.

-¿Y cuáles eran los motivos de San Agustín?

-Pues varias causas lo podrían justificar según él: que se hubiesen agotado previamente todos los intentos pacíficos para solucionar el problema originario… que hubiese una esperanza cierta de ganar, no puedes ir a la guerra si sabes de antemano que tienes todas las de perder… que se suponga que los daños causados por la guerra serán menores que no hacerlo, esta es a mi juicio la más difícil de cumplir, ya que pocas cosas causan más daño que una guerra…

-¿Pero cómo puedes saber de antemano si vas a ganar o perder una guerra?

-Saberse no se puede, pero si tu tienes un ejército pequeño y mal equipado sería una locura enfrentarte a una superpotencia militar…

-¿Y lo de los jinetes polacos que se enfrentaron a los tanques alemanes?- saltó otro de los chicos

caballos contra tanques

 

-Desconozco esa historia – dije sinceramente. Luego lo consulté y al parecer se trataba de una leyenda sin ninguna base de la segunda guerra mundial, y tampoco sabía de qué podría conocerla aquel chico- pero en principio parecería tonto que tú te enfrentaras con un tirachinas a alguien que tiene una pistola…

La clase no se prolongó mucho más, tan sólo algunas matizaciones sobre lo ya visto, pero aquella frase última que había pronunciado sin ninguna trascendencia iba a dar lugar a otra cuestión moral, la murmuración.

En ese grupo tenía una alumna polaca que ese mismo día no había acudido a clase por estar enferma. Aprovechando su presencia había ponderado otras veces a los jóvenes de su país como ejemplo de juventud católica. Les había comentado que, tal como me constaba y ella misma lo confirmó ante sus compañeros, frente a los jóvenes españoles que tienen muy poca práctica religiosa, casi un 100% de los jóvenes polacos van a misa los domingos y que son muchos también los que van otros días entre semana y/o participan de diversas actividades pastorales de la Iglesia. Les comenté además cómo era habitual ver grupos de chavales que llegaban en bicicleta a las iglesias y dejaban estas aparcadas en la puerta…

Pero a los dos días me crucé por los pasillos con esta alumna. Se me dirigió a mí y con lágrimas en los ojos me dijo lo disgustaba que estaba conmigo porque yo había insultado a sus compatriotas diciendo en clase cuando ella no estaba que los polacos eran tontos. En ese momento el que realmente tenía cara de tonto era yo, sin saber de dónde se habría sacado semejante estupidez… pero en seguida caí que estaría relacionado con la explicación de la última clase y el ejemplo de la leyenda de los jinetes contra los tanques.

Le dije primero que se calmara, que yo jamás había dicho tal cosa. Luego le comenté que me había quedado perplejo porque ella hubiese creído semejante tontería, teniendo en cuenta lo bien que yo había hablado siempre de sus compatriotas y luego le expliqué exactamente qué es lo que había dicho yo en clase. Ella se quedó tranquila y yo satisfecho con la explicación… al menos momentáneamente.

Pero me quedaba otro frente que abordar, nunca mejor dicho, el origen de la murmuración que tanto daño había hecho a esta chica. La providencia quiso que en esa misma hora yo estuviera libre entre clase y clase y que el grupo tuviese tutoría, así que sin pensarlo dos veces me dirigí hacia allá y le pedí permiso al tutor para decir una cosa al grupo.

-Vamos a ver chicos- dije con cara seria y todos se percataron de que algo pasaba- Ha venido hace un rato vuestra compañera Fulana aquí presente dolida porque según le había dicho alguien en esta clase yo había insultado a sus compatriotas- la mitad de los alumnos ponían cara de perplejidad de no saber de que estaba hablando pero en la otra los rostros denotaban que sabían de que iba- Tengo que deciros que lo primero que le he dicho a ella es que yo también estaba disgustado por que se hubiera creído semejante tontería, pero ese no es el caso, y más por cómo todos sois testigos de mi buen concepto de los jóvenes polacos. Muchas veces os he hablado de la importancia que tiene en una frase el contexto, que puede hacer variar su significado de una cosa a su contraria. En este caso quiero creer que se ha tratado de un malentendido por lo que os pediría que si alguna vez no queda claro algo u os resulta extraño algo de lo que digo no tengáis ningún reparo en preguntarme como tantas veces lo hacéis. Si en lugar de un malentendido ha sido una gracia que os quede claro que gracia no ha tenido ninguna, así que lo sepáis y os sirva para otra vez. Pero si lo que ha habido es mala leche, la intención de hacer daño a vuestra compañera o desprestigiar a vuestro profesor espero que el que lo haya hecho venga en el momento que considere oportuno a disculparse, tanto a mi como a Fulana.

