Arrancarse un ojo

Publicado originalmente el 31-12-11

Uno de los textos evangélicos que suelo trabajar mucho con mis alumnos es el Sermón de la Montaña. Está en los capítulos 4 al 6 del evangelio de Mateo y recoge las enseñanzas de Jesucristo sobre la felicidad, el pecado, el dinero, la oración… todo un documento.

Una de las frases que más llama la atención a los chavales es la de Mt 5,29: Si tu ojo derecho te es ocasión de pecado, arráncatelo y arrójalo de ti, más te vale perder uno solo de tus miembros a que todo tu cuerpo sea arrojado al infierno.

 

Pero eso no puede ser, es una barbaridad

-¿Cómo va a poder alguien hacer algo así?

-Bueno -les digo- yo tengo una amiga que se arrancó un ojo.

-¿De verdad? ¿Se mutiló y se quedó tuerta?

-Esperad a que os cuente la historia:

“Mi amiga, una mujer creyente, había llegado a los cuarenta y permanecía soltera, pero no por decisión suya. Era una mujer guapa y agradable y su sueño seguía siendo encontrar un hombre del que enamorarse y con el que contraer matrimonio, pero por lo que fuese no se había dado el caso.

En eso se enamoró de un compañero de trabajo y él la correspondió y empezaron a salir. Ella pensaba que por fin se cumpliría su sueño, pero al poco tiempo le confesó que estaba casado, pero que a quien realmente quería era a ella y que estaba dispuesto a dejar a su mujer y comenzar una nueva vida con mi amiga. Esta tuvo un gran conflicto entre sus sentimientos y su moral. Estaban realmente enamorados y él le ofrecía la posibilidad de cumplir sus anhelos pero por otro lado no quería salir con un hombre casado y mucho menos ser la causante de la ruptura de un matrimonio.

¿Qué decisión tomó? Cortó con ese hombre. Para ella, que realmente lo amaba, fue arrancarse un ojo. Le pidió que no volviera ni a hablar con ella, se trasladó a otro centro de la empresa para no volver a verle y hasta se cambió de número de teléfono para que no pudiera llamarla. Eso le causó un gran dolor, se había arrancado de sí lo que más quería, mucho más que un ojo.

Pero el Señor la compensó. Al cabo de un tiempo encontró a otro hombre mucho más guapo, simpático y con dinero (esto reconozco que es un adorno literario, no sé cómo eran ninguno de los dos pretendientes) y se enamoraron, y él no tuvo ningún problema en acercarse a la Iglesia para profundizar en su fe y hoy después de mucho tiempo siguen formando un matrimonio feliz y cristiano (las chicas sonríen). Pero ojo, Dios pudo no haberlo hecho, ni mi amiga buscaba la compensación, solamente ser coherente con su fe”.

El relato suele causar un cierta conmoción y tras esta surgen algunas reflexiones

-Ya, pero ese es un caso muy extremo, a nosotros no creo que se nos diese algo parecido.

Claro que sí-respondo- y muchas veces.

Y en eso empiezo a citar casos que se aproximen a su realidad

Si quedarte sólo en casa te es ocasión de encenderte el ordenador y empezar a buscar porno en internet – muchos de los chicos sonríen maliciosamente- no lo hagas, y si no lo puedes resistir vete de casa, llama a un amigo para dar un paseo o sal a correr.

Si el grupo de amigos con el que vas le ha dado por beber y fumar porros y no puedes hacer nada por evitarlo– risas en el aula- búscate otros amigos o díles que tú sólo quedarás con ellos para jugar al futbol.

Si ese chico que te vuelve loquita te pide salir– risas- pero al poco ves que lo único que busca es utilizarte, rompe con él y pídele a Dios que te de un novio mejor y que te respete.

Ellos empiezan a hacer sus cábalas y descubren que hay muchos otros casos en los que deberían arrancarse un ojo. Qué consigan hacerlo o que caigan es algo que forma parte de su historia con Dios.

PD: La historia de mi amiga es real, la cuento sin dar detalles para preservar su intimidad, algunos de mis amigos que leen este blog la conocen personalmente y muchos de ellos conocen su historia simplemente por que es ella misma quien la contó como testimonio.

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