Sin más palabras y mientras alguien en el fondo preguntaba “¿pero qué ha pasado?” dí las gracias al tutor por haberme permitido hablar y me marché. Nadie vino a pedirme disculpas e ignoro si lo hicieron con la compañera.

Quiero creer como les dije que fue un malentendido o en todo caso una broma sin gracia, pero en realidad tampoco me volví a preocupar del tema.

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3 respuestas a La guerra justa de San Agustín, la murmuración y la ofensa a los polacos.

  1. Enhorabuena, José Luis por tus artículos

    Muy práctico todo lo que dices y en particular sobre las guerras, tan nefastas el pasado siglo sobre todo y lo que va de éste. Entiendo que los últimos papas al completo se han opuesto a la guerra frontalmente en encíclicas, escritos varios, homilías y audiencias. ¿Te podrás creer que en ciertas webs denominadas “católicas” han insinuado la dejadez e incluso cobardía del Santo Padre por no apoyar la guerra de Irak por ejemplo? Dan ganas de traducir al inglés las razones para una guerra “justa” porque bastantes mayorcitos, sobre todo del otro lado del Atlántico, no se enteran o no quieren enterarse.

  2. Manuel dijo:

    Hay un grave error al imputar al Juan Pablo II esa interpretación de sus palabras. En el Catecismo de la Iglesia Católica queda bien claro que la guerra justa existe, y es doctrina asumida. Más aún, la violencia puede llegar a ser obligada moralmente, pues quien pudiendo y teniendo medios para defender a los inocentes no puede hacer dejación de amor debido, entrega y sacrificio. Más claro, Juan Pablo II en Memoria e Identidad alaba la defensa de la Patria hasta el martirio. Además, es perfectamente moral que un pequeño grupo de hombres se enfrente a un ejército mayor si con eso se actúa, por ejemplo, con magnanimidad, o cuestiones tácticas.

    Está todo bien claro en el Catecismo. Por favor, enseñemos moral católica o crearemos una generación de inertes espirituales, pasotas y egoístas incapaces de asumir obligaciones graves por causa de una mala formación moral.

    Quinto mandamiento del Catecismo de la Iglesia Católica:

    http://www.vatican.va/archive/catechism_sp/p3s2c2a5_sp.html

    • Gracias por la corrección, es probable que no me haya expresado bien.

      La doctrina de San Agustín sobre la guerra justa no ha sido rechazada, como bien dice, y creo no haber expresado eso ni en mi boca ni en boca de Juan Pablo II, ni haber negado el derecho a la autodefensa o la protección del más débil. (Soy responsable de lo que escribo, no de lo que otros puedan interpretar).

      Cuando recojo las palabras de Su Santidad lo hago en relación a lo que él mismo declaró cuando afirmaba que hoy en día es prácticamente imposible que se den las condiciones de la guerra justa tal como las enunciaba San Agustín.

      Podemos referirnos al punto sobre que la guerra “no entrañe males y desórdenes más graves que el mal que se pretende eliminar” ya que “el poder de los medios modernos de destrucción obliga a una prudencia extrema en la apreciación de esta condición” tal como aparece en la referencia al catecismo que usted mismo cita.

      Como dijo Juan Pablo II, “la violencia y las armas no pueden resolver nunca los problemas de los hombres” pues “la guerra es siempre una derrota de la humanidad”. Pero más allá de las palabras podemos remitirnos si usted quiere a los hechos, de todos los conflictos armados que se produjeron durante su papado (Oriente medio, Balcanes…) ninguno de ellos contó con el apoyo a la intervención armada de su Santidad, si no su condena.

      ¿Sigue siendo válida la doctrina de la guerra justa de San Agustín? Sí, por supuesto
      ¿Hoy en día, teniendo en cuenta las posibilidades de mediación previas a un conflicto y el poder devastador de las armas modernas existiría algún conflicto que reuniese las condiciones que proclamaba San Agustín y el CIC para que una guerra pueda ser considerada justa? Prácticamente imposible.

      P.D: agradeciendo su corrección permítame hacerle una a usted en el mismo tono fraternal. Aunque formen parte del mismo Magisterio, no podemos identificar “puntos del CIC” con “declaraciones de Juan Pablo II”.

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